Papa Francisco: ‘La Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o política’
El Papa Francisco ha advertido de que “la Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o política” sino un “cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia, que tiene a Jesucristo como cabeza que lo guía, lo alimenta y lo ayuda”.
Además, ha pedido la unidad de los cristianos y ha denunciado el daño que causa a la Iglesia la división entre los fieles, “el estar de una parte los intereses mezquinos y los chismorreos”. “Formar parte de la Iglesia significa estar unidos a Cristo y vivir como cristianos, significa permanecer unidos al papa y a los obispos, que son instrumentos de unidad y comunión y aprendiendo a superar egoísmos y divisiones, armonizando la variedad y riquezas de cada uno para amar cada vez más a Dios y al prójimo”, ha manifestado.
Cuando se cumplen mañana los primeros 100 días de papado la popularidad del Santo Padre Francisco continúa atrayendo a miles de personas a cada acto que preside, como ha demostrado hoy durante la audiencia general, a la que han asistido unas 70.000 personas, pese al abrasador calor que estos días cae sobre la plaza.
Y es que miles de fieles jalean, ovacionan y aplauden cada una de las palabras que pronuncia. “Es un hombre bueno, austero y siempre que le escucho, con mi hermana, hace que nos emocionemos porque tiene una forma de hablar muy graciosa y humilde”, ha señalado una de las congregadas, Guillermina Rulfo, de la ciudad mexicana de Puebla.
El Papa se ha ganado a los fieles, que ven en él un Pontífice humilde y cercano a los necesitados y más débiles. Lo cierto es que nada más presentarse a ellos el Santo Padre Francisco, el 266 Pontífice de la Iglesia Católica y primero jesuita, mostró al mundo que será un Papa “al servicio de los demás” y que sueña con una iglesia “pobre y para los pobres”.
Así, Francisco ha dejado de lado las vestimentas llenas de ornamentos para forjar un pontificado más humilde y austero. Desde el anillo del pescador de bronce, hasta el pago del hotel antes de ser ungido como Francisco, el viaje en ómnibus con el resto de los cardenales del cónclave papal, la petición del cambio del trono de oro por un sillón tapizado de blanco o sus zapatos comunes de color negro y con cordones y no los rojos papales lo reflejan.
Otra muestra ha sido su renuncia a las vacaciones de verano en la espléndida residencia veraniega pontificia de Castelgandolfo, que tradicionalmente alberga a los Papas entre julio y septiembre. Francisco permanecerá durante el estío en el Domus Santa Marta, en donde se aloja junto con obispos y sacerdotes desde que fue electo en marzo, ya que rechazó mudarse a los espaciosos y majestuosos apartamentos papales. Un gesto al que quita importancia diciendo que vive en esta residencia porque necesita estar entre la gente, “porque no puedo estar solo”.
La humildad también la demuestra al no dudar en besar y abrazar a quienes se le acercan. Ayer, al término de la audiencia, momento que el Pontífice aprovecha para saludar a niños y enfermos, el Papa se encontró con un niño con síndrome de down, que pedía con vehemencia la posibilidad de subir al jeep pontificio, a lo que el Santo Padre aceptó y conversaron de manera animada sobre el papamóvil, un gesto que vuelve a confirmar la simpatía que los más pequeños suscitan en él.
El Santo Padre, que pretende una Iglesia más cercana a los fieles, comunica el evangelio de Cristo con gestos de amor, palabras sencillas y tiene en cuenta los tiempos que vive el mundo. “La pobreza es un escándalo. En el mundo, donde hay tanta riqueza, tantos recursos para dar de comer a todos no se puede entender como hay tantos niños hambrientos, sin educación, tan pobres”, ha denunciado recientemente.
También ha criticado que en el mundo no manda el hombre, sino el dinero y que aunque la crisis es profunda sigue dominando una economía y una finanza carente de ética. En este sentido, ha señalado que la comida que se tira a la basura “es el alimento que se roba al pobre, al que pasa hambre”. Además, en una carta enviada al primer ministro británico, David Cameron, con motivo del G-8, afirmó que el fin de la economía y de la política es servir a los hombres, empezando por los más débiles, y que el dinero “debe servir y no gobernar”.
Cuando el Santo Padre tiene que referirse a temas más profundos no duda en echar mano del magisterio de Benedicto XVI, con quien se ha visto en varias ocasiones en este tiempo y habla con cierta regularidad. Esa relación con el Papa emérito le ha llevado a concluir la Encíclica que sobre la fe que empezó a escribir Benedicto XVI y no acabó al renunciar al papado.
Durante las reuniones preparatorias del cónclave, los cardenales mostraron la necesidad de reformar la Curia y ese es uno de sus grandes retos. Los otros son la nueva evangelización y la potenciación del diálogo ecuménico.
En estos 100 días se ha reunido con numerosos cardenales y ya ha nombrado un grupo de ocho purpurados para que le aconsejen. A la espera, todas las miradas están puestas en quién será el nuevo Secretario de Estado, que sustituirá al cardenal Tarcisio Bertone, o si remodelará la “presidencia del gobierno” y reducirá el poder del “primer ministro”.
