Recolocarse
¿Cuántas veces te has arrepentido por haberte precipitado?¿Has contestado abruptamente a una persona que quieres y le has hecho daño?¿Te has levantado dando un portazo en una discusión acalorada?¿Has tomado una decisión importante en caliente, sin haber valorado pros y contras? Si es así, don’t worry, somos legión.
Diariamente, vivimos situaciones en las que necesitamos dar una respuesta paciente, serena y adecuada. Son momentos puntuales, que nos sacan de quicio, o nos “ponen a mil”, porque no salieron como nosotros esperábamos o por la siempre difícil convivencia con los demás. Habíamos pensado ir al chiringuito todo el día y hace una “ponentá” de miedo o en la boda me pusieron al lado de ese que siempre está chinchando con la política y sabe cómo sacarme de mis casillas.
Son momentos que requieren un ejercicio difícil, pero muy sabio: recolocarse interiormente. Recolocarse supone, en primer lugar, templanza y paciencia. Las prisas son malas consejeras y necesitamos dejar nuestra habitual impulsividad a un lado. Contar hasta 100 y, en ese tiempo, saber valorar la situación, conocer todos sus lados, ponerse en el lugar de los otros y así poder reconocer la parte de verdad que tienen.
Una vez realizada esa primera tarea, necesitamos sacar lo mejor de nosotros mismos y echar mano de una serie de habilidades personales que tenemos y que, en ese momento, necesitamos. Es un tiempo de respirar hondo, ser asertivos, quitarle importancia al hecho o a la palabra… Finalmente, llega un momento mágico: tu interior se recoloca y puedes seguir compartiendo y conviviendo con esa persona. Pero, el orden es importante: primero contigo mismo y después con los demás.
Recolocarse también es útil si no fuiste tan cauto y ya metiste la pata. Si ya diste el portazo o el grito, también es posible serenarse y volver pidiendo disculpas u ofrecer una sonrisa pacificadora. Recolocarse, también sirve para tu propia vida como ejercicio de sanación personal: después de que te haya tratado a patadas, es posible volver a encontrar tu hueco.
Por último y más importante, recolocarse es un ejercicio espiritual. En esa espera hay mucho de sabiduría de Dios y se ponen en juego todos los valores evangélicos: misericordia, mansedumbre, humildad… En la Biblia, podemos reconocer muchas situaciones en las que los personajes han tenido que recolocarse: María al saber lo de Jesús, José al conocer lo de María… Y echaron mano de su fe para entender que Dios estaba presente también en las situaciones difíciles y en la palabra inesperada.
Ramón Bogas Crespo
Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería
