Magistral pregón de Manuel Vicente Barranco para conmemorar el 75 aniversario de la Cofradía del Silencio
Cuando el reloj catedralicio en la lejanía marcaba las 12 horas en un soleado Domingo del Señor, 7 de noviembre, y se escuchaban en las cercanías del Teatro Apolo, sito en la Rambla Obispo Orberá junto a la Iglesia de la Compañía de María, las monacales campanas de las iglesias y conventos cercanos llamando a la misa dominical y para el rezo del Ángelus, dio comienzo con piadosa rectitud cofrade, a los sones de marchas procesionales de la Banda de Cornetas y Tambores de “Santa Cruz” de Almería, el acto extralitúrgico del Pregón oficial con motivo del 75 aniversario fundacional de la Hermandad de penitencia y Cofradía de nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Redención en su Sagrado Descendimiento y Nuestra Madre, María Santísima del Consuelo, El Silencio.
La platea y los palcos del decimonónico Teatro Apolo, convertido por unos momentos en canónica sede se encontraba abarrotada de cofrades y no cofrades para escuchar con emoción, desde el estrado entre tramoyas y con sentimiento fervoroso y devocional, las palabras del egregio cofrade almeriense, Manuel Vicente Barranco Rodríguez, ligado a esta Real, Ilustre y Franciscana Cofradía desde hace cincuenta años, los últimos cuarenta y tres, desempeñando con loable y plausible actitud religiosa cargos de responsabilidad en su Junta de Gobierno, especialmente, en dos periodos que ejerció el oficio de Hermano Mayor tras su nombramiento eclesial por quienes fueron Obispos de Almería, Manuel Casares Hervás y Rosendo Álvarez Gastón, q.e.p.d.
El pregonero no tuvo mejor presentador, que su hijo Javier Barranco Casimiro, que con una gran sensibilidad artística en los diseños y bordados, ha seguido el cordón umbilical cofrade de su padre con la siempre presencia de toda la familia, y quien puso de relieve a los asistentes, el gran esfuerzo, tesón, paciencia y amor que su padre y pregonero, Manuel Vicente, ha realizado en el ámbito de la Cofradía del Silencio, volcándose de lleno en el cumplimiento estatutario de las Reglas de la Hermandad, para seguir fomentando y potenciando el catolicismo popular, atrayendo con su testimonio personal y con un verdadero y auténtico sentido devocional y fervoroso a la Virgen del Consuelo y al Cristo de la Redención, corazones y almas a la Cofradía y, por ende, a nuestra Iglesia parroquial de San Agustín.
Tras pedir la venia Manuel Vicente Barranco Rodríguez a la presidencia del acto, integrada por el Vicario Judicial, párroco de san Agustín y consiliario del Silencio, Reverendo José Juan Alarcón Ruiz, asistido por el Hermano mayor del Silencio, Juan José Benavides Real y el Presidente de la Agrupación de Cofradías, Isaac Vilches Marín, comenzó su panegírico elevando plegaria a la Reina de Alfareros y Palomita de san Agustín, María Santísima del Consuelo para adentrarse con un perfecto verbo sentido y afectivo a recorrer los momentos claves de estos 75 años de la vida de la Cofradía del Silencio.
El relato del pregonero, entre la prosa y el verso, comenzó desde la fecha fundacional de la Cofradía, cuya impronta de austeridad y sobriedad sigue permaneciendo en todos aquellos hermanos, que inician su camino cofrade en esta penitencial corporación católica, huella que tiene como base el constituirse en todo momento en una gran familia en torno a los Sagrados Titulares y la estrecha colaboración y cooperación, antes, bajo la dirección espiritual con la comunidad de la Orden Franciscana Menor, y ahora bajo la dirección religiosa diocesana. Emoción revistió cuando reseñó a sus padres Manuel y Josefina, y a su tío materno el Rvdo. Manuel Rodríguez, que fueron esenciales para transmitir con fortaleza religiosa y humildad el Misterio de la Fe a sus hijos, nietos y familiares.
Pero los momentos en donde los sentires de los asistentes fueron claramente expresados por la atención contenida de las palabras pronunciadas por Manuel Vicente Barranco, fueron los referidos a los años en los que comenzó su andadura el 1 de abril de 1978, una vez que la Cofradía dejó de estar vinculada a la extinta Organización Sindical, y con una junta directiva, aglutinada en torno a la figura del siempre recordado Miguel Aparicio Rodríguez, coadyuvados por Federico Bueno Haro y Francisco Sierra Guirado, y un también joven Juan Rafael Aguilera Martínez, que comenzó un camino penitencial cuyo recorrido ha llegado a nuestros días con el mayor reconocimiento de todo el tejido cofrade almeriense, al ver en El Silencio una cofradía que hace de su vida comunitaria y parroquial, y de su Estación de Penitencia, la misión esencial de su apostolado en comunión eclesial.
Recordó hechos históricos como eran el procesionar con los cinco pasos, Nuestro Padre Jesús en la Oración en el Huerto, Nuestro Padre Jesús del Camino y Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, junto a los dos Titulares fundamento penitencial de la creación de la cofradía. Así como, hizo mención al pregonero del cincuenta aniversario José Rafael López Usero, la coronación pastoral de la Virgen del Consuelo, las casas de hermandad, las cruces de mayo, y un sinfín de actividad y actos.
Pero fue en el año, 1986, en un viaje a Sevilla de Manuel Vicente Barranco con Juan Álamo, el cual significó el punto de inflexión para llegar a la conversión de la Cofradía que ha sido la que se ha llevado a puro y debido efecto, con la implementación presente en la actual comunidad cofrade, sin perder la autenticidad de sus fundadores.
Un pregón didáctico, necesario escuchar o leer para las nuevas generaciones que deseen incorporarse a la Cofradía para entender estos 75 años de vida pastoral y a las actuales para actualizar y renovar el compromiso bautismal de cristianos en torno a las advocaciones de la Virgen del Consuelo con sus ojos entrecerrados por las lágrimas y manos cogidas, entrelazadas, y el Cristo de la Redención tras sus últimas siete palabras y expiración para ser sepultado.

Finalizó el pregón Manuel Vicente Barranco, al igual que lo hace cuando manda a los 36 costaleros como capataz el Paso de Palio en el interior del templo tras el regreso de la Estación de Penitencia del Jueves Santo en la madrugada del Viernes Santo ante el Monumento: dando tres golpes con el martillo del llamador, “Ahí queda”.
Fuente: Rafael Leopoldo Aguilera

