OBISPADO.- El obispo almeriense participó, junto con el resto de los obispos andaluces, en la canonización de San Manuel González
El Papa Francisco canonizó el pasado domingo 16 de octubre al beato D. Manuel González en Roma. Conocido entre la feligresía y el clero como «el apóstol de la Eucaristía» por la devoción que profesó a Jesús Sacramentado. D. Adolfo González Montes quiso sumarse, junto con el resto de obispos andaluces, al gozo de las diócesis hermanas, Málaga y Sevilla en la canonización de San Manuel González.
Un poco de historia
La historia de Don Manuel comienza en su Sevilla natal el 25 de febrero de 1877. Allí encontraría la devoción desde muy temprana edad. En el 1886 era parte del grupo de los «seises», los niños danzantes del coro durante las celebraciones del Corpus Christi y La Inmaculada. En 1901 fue ordenado sacerdote en la misma ciudad por el beato Cardenal Spínola. Desde ese momento su obra estuvo dedicada a la evangelización, que le llevó a Málaga en 1916 como obispo auxiliar de la Diócesis.
Bajo ese cargo, fundó los «Sacerdotes Misioneros Eucarísticos» en 1918. Hasta que por designio del Arciprestado de Granada fue nombrado obispo de Málaga en 1920. En 1921 fundó la congregación religiosa de «Misioneras Eucarísticas de Nazaret», junto con su hermana María Antonia, para ahondar en su entrega al pueblo y en su amor a Jesús.
Tras la quema del palacio episcopal en 1931, por miedo a morir y a las represalias contra quienes lo protegían de la II República, tuvo que huir de Málaga para refugiarse en Gibraltar y luego en Madrid. Fundaría, tras su marcha, las «Misioneras Auxiliares Nazarenas» (1932) y pasaría de ser obispo de Málaga a regente de la Diócesis de Palencia en 1935, ciudad desde la que alumbraría la «Juventud Eucarística Reparadora» en 1939. Es en la Catedral de Palencia donde descansan sus restos mortales desde 1940 junto al Sagrario, como relata en su epitafio.
