Miguel Herrán, Belén Fabra, Salva Calvo y Alberto Rodríguez comparten su pasión por el cine en FICAL
Los actores han participado en una mesa redonda sobre cine español, moderada por el periodista Gerardo Sánchez, director de ‘Días de Cine’.
Miguel Herrán, de ‘La Casa de Papel’, regresa al primer festival al que asistió y del que “tengo grandes recuerdos por su cercanía”.
Gerardo Sánchez, director del programa de TVE ‘Días de cine’, es un referente dentro del medio audiovisual y del propio cine, y ha sido el moderador ideal para dirigir esta tarde la mesa redonda que ha permitido el regreso de Miguel Herrán (La Casa de Papel, Élite, Modelo 77, etc) a FICAL, como recuerda, “fue el primer festival al que viajé, y me gustó su cercanía y la experiencia de compartir conversaciones con compañeros de profesión”. Es lo que ha hecho en el coloquio celebrado esta tarde en el Patio de Luces de Diputación, donde ha hablado sobre el cine español con Alberto Rodríguez, precisamente su director en ‘Modelo 77’, el director Salvador Calvo (su último trabajo es ‘Adú’) y la actriz Belén Fabra (‘Lugares a los que nunca hemos ido’ es su último trabajo).
El primer tema de conversación ha sido el vértigo con el que viven las primeras críticas de los periodistas a sus trabajos. Belén Fabra reflexiona que “lo primero que me viene a la cabeza es cómo ha cambiado el tema de la opinión con la llegada de las redes sociales. Parece que hay críticos por todas partes. Normalmente las críticas que realizan los periodistas especializados se hacen con respeto. Otra cosa es cómo las recibimos nosotros. Es difícil distanciarte de tu trabajo, no dejas de ser tú y ahí es donde nos vendría bien distanciarnos un poco más”. Por su parte, Salva Calvo piensa que “es verdad que estamos muy expuestos. De medicina o arquitectura no opinamos, pero de cine todo el mundo habla. Es parte de la profesión”.
Al contrario de sus compañeros, Miguel Herrán afirma que “creo que la crítica es necesaria y está muy bien que todo el mundo opine. Si no estuviera esa crítica, esto carecería de interés. Si la gente sólo consumiera sin dar la opinión, no sabríamos hacia dónde vamos”. Por último, Alberto Rodríguez confiesa que “cuando estreno una película procuro no leerla, porque estás muy vulnerable. Todos tenemos derecho a opinar sobre un producto audiovisual. La crítica especializada permite que el espectador tenga un punto de referencia, para eso sirve la crítica. Para guiar en estos tiempos tan confusos”.
Seguidamente se han adentrado en el oficio de actor y cómo lo viven personalmente. Belén Fabra reconoce que “al ser un proceso artístico, el hecho de esperar a que te llamen es bastante desesperante. Por eso, necesito ser activa, preparando un monólogo, aprendiendo italiano para abrirme nuevas puertas, siempre formándome. Me gusta mi trabajo, y debe ser así, porque la espera puede llegar a ser un sufrimiento. Pero luego es maravilloso cuando abordas un papel, que es un viaje increíble, donde disfrutas o sufres, pero siempre aprendes algo”. Salva Calvo ahonda en este pensamiento: “tenemos un trabajo fascinante, que es contar historias. Es un sueño cumplido. Es muy duro psicológicamente, pero precioso. Lo más difícil para mí es levantar proyectos y conseguir la financiación”.
La personalidad reflexiva de Miguel Herrán se refleja en su respuesta asegurando que “los actores y directores somos unos privilegiados. A nosotros se nos olvida cuando nos quejamos de la dureza de un rodaje, no somos conscientes de que a nuestro lado hay, por ejemplo, un señor que trae el camión de producción y trabaja 15 ó 16 horas por un salario mínimo. Creo que en las producciones nos centramos en los resultados y se nos olvida que las películas no las hace un director o actor, las realiza un equipo. Tengo un conflicto grande con la profesión porque la amo con locura, pero invertimos tanto en infraestructura, que nos olvidamos de las personas, del factor humano”.
Alberto Rodríguez está de acuerdo en que “las películas son una creación colectiva. En los rodajes intento que todos se impliquen en el sueño creativo”. Pero recuerda que, además de arte, somos industria, y la necesitamos para hacer películas. Yo quiero que la idea que pensamos en el guión contagie a todo el equipo, porque estamos mucho tiempo juntos durante el rodaje. Pero necesito también que sea rentable”.
Un año lleno de talento cinematográfico español
El director de ‘Modelo 77’ ha querido valorar que “estamos en un año magnífico en cuanto a talento en el cine español. Cuando voy a un festival en el extranjero la gente me expresa que el cine español es muy bueno. Este año de cine español ha sido espectacular”. Belén Fabra está de acuerdo, “esa etiqueta de que el cine español es malo, creo que se utiliza menos, porque vale la pena ir al cine y ver películas españolas”.
La charla inevitablemente ha derivado hacia el problema actual de las salas de cine, ante la tendencia actual de ver el audiovisual en las plataformas digitales. “Para los que nos dedicamos a esto es un drama, y también como espectadores. Siento pena cuando cierran cines en ciudades”, reconoce Salvador Calvo. Por su parte, Miguel Herrán ve una dicotomía. Por un lado, “las plataformas permiten a los proyectos españoles convertirse en globales. Pero para no perder las salas de cine es necesario reeducar a los niños. Yo me crie celebrando los cumpleaños en los cines. Ver una película en una sala de cine no tiene nada que ver con sentarse en el sofá”.
Y en las postrimerías del coloquio se ha reflexionado, cómo no, sobre el fenómeno ‘La Casa de Papel’. Miguel Herrán lamenta que “a mí me valora mucha gente por La Casa de Papel, no por mi trayectoria. Y es un conflicto. Pasas de cero a cien sin filtros, y es un frenesí. No me arrepiento de ‘La Casa de Papel’, tengo una situación privilegiada, pero me da la sensación de que piden un autógrafo al personaje de ‘Río’, no a mí como actor. La fama te genera un conflicto personal difícil. La fama es efímera, yo busco el prestigio como el que se ha ganado, por ejemplo, Alberto Rodríguez”.
El coloquio ha terminado coincidiendo todos en que el cine, como la cultura, es necesario, porque “es algo que queda para la eternidad”, sentencia Gerardo Sánchez.
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