Políticamente indeseable
El título del libro hace referencia a la labor política desarrollada antes y durante la portavocía en el Congreso de los Diputados por parte de la Diputada por la circunscripción de Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo. 519 páginas de una narración extraordinaria a nivel académico pero que, para muchas personas, que tengan ocasión de leerlo desde el ámbito político del centro – derecha, no les producirá mucho “filing” por la fortaleza en los principios y valores a los que hace referencia en claro antagonismo a la empatía tan necesaria en el ámbito del pluralismo político, sí se quiere sobrevivir y avanzar en la gobernanza y gestión pública sin exabruptos verbales de heroicidad y sin mucho estoicismo.
La declaración de mayor acritud sobre este libro, la dio hace poco en la ciudad de la Alhambra, un compañero de filas en la Carrera de San Jerónimo por imperativo legal, Teodoro García Egea, que vino a decir con ironía parlamentaria, que todas las líneas y párrafos descritos en el volumen de la mayestática obra novelada, “Políticamente indeseable”, lo podría haber dedicado a realizar “leyes”, que más productivo hubiese sido para el conjunto de los españoles y para ello se le abona mensualmente una muy buena retribución del erario público.
Es una obra literaria, que para el ámbito de las relaciones laborales puede tener un significado peculiar, especialmente, por la necesidad que existe en los equipos de trabajo de forjar con el corazón, el alma y el corazón, la suficiente empatía para llevar a cabo las encomiendas propias de cada individuo en concordancia con los objetivos colectivos, a fin de que las mismas, puedan llevarse a puro y debido efecto con rectitud racional y, que las mismas, no se queden el rescoldo de las tibiezas, como ha sucedido en el caso descrito por Cayetana Álvarez de Toledo en su enfrentamiento dialéctico a pecho descubierto sin respaldo mayoritario del grupo parlamentario.
Lo que solicita según su saber y entender de los políticos en líneas generales, los que tienen la suerte de ser elegidos mediante libre designación por la varita mágica del poder de quien ostenta la condición de “primus interpares”, es que diga en público, es decir, en el estrado de la Cámara Baja o Alta, o en las ruedas de prensa encorsetadas, lo mismo que se afirma en privado, cuestión ésta de difícil resolución sí los políticos carecen de valores morales con un sentido de cosmovisión que vertebran las acciones y omisiones con un notorio y fehaciente respeto al orden constitucional y con el sistema de democracia que nos hemos dado para una convivencia en libertad por encima de elucubraciones populistas.
La lectura del libro es cansina por ser reiterativa sus sinsabores, abusando en determinadas líneas amanuenses con un estilo literario hecho para polifacéticos, no aportándonos nada novedoso en el ámbito de las relaciones personales y profesionales de quienes se dedican a la política electa, ya que, la ambición de poder, el endiosamiento, la soberbia, la suya también, se pone de manifiesto en el libro, ante la ocupación de un cargo, sigue estando muy por encima de cualquier otro interés vocacional de servicio público basado en la razón y la verdad, necesitándose mucha pedagogía para no estar en la política con matices esquizofrénicos al ritmo de la canción de la “yenka”. No existe en todo el libro un mínimo de humildad, de humanismo cristiano, todo esta descrito con un neomaterialismo sin igual.
En conclusión, sí este libro lo hubiese escrito otro diputado o diputada, que no tuviese la personalidad tan determinante en “sapiencia” como Cayetana Álvarez de Toledo, le hubiesen hecho un “consejo de guerra” y mandado al Grupo Mixto por dejación de sus funciones como parlamentaria, a pesar de clamar con voz de ordeno y mando, el sistema democrático y social dentro del orden constitucional nacido del espíritu de la Transición, la defensa de la unidad de España y el respeto a la Monarquía parlamentaria, sobre todo, para no verse en la necesidad de dar explicaciones, a partir de Felipe VI por esa correlación con la aristocracia del siglo XXI. En fin, otro libro para ser soportado por las repisas del mueble biblioteca, nada nuevo bajo el sol.
-Rafael Leopoldo Aguilera-
