Moción de censura versus “show político”
Corrupción en Miami fue una serie televisiva de la década de los 80, muy exitosa, por cierto. La corrupción política es ya endogámica al PSOE, en Andalucía, Canarias, Valencia, Congreso de los Diputados, etcétera, etcétera, etcétera. La corrupción acabará con la democracia social y liberal, aunque lo que venga no será mejor. Parece que Pedro Sánchez más que a extirparla vino a encubrirla, despenalizarla e indultarla. Complicidad de una parte del electorado es votarles, porque como dijo en su momento Sófocles “Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”.
A pesar de sus nefastos errores en las leyes que han promovido – ley de desmemoria democrática y la ley antropológica sobre derechos animalistas- y de su clamorosa división interna de gobierno, dice la representante del Parlamento Europeo en su visita de Inspección al Gobierno de España “que no existe la posibilidad de seguir el rastro de los fondos concedidos hasta el destinatario final”. O sea, opacidad total del Gobierno de la Nación respecto de miles de millones de euros europeos y préstamos en manos de Sánchez, Calviño y Montero. Muy Grave. Gravísimo. Si hay desvío de fondos no nos vamos a enterar y, menos aún, la Unión Europea.
Por “gente de bien” siempre se ha entendido las personas que son honradas y no se aprovechan de los demás, que no mienten, que son trabajadores, que tienen palabra y la cumplen, que no roban, que les guían buenas intenciones sobre los demás, que ayudan a los otros cuando pueden, etc. y si son gobernantes, que no promueven leyes que protegen y liberan a delincuentes. Está claro. Lo contrario de lo que tenemos al frente del Estado.
La reciente imposición a Sánchez por parte de Podemos, ERC y Bildu, partidos comunistas e independentistas, de la demora en la tramitación de la reforma de la ley del “sólo el sí es sí” de Irene Montero, demuestra que Sánchez es un mero peón del juego del ajedrez de estas tres formaciones, minoritarias en el panorama electoral español y que, paradójicamente, su fuerza sólo está en haber hecho presidente del Gobierno de España a Pedro Sánchez, al que sólo le dejan figurar, que es lo suyo.
En conclusión, visto y no visto el mes de febrero, a pesar de la situación de esquizofrenia en la gobernanza y gestión pública, la loable moción de censura como herramienta constitucional, frente al contubernio “chavista”, será un “show político”, como se nos tiene acostumbrado en la Carrera de San Jerónimo en esta legislatura.
La moción está condenada al ocaso por la aritmética parlamentaria, y si algo va a permitir, es que los grupos que apoyan este “Frente Popular” verán compactada, aún más, su mayoría, rechazando éstos la misma sin adentrarse en deliberar ni siquiera, devaluando la moción de censura, como instrumento democrático, para apoyar el discurso de Sánchez desde la argucia en la palabrería hueca y la falacia compulsiva de todo lo plausible que ha realizado, él solo, el ególatra Sánchez, y está realizando, dinamitando cuarenta y cuatro años de constitucionalismo. Paz y Bien.
-Rafael Leopoldo Aguilera-
