Pregón de Navidad 2014 de Miguel Iborra en Canjáyar
Rvdo. don Miguel Hernández, Párroco. Don Francisco Alonso, Alcalde. Don Emilio Esteban, Ilustre hijo Predilecto. Don Juan José Sánchez, hermano Mayor de la Hermandad de la Santa Cruz del Voto. Hermanas Mercedarias y canjilones todos, que hacéis de Canjáyar un lugar de encuentro, de hospitalidad y de promoción de la persona.
Querida familia, queridos cofrades de las Hermandades representadas, ragoleños, compañeros, amigos, Rvdo. don Eduardo Muñoz, Párroco del pueblo de Rágol, hermanos y hermanas en el Señor.
Manifiesto mi agradecimiento más sincero a José Luis Aguilar por sus amables y un tanto ponderadas palabras hacía mi persona. Ya nadie podrá dudar de que nuestra amistad, unión de voluntades y cariño sean ilimitadas.
No olvido, a las pregoneras y pregoneros que me han antecedido, todos sois testigos cualificados de esa devoción que forma parte del rico patrimonio espiritual del pueblo de Canjáyar.
En nombre propio y de la Asociación de Amigos Devotos de la Santa Cruz del Voto de Canjáyar en Madrid, a la que represento, gracias, muchas gracias por vuestra cercanía y cordial acogida.A don Miguel Vidaña, hermano Mayor, don Manuel Hernández, tesorero y otros hermanos desplazados desde Madrid, mi más sentido agradecimiento por su compañía.
Desde hace un año que don Francisco Alonso me invitó a pregonar la Navidad, además de mi inmensa alegría y satisfacción, sigo dando gracias al Señor por fijarse en mí, para tan alta dignidad.
Lo que encuentro, es mil veces más bello que lo que busco y no me cansaré de manifestar que es un inmenso honor para mí, poder participar en cualquier acto que se celebre en este querido pueblo de Canjáyar. Además, el simple hecho de acceder a esta Iglesia Parroquial y postrarme ante la Santa Cruz, se me hace presentes muy gratos recuerdos y me llevan inevitablemente a evocar la muy recordada y gozosa celebración de su Año Jubilar, que ha quedado marcado en la historia de la Diócesis de Almería y en el corazón de todos los que sentimos y vivimos su protección.
Con esta alegría, que nace de Dios, me acerco a vosotros, y os anuncio que algo de lo más importante para nuestra vida está por ocurrir, y lo vamos a celebrar. Tal vez lo evocaremos con una gran cena en familia, unos bellos ornamentos apropiados para la ocasión, un pino tremendamente adornado o, mejor, un pesebre con el Niño, María y José, ángeles, pastores y magos venidos de Oriente. Muchos animalitos que observan el Nacimiento del Salvador. Quizás una música apropiada para la ocasión, yo elegiría probablemente el maravilloso concierto “fatto per la notte di Natale, de ArcangeloCorelli, o la conocida música de navidad Noche de paz, noche de amor, de Joseph Mohr y Franz XaverGruber.
Y aquí esta Ella, la Madre de Cristo y de cada uno de nosotros, porque nos ha dado la VIDA que florece y la LUZ que alumbra nuestro camino, día en que nuestra soledad en los eriales desolados de la historia es rota por una presencia que nos supera y nos salva.
Mujer: ¡misterio infinitamente hermoso!
Si fuéramos conscientes de lo que este Nacimiento significa, tendríamos motivos para exultar de gozo de manera indefinida. Un día que nace un niño pobre y salva a los adultos, un día donde la alegría de vivir brota gozosa en nuestros corazones.
Pero sucede algo todavía más significativo. Para ello, claro, tendremos que preparar un rincón muy humilde en nuestros corazones y allí disponer un pesebre. Entonces sí que ocurrirá un portento. No la sola celebración y conmemoración sino un hecho actual: nacerá el Niño Dios en el sancta sanctorum de nuestra intimidad. Al centro del amor y de la paz que le hemos preparado, allí Él se instalará y nunca más lo podremos olvidar. Pero habremos de mantener una rigurosa disciplina si queremos que permanezca a nuestro lado. No molestarlo con el ruido y con las pequeñeces que suelen hacer nuestro diario quebranto. Si estamos seguros de que está con nosotros, seremos capaces de mantener la calma, de sosegar el arrebato y de avivar la llama del amor.
