Los mismos perros con distintos collares
¿Qué han hecho, hasta ahora, estos que tanto hablan, que tanto critican, que tantas lecciones pretenden darnos o que se atribuyen la capacidad de construirnos un mundo nuevo en el que no existan vicios, pasiones, envidias, odios, perezosos, zafios, criminales o predicadores de utopías?, ¿Ha habido algún periodo en la Historia de la humanidad que, aparte del Edén que nos relata la Biblia, un espacio ideal de paz y felicidad y, sin embargo, todos saben cómo acabó porque, incluso en aquel recinto idílico, existía la semilla del mal, que hizo que se desataran las pasiones de aquellas dos únicas personas que tuvieron la dicha de vivir en él.? ¿Vamos a ser los humanos capaces de mejorar la obra de Dios?
Nos preguntamos dónde estuvieron los señores Pablo Iglesias, Iñigo Errejón o Monedero cuando, a finales del 2007 se inició la crisis que estuvo a punto de poner en la picota a medio mundo. Durante todos los años en los que España estuvo hundida en la falta de trabajo, el crack de cientos de miles de grandes, medianas y pequeñas empresas, con autónomos incluidos, la falta de financiación externa o la prima de riesgo alcanzando o superando los 600 puntos básicos y los intereses por la deuda rozando los siete y ocho puntos porcentuales, ¿qué estuvieron haciendo, estos estalinistas, para mejorar la situación de los despedidos, los incluidos en el paro o aquellos jóvenes que no tenían manera de conseguir un medio de ganarse la vida a pesar de haber cursado carreras universitarias? Yo se lo diré: nada en absoluto.
Lo cierto es que no parece que, en ningún momento, estuvieran pasando dificultades, se vieran en una situación de indigencia o les faltaran recursos económicos para poner en marcha, con el apoyo del señor Chávez de Venezuela y, más tarde, con el del señor Maduro, una fundación de oscuros objetivos y generosamente dotada de medios que les sirviera para introducirse en la política española, buscar adeptos, adoctrinarlos y aleccionarlos para, cuando consideraron llegado el momento oportuno, cuando España comenzó a reaccionar a las rígidas medidas que fueron necesarias aplicar para superar la crisis, entrar en liza para criticar duramente a aquellos que, a trancas y barrancas, lograron superar los peores momentos, utilizando la conocida verborrea propia de quienes intentan sacar provecho de una situación difícil, utilizando la demagogia, el engaño y la falacia, como recurso fácil para atraer el descontento y, en ocasiones, la ignorancia de aquellos que tuvieron que soportar la parte más desagradable de las tribulaciones económicas, sociales y financieras que azotaron España durante los siete años que duró la gran depresión en que estuvo sumido el pueblo español.
En Venezuela estuvieron viviendo a cuerpo de rey, ayudando a los dictadores que la gobernaban a crear un estado de opinión adverso a todos aquellos que criticaban los malos resultados de la revolución bolivariana. Eran uña y carne con los líderes de la revolución y no dudaron en contribuir a que los dictadores utilizaran los métodos más antidemocráticos para imponer al pueblo la dura disciplina de la opresión, de la eliminación de los medios de comunicación que se atrevían a criticar aquel régimen absolutista, del encarcelamiento de aquellos que osaban reclamar contra la miseria del pueblo o de los que, en el Parlamento venezolano, exigían que se devolviera al pueblo venezolano la libertad de poder escoger un nuevo régimen en el que se les diera voz a quienes no tenían la posibilidad de alimentar a sus familias, de pedir justicia o de dirigir un partido que fuera capaz de enfrentarse al que, bajo la falsa capa de una república “democrática”, escondía la más incompetente y despótica de las formas absolutistas de gobernar a un pueblo.
Ahora, desde que la inconsciencia y el afán de notoriedad de algunas cadenas televisivas, les asomó al balcón de las audiencias, estos depredadores del bienestar ciudadanos, siguen en su tarea de demolición y ruina de todos aquellos logros que tantos años ha costado conseguir, basándose en la absurda teoría que lo que hay que hacer es empezar de 0 para, desde la vuelta a la Edad de Piedra, comenzar a rehacer, a su modo y manera, prescindiendo de los métodos y los sistemas que se han demostrado útiles para mejorar la vida de las personas, una sociedad basada en las reglas del comunismo internacional, aquellas que tanto en Rusia como en el resto de países de detrás del famoso Telón de Acero, fracasaron estrepitosamente. Lo que se podría comparar con el resto de los sistemas de libre mercado y capitalismo del mundo Occidental con el símil utilizado en la serie de ciencia ficción de Stark Trek: “una yuxtaposición fascinante del universo utópico de Gene Roddenberry y su lado más oscuro y brutal”.
