Madrid Arena
“Empiezan a conocerse algunos detalles que provocarían la caída de la alcaldesa, su vicealcalde, el concejal del distrito y unos cuantos más en un país medianamente democrático”.
Terrible drama el acontecido en la capital la noche de Halloween. Tragedia que ha sacudido todos los hogares españoles. Familias rotas para siempre, jóvenes que se han dejado la vida de un modo absurdo, estúpido.
Recuerda demasiado lo acontecido a aquello sucedido en 2012 en la ciudad alemana de Duisburgo, cuando durante la celebración de una fiesta de música electrónicase produjo una estampida dentro de un túnel que causó la muerte por aplastamiento de 21 jóvenes, entre ellos dos chicas españolas.
Más de 350 personas resultaron heridas. Las imágenes de aquella mortal marea humana dieron la vuelta al mundo. El recinto escogido estaba preparado para recibir tan sólo a un tercio de los participantes, que llegaron a superar la cifra del millón y medio de personas. Acudían de todas partes a escuchar música electrónica, ver en directo a sus Dj favoritos. Como en Madrid, en Duisburgo la policía, acertadamente, decidió una vez conocida la tragedia, no suspender la fiesta. El caos por el desalojo de una muchedumbre, que en muchos casos no se encuentra en pleno uso de sus facultades –es de sobra conocido que la Love Parade era el negocio del siglo para los camellos- podría haber provocado un daño aún mayor.
Aquí en Madrid, Miguel Ángel Villanueva, irresponsable vicealcalde de Madrid, salió a la palestra el 1 de noviembre para, demostrando que la clase política vive sólo para sí y desprecia a la ciudadanía, echar balones fuera, llegando a alegar que no le constaba que hubiera menores en el evento, que se había cumplido con todas las normas y que el aforo no se había completado. No ha dimitido ni ha sido cesado. Ni tan siquiera se ha sonrojado. Lo suyo ha sido mucho peor que lo de Ana Botella, cuya desafortunada, oportunista y prohibicionista decisión de no permitir más macro fiestas se le ha vuelto en contra, dejando al descubierto que el puesto le viene grande.
Empiezan a conocerse algunos detalles que provocarían la caída de la alcaldesa, su vicealcalde, el concejal del distrito y unos cuantos más en un país medianamente democrático: el empresario organizador del evento tiene abiertos más de 280 expedientes en Hacienda, pese a lo cual, sin comprobar nada, el ayuntamiento le concedió la licencia para la celebración del evento.
Claro que, por lo visto, el consistorio no se ha caracterizado jamás por esmerarse a la hora de vigilar el cumplimiento de la legalidad por parte de este empresario de la noche, dueño también de un conocido after hour madrileño. Por otra parte, según el SUP, el Madrid Arena carecía de licencia de funcionamiento. Se sabía desde el año 2006. La noche de la tragedia había allí dos médicos. Un ex concejal del PP y su hijo. A las puertas, un macro botellón que debía de haber sido impedido por la policía municipal pero no lo fue. Los controles de acceso al recinto, cuanto menos, fueron laxos. Las salidas de emergencia estaban cerradas. A patadas las tuvieron que abrir los jóvenes en el momento de la avalancha.
Y a patadas habría que echar a unos políticos que se niegan a asumir su responsabilidad y que se limitan a entonar un cruel y macabro “pío, pío, que yo no he sido”.
-Almudena Negro-