De lo que se trata es que Jesús de Nazaret llega al mundo para restaurar en él y en el hombre el reinado de la Luz. Para restablecer el imperio que nos hace hijos de la luz.
En su evangelio Juan lo dice con palabras convincentes y tan hermosas: “La palabra era la Luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”. (Jn,1.9)
Palabras del evangelista, con qué apasionamiento, con qué insistencia da testimonio de lo que ha visto, escuchado y tocado con sus propias manos. ¡Palabras que resuenan en lo más íntimo de nuestro interior con el eco de las voces verdaderas!
Escribir un pregón, según mi opinión, requiere poca teoría y mucho sentimiento. El pregón lo dicta Dios. Él me ha dado muchas cosas y algunos dones, pero aún sigo cursando el don de llevar el Evangelio de Jesús a mis hermanos, por ello le pido que guíe mis palabras y me ayude a poder transmitir mis emociones.
Hoy queridos amigos canjilones, ha nacido nuestro Salvador. Alegrémonos. No es justo dar lugar a la tristeza cuando nace la vida disipando el temor de la muerte y llenándonos de gozo con la eternidad prometida. Nadie se crea excluido de tal regocijo, pues una misma es la causa de la común alegría.
No es fácil invitar a tener experiencias hondas y profundas, que rocen el Misterio de la Natividad. Estamos acostumbrados al lenguaje de la publicidad, a los efectos del marketing, a músicas envolventes y eslóganes cautivadores. Quizá el mejor método para iniciar el relacionarse con el Señor nos lo proporcione simplemente sus palabras, su invitación: “Venid y lo veréis”. Hemos de suscitar búsquedas para que surja la pregunta sobre dónde podemos encontrar al Niño Dios. Y luego ofrecer, con humildad, una Iglesia que es comunidad, fraternidad, casa de oración y refugio de los excluidos, pobres y desprotegidos.
Cada familia, cada trabajo, cada hospital, cada residencia de mayores, cada escuela, el Instituto, el bar, la vega, las tertulias, las reuniones familiares, pueden ser lugar de encuentro. De cómo vivamos el seguimiento, dependerá la calidad de nuestro testimonio.
Hace unos días, rebuscando un documento en mis archivos, me encontré con un regalo inesperado. Era la carta que me escribió, años ha, por Navidad un amigo, que leo textualmente:
–«Querido Jesús: No despiertes a los pastores, no molestes a los Ángeles, ni hagas caminar en vano a los magos desde oriente. ¡Quédate en el cielo! No vuelvas. No vale la pena. Nadie te está esperando (…)».
Cada vez que la releo me conmueve ― quizás porque me siento delatado― y me arde el corazón por intuir cuál sería su respuesta.
Presiento que hoy Jesús me enviaría un E. Mail en estos términos:
–«Mi querido Miguel, tienes razón. No voy a volver porque ―aunque ni me veas ni me sientas― realmente nunca me marché. Abre bien tus ojos. Descúbreme aunque sea oculto en la naturaleza, en la historia, en los acontecimientos sencillos, en tu familia, en las personas más cercanas, en el ejercicio diario de tu entrega, en tus desvelos por todas las personas, en tu propio interior, en la Eucaristía, en las hermandades de la Virgen del Mar y de la Santa Cruz del Voto, en la Palabra que ilumina y llena de sentido tu vida.
Descúbreme en los pobres y parados, en los enfermos y en los ancianos a los que atiendes con solicitud, en los jóvenes heridos y vacíos. Hazme crecer y alúmbrame en el corazón del mundo. No tengo otros labios que los tuyos con que pronunciar las palabras sagradas, no tengo otras manos que las tuyas con las que estrechar a toda la humanidad que cada día le pesa más el silencio de Dios en sus vidas.-«
Labios y manos que junto a los tuyos podrán perpetuar el nacimiento de Jesús, verdadera caricia de Dios al mundo. La mejor felicitación navideña, no lo dudes, seguirá siendo ofrecer la propia vida como signo de esperanza para el mundo.
