Manifiesto de la Hermandad del Perdón. Hoy Martes Santo Almería 2014
En silencio, esta noche de martes santo, cuando mires la imagen del Santo Cristo del Perdón y sientas el dolor de ver un cuerpo tan escarnecido, acompañar esa soledad, revivir esta tristeza….sentirás en lo más profundo de tu corazón, una sensación casi de fracaso. Porque sabes que no cometió pecado, era inocente, pero fue condenado. Fue cargado con todos los pecados, los nuestros, los del mundo y subió al leño. Y allí, en la cruz, clavó nuestros delitos. No encontraron engaños en su boca, pero lo llamaron falso profeta. Fue insultado y mofado con gran saña, fue tratado con burlas y desprecios, pero El callaba, no abrió la boca, fue manso cordero. Sólo se escucharon palabras de perdón y de esperanza.
¡Cómo mirar y no estremecer! Jesús, Vida y Amor, crucificado.
La fuerza secreta y última de la nueva vida es el amor. Es un amor victorioso más fuerte que la muerte. Quién vive este amor no puede morir del todo. Él nos está amando con toda la fuerza de su Espíritu. Si te sientes amado, si te abres sin miedo a su amor resucitado ya no mueres. Porque “el que no ama está muerto” (1Jn 3, 14), pero el que ama tiene vida. A más amor, más vida. Y si vives este amor, te será fácil comunicarlo a los demás.
La luz del Cristo del Perdón, esta noche, nos habla de resurrección. Nos aleja del dolor para acercarnos a la alegría. La alegría de sentir a Cristo y anunciarlo.
“LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO” llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Nos dice el Papa Francisco, con Jesucristo nace y renace la alegría. Sólo nos tenemos que dejar tocar por Él.
Deja las caras largas, y ama, comparte, escucha, goza, fortalece, acompaña, sonríe, abraza, construye, trabaja, respeta, perdona… pero eso sí, sin medida.
La imagen del Cristo del Perdón, esa imagen de un cuerpo roto y dolorido, nos avisa del riesgo que corremos en este mundo. Los cristianos somos los primeros que nos alejamos de Dios. La sociedad nos absorbe, enfocamos nuestras vidas hacia lo fácil y cómodo. La Iglesia nos invita a una etapa evangelizadora marcada por la alegría. Se nos invita a renovar el encuentro con el Señor. También el Señor nos dice que arriesguemos. Siempre nos espera con los brazos abiertos. Nos ayuda a levantar la cabeza y volver a empezar. Aún en medio de las peores angustias. Por eso, esta mirada, este silencio, valen más que muchos discursos y tratados. Esta noche, todos somos llamados a esta nueva “salida misionera”. Salid de vuestras comodidades y llegad a todos los rincones que necesitan la luz del Evangelio.
“Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado”(Mt 28, 19-20)



