Pensionistas, así les ‘sablea’ (doblemente) el Estado…
Estoy fascinado con el Servicio de Estudios de Bankia, lo confieso. Para una persona escasa de tiempo y limitada de recursos como un servidor, supone una ayuda excepcional a la hora de encontrar aristas novedosas a la realidad económica. De hecho, ya aludí a él la semana pasada al referirme a la evolución de las necesidades financieras de la economía española. Genera un prolífico contenido con una calidad incuestionable. Pena que la nefasta deriva de la entidad oculte el trabajo de tantos buenos profesionales en esa casa…
Tras este panegírico inicial, de bien nacidos es ser agradecidos, a lo que vamos.
Al calor del dato del IPC español de cierre de 2012 -un 2,9% para una media anual del 2,4% frente al 3,2% de 2011-, los analistas de la firma han puesto su énfasis en el IPC a impuestos constantes o IPC-IP, manera de calcular por exclusión el efecto de las distintas subidas de impuestos indirectos sobre el coste de la vida.
Pues bien, ¿saben cuál habría sido la inflación a final de 2012 si don Mariano no hubiera decidido negarse a sí mismo e incrementar el IVA en el año que acaba de terminar? El 0’9%. Es decir, dos puntos porcentuales menos. No solo eso: excluyendo los componentes más volátiles del indicador, energía y alimentos frescos, el porcentaje caería hasta el 0’2%.
Lo pueden ver de manera gráfica aquí:

1. No es cierto que buena parte de la subida haya sido asumida por los márgenes empresariales, toda vez que la diferencia entre el índice general y el IPC-IP supone dos terceras partes del incremento del tipo general acaecido el 1 de septiembre.
2. El paganini de esta fiesta ha sido el de siempre, querido conciudadano: usted y yo. Ocurre que el IVA o la propia inflación son impuestos regresivos en la medida en que afectan más a las clases más bajas de la sociedad, las que tienen menos capacidad de ahorro y mayor propensión al consumo. Desde ese punto de vista, por más que la mona se quiera vestir de seda a través de mayor presión tributaria directa, son medidas recaudatorias que aumentan la brecha entre ricos y pobres. Más aún en tiempos de paro elevado, contención salarial y congelación de prestaciones.
3. Aun así, si se fijan en el gráfico que les adjunto se puede concluir que, excluida dicha medida fiscal, el último cuatrimestre del año ha sido claramente deflacionario, pasando el IPC-IP del 2,7% (paralelo al general hasta entonces) al 0,8%. Un claro indicador de la debilidad de la demanda interna y del exceso de capacidad productiva. Ojo.

Así son las cosas y así se las hemos contado. Al final, cuando el Gobierno decide subir las prestaciones contributivas de más de 1.000 euros solo un 1% no deja de reflejar la realidad económica privada, ese 0’9% de aumento ex su intervención. Es con su acción pública con la que, primero nos sablea y, una vez heridos, se niega a proporcionarnos la cura. Qué cosas…
-McCoy-

