Libertad condicional
Dicen los entendidos que el ‘sistema’ castiga más los delitos de dinero que los de sangre.
Puede que Francisco Correa, el principal imputado por el caso Gürtel, lea este artículo en libertad, después de tres años y cuatro meses en prisión preventiva. Si es así, será gracias a que el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, ha desbloqueado la cuenta de su madre para pagar una fianza que ha rebajado a 200.000 euros.
A tan sólo unos meses de cumplir cuatro años, que es el máximo que la Ley de Enjuiciamiento Criminal establece para un preso preventivo, finalmente Francisco Correa ve la luz del sol, tras haber sufrido decisiones judiciales con una inquina sólo deseable a un violador, un asesino o un terrorista etarra.
El juez Baltasar Garzón le dejó en un calabozo para irse de cacería con el entonces ministro de Justicia, la fiscal y el comisario general de la Policía Judicial, y después fue condenado por prevaricación por vulnerar su derecho a la defensa al ordenar escuchas ilegales al detenido con su abogado.
Y más tarde, el magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Antonio Pedreira, le impuso una de las fianzas más altas de la historia, 15 millones de euros, más del doble de la fijada años atrás al traficante de armas sirio Monzer al Kassar, que fue de seis millones. Posteriormente, el juez Antonio Pedreira revocó tal decisión para exigir unas medidas de control electrónico, a cambio de su libertad, que eran imposibles de cumplir.
Francisco Correa deberá responder de sus actos ante la Justicia, pero probablemente nadie le resarcirá por haberle convertido en la cabeza de turco de un proceso altamente politizado y por haber sufrido una animosidad judicial que no han padecido peligrosos y sangrientos criminales.
Dicen los entendidos que el sistema castiga más los delitos de dinero que los de sangre. Pero sólo algunos. Francisco Correa se ha comido el marrón, pero nadie está penando por repartirse los fondos de los parados en los ERE de Andalucía o por trasegar con maletines llenos de billetes de dinero público en las gasolineras. ¿Es la Justicia igual para todos?
-Javier Algarra-
