Remiendos y recortes
Es comprensible la zozobra de tanta y tanta gente que me pregunta cada día sobre qué va a pasar y dónde va a parar todo esto. Esa zozobra viene alimentada no sólo por la profundidad intrínseca y objetiva de la crisis, sino –sobre todo– porque parece que nos están administrando el veneno con cuentagotas, a trechos cortos, como más duele y como si los que están en el poder tampoco tuvieran demasiada idea de qué es lo que ocurre ni de cómo se arregla. Son tantas las costuras que se han descosido en este traje, que parece que ya sólo puede vestir espantapájaros. El llamado capitalismo de rostro humano, o sea, el Estado del Bienestar ha sustituido el rostro humano por la cara dura, y va borrando a marchas forzadas los perfiles de su antigua fisionomía.
Es cierto que no se le puede seguir dando a todo el mundo de todo como si todo costara nada, y que hay que lograr volver a la filosofía del esfuerzo y del sacrificio. Pero cuando el esfuerzo y el sacrificio parece que no vayan a encontrar recompensa, se pierde el entusiasmo y las ganas de hacer. Si añadimos que casi nadie de los que han metido la mano recibe un justo castigo y que nadie de los que han metido la pata recibe su merecido, el desánimo y la frustración del pueblo llano son aún más entendibles.
En esta España donde casi nadie confiesa a quién votó, yo no tengo empacho en decir que voté a Rajoy y que hoy lo volvería a hacer; pero, eso sí, me siento huérfano de explicaciones claras y sinceras por su parte y pienso que o lo remedia pronto y da la cara abierta y cumplidamente y con total sinceridad, o la hemorragia de credibilidad que sufra va a ser muy importante. Por eso, además de recortar y remendar, ¡releches, hay que empezar a infundir seguridad y un poco de esperanza!, porque si no es como para bajarse del burro y empezar a darle palos en alemán.
-Miguel Durán-