¡Enciende esta noche tu estrella
e ilumina el corazón de la humanidad!
Dios, el creador del universo, el Señor de todo, aquel sin el cual nada puede existir, se ha hecho niño por ti, porque te ama.
Si desbordas de alegría o te ahoga la tristeza, si tienes trabajo o estás parado, si estás casado o soltero o viudo, si eres sacerdote o religioso, si estás alejado de Dios o le tienes presente a cada instante, si estás sano o enfermo, si estás solo en la vida o te sobra la compañía, si eres cristiano o si no lo eres, sea cual sea tu condición, tu estado, seas quien seas y seas como seas:
¡¡Felicidades!! ¡¡Dios te ama!!
Es mi deseo que este anuncio gozoso de la Navidad, sea una oportunidad para que todos nos encontremos con Jesús. Escuchad con corazón gozoso.
Navidad es saber que puso Dios su casa de paja entre nosotros. Y sigue ahí, esa adorada sensibilidad, ese inagotable manantial de nuestras alegrías, esa fuente eterna de nuestros sentimientos, ese sabor de la piedad más profunda.
Por ello, así manifiesto su huella interiormente sentida por mí en nuestros corazones:
Yo creo en el Jesús de Nazaret que está naciendo hoy, en esos ojos grandes, abiertos como platos, que se asoman a Canjáyar, desde un camino largo de destierros.
Creo en el Jesús aquel, niño de pantalón corto que aprendía las letras en la escuela y ayudaba a hacer los deberes a los otros.
Estoy seguro que es Jesús, ese que conduce ambulancias en los campos de refugiados de Ruanda por si logra llegar a tiempo al hospital con diez niños mordidos de malaria.
Sé que aquel hombre que Dios nos envió, no fue más que un maestro de pueblo, sin sueldo ni dinero en los bancos, que llegaba como los titiriteros a la plaza de la aldea y hacia juegos con los niños, y consolaba a las viudas y convertía a los acaudalados de su usura.
Hoy NOS ve aquí en Canjáyar, reunidos en su nombre, aprendiendo a mirarle en las pupilas de los otros por la calle o en el televisor.
Sí, ÉL sigue ahí, tú y tú y tú sois mis hermanos. Ha nacido para levantar lo que estaba caído y restaurar lo que se hallaba deteriorado. 
El nacimiento de Cristo es modelo de infancia espiritual. Alegría ante el Misterio de la Natividad. Nace en pobreza y humildad para hacer ver que la salvación de los hombres no proviene de la riqueza y la fuerza humana, sino de Dios. Realiza su misión salvadora en la humildad, cuya naturaleza es bondad, cuya voluntad es poder, cuya acción es misericordia.
Ha querido hacerse comprensible, ha tomado la condición de siervo, velando el resplandor de la majestad.
Los cielos y los ejércitos celestiales llaman a su Creador, al que, recién nacido, se encuentra en una cuna. Por ello queridos amigos canjilones, la práctica de la sabiduría cristiana no consiste ni en la abundancia de palabras, ni en la habilidad para discutir, ni en el apetito de alabanza y de gloria, sino en la sincera y voluntaria humildad, que el Señor Jesucristo ha escogido y enseñado como verdadera fuerza desde el seno de su Madre.
Felices nosotros que en el nacimiento de Cristo hemos encontrado la gloria que habíamos perdido.
Hoy, esta tarde-noche en Canjáyar, demos gracias a la divina misericordia, que se ha abajado sobre los habitantes de la tierra a fin de que el mundo enfermo fuera curado por el Médico divino.
La figura de Cristo niño no es para los niños. Es para aquellos que se niegan a abandonar y hacerse mayores, paralos que viven, para quienes la navidad es una fiesta sin fin, una celebración de la constancia del cambio, una llamada a empezar una vez más el viaje hacia el gozo humano y el sentido sagrado.
La Navidad, esta conciencia de vida eterna entre nosotros, es una llamada para que hoy sea mejor que ayer, porque Jesús lo hizo antes que nosotros cuando nació en Belén, y entró en nuestro mundo. Señor “que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el resplandor de tu Luz”.