Resulta poco más que un mal sueño el que, en un país desarrollado como es España, muy lejos de aquellas miserias y situaciones de extrema pobreza que se dan en algunos países sudamericanos, puedan existir ciudadanos que se dejan engatusar, convencer y arrastrar por semejantes doctrinas, basadas en los más rancios, obsoletos y desautorizados sistemas políticos que se apoyan en utopías inalcanzables, como es la de la igualdad absoluta entre los hombres o entre hombres y mujeres cuando, como ha venido ocurriendo desde que el mundo es mundo, no ha habido periodo de la historia en el que no haya habido guerras, enfrentamientos entre los hombres, brutalidades, crímenes, engaños, desigualdades y bárbaros que, bajo la excusa de hacer que el mundo sea puro e inocente, se aprovechan de los más débiles para, primero engañarlos y atraerlos y, luego, aprovecharse de ellos para hacerse con el poder omnímodo, condenándoles a la esclavitud de un comunismo que sólo tiene de él la cáscara, pero que, su contenido, no proporciona a quienes se han dejado arrastrar por su doctrina más que la miseria, la opresión, la falta de libertades y la condena a una vida triste y sin alicientes, más propia de las bestias no pensantes que de la especie humana que, si en algo se caracteriza, ha sido por su facultad pensante y por la libertad de cada persona para poder hacer con su vida lo que libremente le placiera.
Todavía no sabemos, porque no nos lo han dicho, en qué van a consistir estas reformas que constantemente nos vienen anunciando estos de Podemos, para convertir a España en un país en el que, el nivel de vida, supere el que, hasta hora, hemos tenido; ni con qué medios van a poder implantar una renta mínima para toda la población ni, mucho menos, cuál va a ser nuestra relación con el resto de la Comunidad Europea… a no ser que, como parece que ya está sucediendo en algunas de las representaciones de naciones afectadas por este reciente populismo que parece que se va implantando en algunos países como España, Italia o la misma Grecia, intenten subrepticiamente irse infiltrando en las instituciones europeas para ir consiguiendo situarse en lugares de mando, desde donde se intente desbancar del poder a los actuales dirigentes para irlos sustituyendo por otros que sean capaces de llevar al poder a los populismos que amenazan la propia estructura de la UE. Como es evidente sería el fin de Europa y de la CE.
Pero, señores, son muchas las personas a las que les importa un bledo lo que pueda suceder con Europa, con España y con sus propios compatriotas; movidas, especialmente, por impulsos emocionales que les impiden pensar con claridad, que los conducen a defender actitudes extremas y a dar rienda suelta a sus resentimientos ( algunos, todavía, siguen especulando con la Guerra Civil española que, a pesar de los años que ya han transcurrido desde entonces, no han sido capaces de olvidar, enterrar sus recuerdos y dedicarse a vivir su vida libre de prejuicios y rencores) empeñándose en mantener vivo el odio que fue la causa de aquella contienda. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda otro remedio que alertar contra estos falsos mesías, estos que nos prometen un mundo mejor, sin vicios, faltas, diferencias ni enfermedades porque, por mucho que nos intenten convencer, todos sabemos que esta humanidad a la que pertenecemos, es incapaz de superar sus imperfecciones, sus defectos innatos, sus vicios y sus ambiciones. Todos los que se empeñan en arreglar el mundo por medio de revoluciones, apartándose de las leyes que los hombres no hemos tenido otro remedio que darnos, para que seamos capaces de convivir en paz; como se ha demostrado a lo largo de la Historia, no han conseguido más que estropear lo que se llevaba consiguiendo, crear enfrentamientos donde no los había y, en la mayoría de ocasiones, provocar contiendas en las que los únicos que salen beneficiados son aquellos que producen y venden las armas para que se maten los unos con los otros. Ya ha ocurrido en muchos casos y, desgraciadamente, volverá a suceder, por mucho que nos empeñemos en evitarlo.
-Miguel Massanet-
