Reprogramar
Como el ángel del Señor que anunció a María, la consejera de Presidencia de la Junta, Susana Díaz, ha estado en Almería para mantener un encuentro con los delegados almerienses en el que les ha venido a advertir de que en el futuro habrán de concebir titulares por obra del Espíritu Santo. O lo que es lo mismo: que van a hacer de la ruina una gloria. Y ojo, que son capaces de hacerlo. De entrada ya han empezado anunciando, a la vez, recortes presupuestarios y creación de empleo. Ateme usted esa mosca por ese rabo, señora consejera. ¿Cómo se va a crear empleo con menos recursos? Si cuando había dinero no fueron capaces de crear empleo fuera de las sedes del PSOE, ¿cómo lo harán ahora que la caja está llena de telarañas? Por cierto ¿he dicho recortes? Perdón. Ustedes disimulen. Doña Susana no habla de recortar, sino de “reprogramar”. Este es el verbo que se hace carne y acampa entre nosotros, porque ya se sabe que aquí, el único que recorta es Mariano I el Maléfico. Pero vayamos a lo práctico. Los almerienses queremos saber, por ejemplo, cuándo piensa terminar la Junta la autovía del Almanzora, esa que lleva en proyecto un par de décadas. Pues bien, doña Susana ha dicho que podemos estar tranquilos porque hacerse, se va a hacer. ¡Aleluya! Su palabra me da la vida, confío en usted, señora Díaz. Sólo un incrédulo o una mala persona podría retorcer el argumento de la consejera y preguntarse -con la maldad propia de las clases medias- cómo es posible hacer autovías sin dinero. Pero no. ¡Apártate de mí, mal pensamiento! Que me reprogramen el cerebro o no seré capaz de decir a la consejera eso de “hágase en mí según tu palabra.”