¿Está o no Jesús con nosotros?
Esto es lo que nos debemos preguntar. “Nunca pudo pensar el hombre que alcanzara a ser tan grande en Ti. Tú si lo pensaste, Señor y Dios mío. Y para ello te hiciste pequeño en mí “.
Ha dicho el papa Francisco:
“La Navidad de Jesús, fiesta de la confianza y de la esperanza, que supera las inseguridades y el pesimismo”.
“La Navidad de Jesús es la manifestación de que Dios se ha puesto del lado del hombre “de una vez y para siempre”, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, de nuestras dificultades, de nuestros pecados”.
¿Cómo es nuestra Navidad y como la celebramos?
Hay luz en las ventanas de las casas. Hay luz especial en las calles, hay muchas luces, pero la Luz está allí, sobre todo, en los brazos de María, en el portal que centra la geografía completa de Belén. Cuando todas la demás luces se apagan, aquella Luz del Misterio sigue iluminando, porque ella es la Luz de la luz.
Esto es la Navidad
La Navidad, es el más asombroso misterio de amor que podemos admirar, gustar y contemplar. Dios, en su hijo Jesucristo, ha venido a Canjáyar, y ha puesto su tienda entre nosotros.
No hace falta que hagamos nada extraordinario, es tan sencillo como dejarnos guiar. Él madura todas las cosas en las honduras de su corazón grande, el sitio fértil que todos tenemos para que nos nazcan cosas nuevas, Él es capaz de hacer de toda tu existencia un altar en donde se ofrenda lo que se es y nada se impone, y por ello mismo la paz -don y misterio- es posible, prestando atención a los ignorados de siempre, haciéndolos familia, en la escucha atenta de la Palabra que se le hace vida, tiempo, existencia, un Hijo mismo que es nuestra liberación y nuestra alegría.
La vida ha triunfado y me prepara una esperanza nueva, una alegría y una luz que nunca se apaga, ni con la luz del sol.
Expectante por tu novedad, permíteme Señor anclarme en la historia que tienes soñada para mí. Es tiempo de avanzar.
¿Y cómo avanzamos?
El pasado 21 de Diciembre de 2007, el grupo folclórico canjilón “El Guinaldillo”, estrenó en las Cañadillas el villancico titulado de “Canjáyar a Belén”, unos de los párrafos refiere:
Venimos del Andaráx,
somos gente de bien
vamos de Canjáyar a Belén
pues hagamos realidad este villancico.
Vayamos a Belén, se dijeron unos a otros los pastores. Esta invitación también va dirigida a todos nosotros y a todo el pueblo de Canjáyar, que debemos ponernos en marcha, a trasladarnos. De hecho, para encontrar a Dios, es necesario pasar de un sitio a otro, cruzar con nuestro corazón la calle de las contradicciones y encontrar el camino de la transformación, hasta que Él se torne visible. Y para esto no hay que subir al cielo. Dios, dice San Pablo, está muy cerca de ti. Está en tu boca y en tu corazón. Necesitamos esta excursión hasta lo que está bien cerca de nosotros. Tenemos que buscarlo.
Pero no olvidemos que a Belén solo se va y se viene por caminos de justicia, alegría, perdón, plegaria, solidaridad y amor.
¡“Vayamos a Belén”. Con nuestro caminar tenemos que entrar en aquella sencillez de corazón. Dulzura sobre dulzura, cariño sobre cariño, que es capaz de percibir a Dios. Pidamos al Señor que nos dé el impulso, como hizo con los pastores.
Que nos haga capaces de ponernos en marcha, para que a nosotros se nos dé la gran alegría que está reservada a todo el pueblo. He aquí en el pueblo de Canjáyar, también nos ha nacido el Salvador, Cristo, el Señor.
“No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que nuestro corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias. El amor de Dios es grande; a Él la gloria por los siglos”.
Una nueva Navidad.
Para recibir y dar.
Para recordar y agradecer.
¿Y cuáles son los signos de esa nueva Navidad, para recibir y dar, para recordar y agradecer?.
- Es Navidad cuando estamos abiertos a un cambio personal y a un cambio social.
- Es Navidad cuando damos un sentido humano a la vida.
