Los valores occidentales amenazados por el extremismo islámico
Mientras la cultura occidental se basa en los valores comunes de la civilización judeo-cristiana, donde el concepto de “No Matarás” claramente expresado en los Diez mandamientos ocupa el epicentro del respeto a la vida; el islamismo promovido por estos grupos hace de la muerte un elemento predominante.
Al-Nusra, Al- Shabab, Al-Qaida, Boko-Haram, El Estado Islámico, Hamas, Hermandad Musulmana, Hezbollah, no son más que variantes de una ideología radical que ha secuestrado al Islam, impulsando la implementación de un sistema basado en la interpretación más extremista de la Sharia (ley islámica).
Mientras la cultura occidental se basa en los valores comunes de la civilización judeo-cristiana, donde el concepto de “No Matarás” claramente expresado en los Diez mandamientos ocupa el epicentro del respeto a la vida; el islamismo promovido por estos grupos hace de la muerte un elemento predominante. Tanto la convocatoria al suicidio y la obligación del fiel a dar su vida por la “Guerra Santa”, como las escalofriantes imágenes de las ejecuciones filmadas de periodistas occidentales, y luego retransmitidas a todo el mundo, se convierten en parte intrínseca del mensaje de organizaciones terroristas que no ocultan su deprecio por la vida tanto de propios como de ajenos.
El islamismo es en sí mismo la expresión más cabal y violenta del rechazo de los siguientes valores considerados pilares de la sociedad occidental y moderna, y los cuales se han constituido en garantes del sistema de vida que ha sido el más efectivo para la defensa de los derechos humanos:
Democracia: la participación de todos en forma igualitaria en el proceso que conlleva a la elección de gobernantes. Para el islamismo es solamente la voluntad de Alá la que determina y asigna la responsabilidad de gobernar sobre determinado individuo o casta.
Libertad religiosa: el derecho de profesar libremente una fe, o de no profesar ninguna, y de no exigir a otros la necesidad de renunciar a convicciones religiosas. Para el islamismo no existe la posibilidad de otras religiones en tierras del Islam, que no sea el mismo Islam. El cristianismo en todas sus variantes, el judaísmo, el bahaismo, el yazidismo, y otras son manifestaciones que están absolutamente prohibidas. Los practicantes de esta religiones se ven entonces ante la disyuntiva de elegir entre la conversión al Islam o la muerte.
Igualdad de derechos para la mujer: Los miembros de ambos géneros son absolutamente iguales ante la ley; la discriminación entre hombres y mujeres es rechazada. En la concepción islamista la mujer es siempre un objeto propiedad de un hombre. Durante los primeros años de su vida le pertenece a su padre para ser luego “transferida” a su esposo. Por lo tanto el “dueño” de cada mujer tiene el derecho de someterla, abusarla, mutilarla y flagelarla según su propia voluntad.
Respeto y aceptación de la diversidad: los seres humanos somos distintos pero iguales. Venimos en varias formas y colores, tenemos preferencias distintas y gustos variados, pero nos merecemos las mismas oportunidades y garantías. El Estado Islámico aborrece la noción de la diversidad. La homogeneidad y la absoluta uniformidad son ejes centrales de esta ideología que condena cualquier “desviación” de la norma religiosa.
Libertad de prensa: la garantía de medios de comunicación que asumen su rol y compromiso social no sólo de informar sobre la realidad sin censuras, sino también de analizar y cuestionar. El control, la represión y la ejecución de periodistas es un pasatiempo casi cotidiano del radicalismo que se opone a todo cuestionamiento o crítica.
Autodeterminación de los pueblos: cada pueblo tiene el derecho de constituirse en dueño de su propio destino y de establecerse en su tierra como un colectivo unificado creando un estado soberano. La noción del estado es un concepto moderno y secular que se contrapone con el dogmatismo fanático del islamismo, donde el mundo está divido entre fieles y herejes y donde por lo tanto no tienen cabida las aspiraciones nacionales de ningún grupo.
El islamismo, con su discurso totalitario y extremista, se ha convertido en el desafío más concreto a nuestros valores y estilo de vida que hemos experimentado. La única forma de enfrentarlo será entonces buscando estrategias globales que estén a la altura de esta amenaza y que incluyan a todos quienes son intimidados por esta ideología radical y violenta.
Juan M. Dircie
Director Asociado del Instituto Belfer para Asuntos Latinos y Latinoamericanos del AJC.
