Prohibir el chunda-chunda en Feria
El Ayuntamiento de Fuengirola solamente permite música española en las casetas de la Feria que se celebra en honor a la Virgen del Rosario. La alcaldesa, Esperanza Oña (PP), ha publicado un bando prohibiendo el chunda-chunda que se suele apoderar de las megafonías esos días, aconsejando temas tradicionales en plan sevillanas y rumbas. Por sorprendente que parezca, la señora alcaldesa sigue felizmente viva sin que se tengan noticias de intentos de asesinato por parte del calorrismo local, enfurecido por no poder disfrutar de los mismos ritmos que retumban en sus coches tuneados. Es decir, que en Fuengirola una medida de este tipo ha sido admitida sin disturbios y sin manifestaciones reivindicativo-dolientes. Pero es que Fuengirola es un pueblo y no una capital de luminosa incandescencia social, como Almería. Si nuestro Ayuntamiento prohibiera el reggaetón o el narco-rock en la Feria de la Virgen del Mar, al instante se crearían plataformas de repulsa cívica contra esa muestra de fascismo megafónico y se organizarían maratones alternativos de música electro-latina en el solar del Toblerone. Seguramente habría más cosas. Algunas coaliciones de izquierda cederían parte de su sede para celebrar unas jornadas de anarco hip-hop; el Varadero del Puerto albergaría la I Feria del DiscoCaribeño; el “Amanecer en la Alcazaba” pasaría a ser “Despierta Mamasita”; en el acto de los Coloraos una banda de raperos latinos interpretaría el himno “Perrea mucho con tu Pingurucho” y los diputados del PSOE preguntarían al Gobierno por el “alarmante descenso” de la presencia de muchachos con collarcicos de oro y alacranes tatuados en el cuello en la Feria de Almería. Quien crea que exagero, que recuerde la que se lió cuando se prohibió ir en bañador por la Feria. Que se note que estamos en Almería, vergel de mieles y esencias, maná de sutiles cadencias, etcétera.