- Es Navidad cuando somos capaces de percibir el rostro y las huellas de Jesús.
- Cuando rompemos nuestro aislamiento y empezamos a compartir la vida del otro y a identificarnos con él, es también Navidad.
– Cuando en ese andar a tientas por la vida nos ayudamos unos a
otros y ponemos la vida en común, crece la posibilidad de
encontrar la luz.
-No hay Navidad si nos quedamos solo con la celebración de una liturgia o de una fiesta familiar o de otro tipo, sin tener presentes a los hombres que sufren, luchan y mueren. El estar con los empobrecidos y los excluidos es la clave para vivir con lucidez y encontrar un sentido a la vida.
La Navidad llega a nuestro pueblo:
- Cuando nos esforzamos por transformar su realidad política, económica y social de manera que NOsea un pueblo dormido, sino un pueblo que evolucione con la vida.
- Cuando prevalece la voluntad transformadora sobre la dejadez y la inhibición
- Siempre que triunfan la alegría y la esperanza sobre el pesimismo y la dejadez.
Llega la Navidad a nuestro pueblo:
- Cuando valoramos lo pequeño por el valor que tiene la cercanía de las personas
- Cuando felicitamos a nuestros seres queridos, a nuestros vecinos.
- Cuando atendemos a nuestros mayores.
La Navidad llega también a nuestro pueblo
- A través de todas esas personas, ocultas en el anonimato que se entregan y siempre están al pie del cañón.
- Hay personas, instituciones, grupos, movimientos altruistas en nuestro pueblo que regalan su tiempo para que la vida de las personas cambien y para que el mundo y sus estructuras sean diferentes.
Y también llega la Navidad:
- Gracias al esfuerzo que hacen las Instituciones religiosas para avanzar en el ecumenismo.
- Cuando nos mostramos sensibles a los nuevos valores que emergen en nuestra sociedad.
- Quizá también en la tranquilidad de los villancicos que vamos a escuchar, descubramos otros elementos que nos ayuden a encontrar la Navidad.
Hace unos días he recibido una felicitación de Navidad, que solamente decía:
¿Tú has visto alguna estrella?
¿No? Pues vuelve a mirar
Feliz Navidad
Y es que si verdaderamente hiciésemos valer nuestro compromiso como cristianos que somos, ello nos permitiría entrar en una espiral que seguro nos llevaría a vivir en un Mundo mejor.
Precisamente y de ello nos habla esta felicitación: ¿qué le estamos diciendo a un amigo, compañero de trabajo, padre/madre, hijo/a cuándo le deseamos y durante estas fechas: “¡FELIZ NAVIDAD!”? ¿A qué nos/les está comprometiendo nuestras palabras? ¿Somos verdaderamente conscientes de lo que les estamos deseando?
Bueno ahí queda la reflexión, pero sobre todo y ante estas fechas que nos llegan… lo que me gustaría os llegase, es mi felicitación: FELIZ NAVIDAD!.
Hoy rezaré por todos vosotros y por mí, y pondré a los pies del Señor a toda vuestra familia y amigos…
Y a Jesús, le digo mil veces podrías nacer en Belén, pero si no te dejo nacer en mí andaré perdido para siempre
ESTO ES LA NAVIDAD. Que nuestra Navidad NO sea una Navidad del que busca y no encuentra.
Descubre y renueva el valor de ese pequeño día a día de tu vida que resultará tanto más extraordinario cuanto más sepas llenarlo de Dios.
Jesús en nuestra vida alguna vez se deja localizar en un establo de Belén o en alguna leprosería de la India y también le gusta que celebremos su cumpleaños en Navidad. Hoy Canjáyar huele a Cielo y nos envuelve un manto de ternura. ¿Será que Dios ha venido?
Queridos amigos aquí os dejo un sinfín de ternuras,
de parte del Niño Jesús, repartirlas
como mejor convenga a los dictados de Dios.
Muchas felicidades, muchas gracias y una muy fructífera y santa Navidad, y cuando llame a la puerta de nuestro calendario el año 2015, os deseo que sea para todos prospero, bendito y mejor, y tengamos todo lo que Dios quiere para nosotros.





