Rajoy, solo ante el peligro
Hay que reconocer que Rajoy se ha tomado en serio el reto de sacar a España de la crisis. Aplica medidas que incluso le repugnan porque cree que es la única salida de la crisis, como la subida de los impuestos. Se ha encontrado la caja vacía y tiene que rebañar de donde pueda. Recorta todo lo recortable, pese a que sabe que eso, a corto plazo va a aumentar el desempleo. Está a punto de enfrentarse a cara de perro con las Autonomías para evitar el despilfarro que producen, a sabiendas del coste electoral que eso conlleva.
Ya no sabe qué hacer. Las medidas que ha puesto en marcha, los recortes en la Administración y muchas de las otras decisiones que ha tomado son sensatas y, a la larga, podrían dar sus frutos. Pero el mundo, la crisis económica, no está para esperar ni un minuto. El horizonte es más que negro. El presidente ha demostrado con creces que es un hombre sensato e inteligente, pese a que tampoco es un Premio Nobel de Economía. Pero el laberinto europeo es la gran trampa. Sin ir más lejos, Grecia, con el riesgo de su salida del euro, agudiza la situación económica europea y la española, aún más. Y la llegada de Hollande a El Elíseo no va a facilitar mucho las cosas. Merkel ya le ha enseñado las uñas.
De Guindos anda dando bandazos e intenta tranquilizar a los europeos, pues tampoco sabe qué hacer. Sáenz de Santamaría se desgañita para animar a la opinión pública, los sindicatos quieren tomar la calle y encender España para que Rajoy huya y Rubalcaba se frota las manos, pone piedras en el camino y trampas hasta en los pasillos del Congreso, porque todavía no ha digerido el varapalo electoral. La prima de riesgo anda por las nubes, la bolsa en un pozo sin fondo y el dinero se evapora.
Los optimistas confían en que esas medidas, esos ajustes y recortes del Gobierno terminarán por surtir efecto. Pero cada día quedan menos optimistas. La tragedia de Rajoy consiste en que, después de tanto esperar, ha llegado a La Moncloa en el peor momento. Y es posible que salga a patadas si no es capaz, él, su Gobierno y Europa de salir del atolladero. El precipicio está ahí al lado. Esperemos que surja el milagro y España pueda evitarlo. De momento, sólo queda cruzar los dedos y rezar. Rajoy está solo ante el peligro. Y España, al borde de la catástrofe.
-Joaquín Vila-
