Luis Naranjo: “El relato mítico de la dictadura sigue siendo una rémora después de 35 años de democracia”
Se celebra en la UAL el ciclo de conferencias “La Memoria Democrática”. Hoy ha participado en la última de las charlas el director general de Memoria Democrática de la Junta.
Este ciclo ha estado organizado por la Dirección General de Memoria Democrática de la Junta, el Centro de Investigación “Comunicación y Sociedad” de la Universidad de Almería y el grupo de investigación “Estudios del Tiempo presente”, también de esta universidad. El martes, la profesora Marie-Christine Moreau, de la Université Paris-Est, ofreció una charla sobre el papel que desempeñó el periódico El País en el proceso de transición a la democracia y hoy han sido el profesor Rafael Quirosa-Cheurouze, catedrático acreditado de Historia Contemporánea de la UAL y Luis Naranjo, responsable de la Dirección General de Memoria Democrática quienes han expuesto su visión de este proceso.
Quirosa ha insistido en su conferencia, en la que han participado entre otros un buen número de alumnos de Historia y Humanidades, en la necesidad de “desmitificar” la transición democrática, puesto que ni fue tan modélica ni existió tanto consenso como el que se ha querido transmitir posteriormente. “En el año 1975, no había un punto en común sino cinco proyectos políticos muy diferentes. Empezó a haber consenso tras las elecciones de julio del 77, pero por una cuestión de necesidad. Pero a partir del 79, ese consenso se acaba y empieza una lucha política entre los distintos partidos”. Es más, Rafael Quirosa señala que la Constitución del 78 fue el reflejo de ese disenso, de esa falta de acuerdo ya que, por ejemplo, no fue ratificada en un territorio como el País Vasco.
En un argumento que más adelante también ha desarrollado Luis Naranjo, el profesor Quirosa-Cheyrouze ha señalado con contundencia que en la transición se hicieron mal algunas cosas, pero que se hizo “lo que se pudo hacer”. “Los representantes y los corruptos de la dictadura deberían haber sido juzgados en su momento. Pero esos déficits no fueron tantos como los 30 años posteriores de la democracia. Se podían haber tomado medidas porque hubo gobiernos de izquierdas, pero tampoco se hizo nada”, ha señalado.
Por su parte, Naranjo, director general de Memoria Democrática de la Junta, al hilo de las palabras de Quirosa, añadía que la primera anomalía que habría que corregir es desmontar, paso a paso, el “relato mítico” de la dictadura, “nunca suficientemente contestado por las instituciones democráticas”. “Sigue siendo una rémora hoy en día, por eso existe la necesidad de contar la verdad sobre la memoria histórica democrática de este país”, ha dicho.
Naranjo ha explicado que a lo largo de décadas, los poderes públicos, las instituciones y los medios de comunicación han insistido en un relato “idílico” sustentado en cuatro grandes ideas sobre lo que sucedió durante y a posteriori del golpe de estado que derrocó a la Segunda República. “La primera es que la república era un régimen imposible y radical que llevó a una guerra fratricida entre españoles. La segunda, que fue ese germen y no el golpe de estado de unos militares insurrectos lo que provocó la guerra civil. La tercera idea es que la dictadura fue violenta en sus inicios como daño colateral, pero que a la larga puso las condiciones objetivas para la llegada de la democracia y la cuarta es que la transición fue un proceso modélico en el que no hubo violencia ni ruido de sables”.
La labor de los historiadores, han señalado ambos, es acabar con esos “mitos” y contar la verdad de lo que sucedió: un golpe de estado que acabó en un levantamiento armado contra un gobierno democrático, una dictadura sangrienta y brutal que alejó a nuestro país del progreso durante 40 años y una transición en la que existió el disenso entre los grupos políticos y en la que la acción de los movimientos sociales tuvo mucha más influencia de la que se ha reconocido en la llegada de la democracia a nuestro país.
