Ni de lejos, ni de cerca
A qué distancia; metros, pulgadas, kilómetros. En qué momento; pasado o futuro, presente quizá. Desentonamos bastante a la hora de una convivencia consciente con estas dimensiones vitales. Hasta el extremo de pasar por alto sus influencias, desentendernos de su significado y contribuir a la DESORIENTACIÓN propia. Hay numerosas ignorancias que las damos por sabidas, muchas petulancias demostrativas de carencias fundamentales.
Emergen en el espacio un sinfín de realidades a RITMOS diferentes de aparición; montañas, seres vivos, obras de arte y cuantiosos objetos artificiales. El momento de su entrada en escena sería un rasgo silenciado, de no estar sometida dicha presencia a la observación por parte del intelecto humano. Afrontan el tiempo en dos versiones básicas, la presentación y las sucesivas observaciones. No van a constituir estructuras quietas, aunque pudieran parecerlo, el dinamismo apunta a una renovación constante y deja postergadas las excesivas fijaciones.
Eduardo Chillida relataba emocionado su EXPERIENCIA con una obra escultórica de gran tamaño, ubicada en el extremo del parque familiar de Zabalaga. Desde la entrada en el recinto divisaban la figura. En la medida del progresivo acercamiento hacia la misma, variaban los caracteres y la entidad espacial de dicha observación; tamaño, aspecto y proporción espacial. Las sucesivas miradas modificaban los atributos valorados. El tiempo cruzaba sus cualidades con las del espacio. La evolución y los volúmenes presentan relaciones indefinidas. Nos sirven de ejemplo para las interpretaciones espacio-temporales con protagonistas diferentes a los citados.
Cada uno de ustedes puede continuar el experimento; centrado en la visión de sí mismo o en la observación de alguna realidad circundante. ¡Qué grande soy, nadie dejará de mirarme!, o bien, ¡Distingo la mole solitaria del monte Gorbea! Servirían igualmente puntos de partida diferentes. Puestos en estas tesituras, iniciemos el RECORRIDO, acompáñenme.
Los senderos del valle, entre bellos parajes, menguan las valoraciones del pretencioso paseante; todavía apreciamos la mole del monte principal visto desde las estribaciones, como algo independiente. En cada momento del trayecto, la pequeñez propia detecta nuevos panoramas, diáfanos o recónditos; modifican de ese modo los puntos de vista iniciales. Los hayedos y los robledales, ceden el protagonismo a los matorrales con bellas flores un tanto paradójicas, por lo poco esperadas en esos hierbajos, de los que sobresalen como colores inventados. Los HORIZONTES del entorno extienden sus páginas hacia distintas comarcas, favorecidos por la mayor permisividad de la atmósfera límpida.
Quedan ventilados muchos asuntos durante la evolución aproximativa. De tal guisa, una vez alcanzada la cumbre, el concepto de macizo montañoso escueto y solitario, quedó adornado con vistosas riquezas panorámicas y múltiples reflejos de la vida subyacente en el área. Quien recorrió el espacio durante el tiempo requerido, adaptó sus medidas a las coordenadas ambientales. Y colorín colorado, la multiplicación de las PERSPECTIVAS, quizá nos haya acercado a la auténtica realidad de las personas, y por qué no, a pensar en mejores proyectos y menos pretensiones descabelladas.
Con frecuencia somos practicantes de las decisiones repentinas, sin movernos del sillón, sin trayectos influyentes. La aparente contundencia no va pareja con la realidad, elude sus complejidades. El acercamiento a las PERSONAS demuestra estas carencias. Acerquémonos a un sujeto cualquiera, elijamos, un artista, el Papa, un profesional o un familiar. La evolución de las perspectivas es notoria; los momentos y el espacio de la valoración, modifican los conceptos que tengamos de ellos, porque no son estatuas acabadas y muestran facetas variables. Desconozco los motivos que nos mueven a la satisfacción con cuatro frases hechas. Por otro lado, la conciencia y las intenciones de los examinados, nunca estarán a la libre disposición general. El distanciamiento reduce las capacidades de comprensión.
Tampoco quisiera minimizar la versión panorámica. En ocasiones conviene alejarse lo suficiente para un cotejo adecuado de las relaciones de conjunto. El equilibrio presenta dificultades evidentes, representa una SINTONÍA propia en cada sujeto, de difícil valoración desde fuera. Precisamos de la aplicación del zoom regulador, para una adaptación a las peculiaridades de cada caso. Las posiciones rígidas permanecen fuera de las aplicaciones razonables. La adaptación es un requerimiento de las experiencias vitales, dada su conexión con redes complicadas y cambiantes; las influencias son activas y esquivas a la vez.
Las malas noticias nos abruman cada mañana con una tozudez inaudita. Brotan los fraudes en una desvergonzada competición, las revueltas desesperadas, los espionajes frívolos, las miserias; en una suma dramática de comportamientos, como mínimo desconsiderados con el prójimo, y con frecuencia, extralimitados escandalosamente. Vienen a demostrar las flagrantes INSUFICIENCIAS de las que todavía hacemos ostentación. Ni de cerca ni de lejos atinamos en los enfoques oportunos. No descartaría, hasta lo intuyo, que despreciemos los fondos de una mínima sabiduría satisfactoria.
Por que hay una cuestión clave en este asunto; no podemos quedarnos paralizados ante el cúmulo de tropiezos y maldades. Damos muchas vueltas por las afueras de uno mismo, por las acaparaciones de bienes y honores, a través de los protagonismos de una actividad incesante o mirando las diferentes carencias ambientales. Como una especie de VAGABUNDOS errantes, de la política, de las relaciones humanas, de las agresiones físicas, económicas o sentimentales; que de todo hay en abundancia y con gran desorientación en cuanto a los objetivos. De tanto observar los exteriores, ¿No habremos olvidado algo fundamental?.
Solemos fijarnos en la sumación de efectos especiales; cercanías a las casas reales, cuenta corriente caudalosa, jeta muy dura en las manifestaciones públicas, progresismo de salón que silencie sus ostentaciones, abundante palabrería necia y ceguera partidista muy entrenada. ¿Quién será capaz de detectar la verdadera presencia de los sujetos así definidos? Empezaríamos por el desprendimiento de las AÑADIDURAS. Al no hacerlo así, nos cuelan a los diabólicos fantasmas como grandes personajes. ¿De qué nos sirve la distancia o el acercamiento? Si no reaccionamos, sólo trataremos de la intensidad del pescozón recibido.
Lo fundamental lo tiene que apreder y valorar uno mismo. No es tan difícil, las respuestas surgidas desde su interior son lo suficientemente nítidas. Sin embargo, el paso decisivo va desde la conciencia contemplativa y satisfecha de sus propias explicaciones, a las ACTUACIONES pertinentes. Por suerte, o con lamentos sucesivos, ahí, cada uno es protagonista, para bienes o para males.
-Rafael Pérez Ortolá-
