No tienen precio
Robert Capa, ese poeta que escribía con una Leica, decía que si tus fotos no eran lo suficientemente buenas era porque no estabas lo suficientemente cerca. El tipo fue consecuente con sus ideas y acabó reventado al pisar una mina haciendo un reportaje en Indochina. Eran otros tiempos, ya digo, en los que el reporterismo lo hacían individuos cuajados y cargados cámaras, rollos de películas y leyenda. Pero la galopante vulgarización tecnológica que padecemos ha puesto al alcance de todo el mundo una amplia variedad de videoteléfonos ligeros y fácilmente manejables que provocan la tentación de convertirse en fotógrafo de combate en busca de un miliciano abatido al que inmortalizar. Y ya no es noticia que alguien acabe colgando en las redes sociales imágenes de chorradas o eventos domésticos como, por ejemplo, una asamblea del PSOE almeriense. Y eso es lo que hizo una militante socialista. Lo que ya empieza a ser noticia es que se instruya un expediente sancionador a la autora del reportaje. Que el expediente diga, además, que al difundir el video “se contribuye a dar una pésima imagen” del PSOE es, sin duda, un regalo para el PP, que podrá emplear ese argumento en beneficio propio durante una temporada. Que la expedientada diga, encima, que se revise el vídeo “por si hubiera que actuar contra los que salen” es de ya traca. Pero que la propia Secretaría de Organización del PSOE de Almería se desentienda del expediente a través de una escueta nota, supone una guinda de lujo para la prensa, tan ayuna de temas golosos este caliente preotoño. Así que por el bien de todos, no instruyan al instructor. Cosas así no tienen precio.
