¡No al aborto! ¡Si a la plenitud de la vida!
Ante la aprobación por el Consejo de Ministros de la nueva Ley del Aborto, no podemos quedarnos mudos, dando la espalda a la Creación, a Dios, ante este ignominioso comportamiento del Gobierno de la Nación a toda España que es contraria a la acogida, cuidado y dignidad de la vida humana. El aborto es un grito de muerte desde las entrañas del alma, del corazón, de la razón.
Hay que instar a los partidos políticos con los sentires demócratas cristianos de detener constitucionalmente el proyecto, de naturaleza totalitaria y de ingeniería social impulsado por el Gobierno, apoyado por independentistas marxistas y filoetarras, y que se manifiesta en el día a día en su legislación, práctica política y parlamentaria.
Hace unos meses he sido abuelo, cómo no quedarnos sin defender la vida humana y la dignidad inherente a la misma en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Por esta decisiva razón y apelando a esa dignidad nos oponemos a la regulación jurídica actual sobre al aborto, la eutanasia, el suicidio asistido, la experimentación con embriones humanos y todo atentado contra la protección de la vida humana.
Tenemos que estar unidos quienes creemos en la democracia como sistema de convivencia cívico-social, para que la sociedad civil no vean en nosotros que están huérfanos de palabras, expresando nuestro más absoluto repudio a la nueva reforma de la regulación del aborto que – sin esperar a la decisión del Tribunal Constitucional sobre la actual normativa- aprueba el aborto decidido por menores entre 16 y 18 años sin consentimiento, ni siquiera conocimiento de sus padres, y elimina el requisito del consentimiento informado. Estamos ante un recorte más, de los que vienen produciéndose, de la patria potestad totalmente inaceptable y peligroso.
Denunciar la grave irresponsabilidad que significa unir la práctica del aborto de menores, con la supresión de lo que ya era un menguado y limitado periodo de reflexión y rechazar la limitación del derecho a la objeción de conciencia de la ley, que obliga al señalamiento oficial de los objetores, con todo lo que de discriminación para su vida profesional conlleva ante la actual dirección política de la sanidad pública.
No es misión del Gobierno modelar a su antojo las conciencias y la moral de sus ciudadanos, ni de nuestros jóvenes y niños, ni lo que es verdadero o falso en el ámbito de la ciencia, de la historia y de la filosofía. El Gobierno debe arbitrar y moderar, pero no puede ser, a la vez, árbitro y jugador.
En conclusión, DEBEMOS afirmar los demócratas cristianos en un mundo secularizado como el de hoy, pero que aportamos esperanza, que esta ley es la gota que colma el vaso de un proyecto permanente de ingeniería social, despreciando la inteligencia de los españoles.
El Gobierno con esta ley insiste en su pérdida de norte y sigue abandonando la senda de la constitucionalidad y la legitimidad. Por ello, exigimos una inmediata rectificación de este proceso que vulnera los principios de los derechos fundamentales, el primero de los cuales es el derecho a la vida en su máxima plenitud, la fuerza del bien sobre el mal, sobre el que se basan todos los demás derechos, y los valores que se desprenden de aquellos derechos fundamentales. Paz y Bien.
-Rafael Leopoldo Aguilera Martínez-
