Nueva Evangelización en las cofradías: logros y retos
Como veterano en el ejercicio del ministerio, acumulo una interesante y variada experiencia en el servicio de las hermandades. Con perspectiva histórica hemos de constatar que la bien orientada labor apostólica de los últimos 40 años, impulsados por la exhortaciónEvangelii Nuntiandi (1975) del Beato Pablo VI y el magisterio posterior, ha producido frutos innegables: presencia pública, mantenimiento de ese aspecto de la piedad popular católica, fortalecimiento de la eclesialidad, colaboración evangelizadora, vocaciones,… Además se han dado buenos pasos en el respeto durante los cultos, pudor en atuendos, autofinanciación… Otro claro avance es la actitud de los presbíteros. En ese tiempo, el clero ha pasado del rechazo al acompañamiento. El auge cofrade de los años 80 motivó una labor eclesial de reglamentación, como esfuerzo por encauzar un fenómeno que pretendían acaparar particulares y autoridades civiles. Se ha querido garantizar sus valores para evitar la decadencia de la mera ostentación y entretenimiento de barniz religioso.
Ahora bien, como no puede ser de otro modo, persisten retos de envergadura. Pablo VI denunció el hecho de un cristianismo sin religión. Después se ha hablado del catolicismo light. ¿Sin fundamento? El secularismo exterior afecta a los fieles, respecto a actos cultuales y a la propia conducta. A veces se cae en un empobrecedor proceso autorreferencial… Los expertos detectan el fenómeno de identificación parcial con la Iglesia en numerosos bautizados, incluido el mundo cofrade. Pero sin la Iglesia no estás con Cristo. Sin los sacramentos de la Iglesia, necesarios para salvarse, careces de la vida divina en ti. Omitir la praxis sacramental es un inimaginable y pernicioso retroceso. Todavía peor es la identificación parcial con la fe católica. Repercute directamente en la propia salvación. Estas deficiencias suponen una inadmisible agresión a la identidad cofrade y una flagrante contradicción de los Estatutos que se juran. El reduccionismo actual destruye la auténtica tradición cofrade. Parece serio el riesgo de desvirtuar la piedad popular católica. En varios lugares, las asociaciones civiles se apropian de las fiestas religiosas. Es urgente garantizar la transparencia de los procesos electorales, para que no se perpetúe indefinidamente una Junta de Gobierno. La praxis actual aboca a reeditar el caciquismo, que se quiso justificadamente suprimir.
La Semana Santa no pide un solo esfuerzo físico o estético, que son una consecuencia de lo esencial. La Semana Santa pide la conversión: morir con Cristo al pecado para resucitar con Cristo a la vida nueva. Sorprende vgr. que en las convocatorias a costaleros y cofrades se de por supuesta la motivación religiosa explícita. Cabe temer que en algunos casos esté ausente. La Cuaresma culmina en confesión y comunión o no sirve para el crecimiento en la vida cristiana y, en definitiva, para la propia salvación eterna. ¿No es un sarcasmo reducir la Semana Santa a ‘vestirse’ de cofrade, mantilla o costalero? ‘Vestíos del Señor Jesucristo’ (Rom 13,14), ‘sea vuestro uniforme la misericordia entrañable’ (Col 3,12). La alergia a los sacramentos entre cofrades solo es superada por la actitud refractaria hacia la formación doctrinal, en culpable descuido. Lo que no hay por dónde coger es la participación de ateos en actos de culto como una procesión.
En las hermandades coexisten concepciones diversas y contradictorias entre sí. ¿Todas admisibles? En absoluto. Nadie las tome por simples asociaciones filantrópicas o culturales, ni por entidades semicatólicas. El mínimo debe ser aceptar el artículo 1 de los Estatutos aprobados: somos una asociación de fieles católicos. Es decir, compartir una misma base acerca de la identidad, la naturaleza y misión eclesial de las hermandades. Cuando esto falta, el entendimiento es imposible. Los cofrades suelen ser muy críticos hacia los pastores, la verdad es que a todos ayuda algo de autocrítica.
Las gentes siguen experimentando la sed de Dios. Ahora es menester incidir en la vida sacramental y en la formación. No podemos darles cualquier aguachirri. La virtualidad de la Nueva Evangelización depende de la determinación de obispos, consiliarios y juntas de gobierno para afrontar adecuadamente los retos presentes. La beatificación de nuestros mártires que, imbuidos de la piedad popular católica, perseveraron en las pruebas, nos alienta a una renovada fidelidad evangelizadora.
Acompañar la piedad popular católica hasta ahora ha sido una gracia en mi vida y ministerio. En cada destino la he promovido. Pienso en las piadosas procesiones de mi niñez en el pueblo de Alhama, aquellos via crucis en silencio, como el Cristo de la Escucha, de nuestra Catedral… Las fervorosas procesiones marianas de la Patrona de Almeria, como siguen aún en Berja, Macael y otros lugares… No me busquen para actos de irreconocible religiosidad. Quienes aspiren a vivir la piedad popular católica me tienen a su lado, a su servicio.
Francisco José Escámez Mañas
