Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz
La Santa Sede ha hecho público el mensaje del Papa para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz del próximo 1 de enero. Un mensaje que tiene como tema los múltiples rostros de la esclavitud y de la “explotación del hombre por parte del hombre”. Comenzando con la frase de la carta de San Pablo a Filemón, “no esclavos, sino hermanos”, el Papa Francisco hace un recorrido por la Sagrada Escritura de lo que significa la nueva fraternidad renacida en Jesucristo.
Una fraternidad, que quebrantada por el pecado, se convierte en lo que califica de “cultura de la esclavitud”: rechazo del otro, maltrato de las personas, violación de la dignidad y los derechos fundamentales, institucionalización de la desigualdad.
Hoy, “la esclavitud, crimen de lesa humanidad, está oficialmente abolida en el mundo”. Sin embargo, “todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud”. Y así, recuerda este mensaje a los trabajadores, incluso menores, oprimidos, a los emigrantes y su dramático viaje, a las personas obligadas a ejercer la prostitución, a las mujeres obligadas a casarse, a los niños y adultos “que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional”.
Una mención que se extiende a “todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados”.
¿Cuáles son las causas de todo esto? El Papa identifica la que está en la raíz, “una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto”. Junto a esta causa ontológica, están la pobreza, al subdesarrollo y la exclusión, y, añade el Papa, “la corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse”.
El mensaje señala algo muy triste: “Tenemos la impresión de que todo esto tiene lugar bajo la indiferencia general”. Por eso menciona el Papa Francisco “el gran trabajo silencioso que muchas congregaciones religiosas, especialmente femeninas, realizan desde hace muchos años en favor de las víctimas. Estos Institutos trabajan en contextos difíciles, a veces dominados por la violencia, tratando de romper las cadenas invisibles que tienen encadenadas a las víctimas a sus traficantes y explotadores; cadenas cuyos eslabones están hechos de sutiles mecanismos psicológicos, que convierten a las víctimas en dependientes de sus verdugos, a través del chantaje y la amenaza”. Esta labor, “que requiere coraje, paciencia y perseverancia, merece el aprecio de toda la Iglesia y de la sociedad”.
Dado el carácter global de las organizaciones criminales, “la acción para derrotar a este fenómeno requiere un esfuerzo conjunto y también global”. La Santa Sede y el Papa Francisco y sus antecesores no han dejado de hacer llamamientos a la comunidad internacional. Los Estados deben vigilar que su legislación nacional e respete la dignidad de la persona, las organizaciones internacionales tienen que poner en marcha iniciativas coordinadas para luchar contra las redes transnacionales del crimen organizad, las empresas tienen que ser responsables socialmente, al igual que los consumidores.
Recordando la historia de “Josefina Bakhita, la santa proveniente de la región de Darfur, en Sudán, secuestrada cuando tenía nueve años por traficantes de esclavos y vendida a dueños feroces”, y cómo, “a través de sucesos dolorosos llegó a ser «hija libre de Dios»”, el Papa propone “globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia”. Y esto, porque “sabemos que Dios nos pedirá a cada uno de nosotros: ¿Qué has hecho con tu hermano?”. La globalización de la indiferencia, que ahora afecta a la vida de tantos hermanos y hermanas, nos pide que seamos artífices de una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que les dé esperanza”.
