Reyes, caramelos y rugby
El Ayuntamiento acaba de presentar una campaña de información y consejo familiar para evitar accidentes durante la multitudinaria Cabalgata de Reyes y que la búsqueda de caramelos por parte de los niños no acabe de modo trágico, como probablemente recuerden que sucedió el pasado año en Málaga. Hasta ahí la noticia oficial, que intenta anticipar riesgos y concienciar a las familias para que no permitan que los niños vayan tirándose – literalmente – entre las carrozas para recoger gominolas. Más vale prevenir que curar, etcétera. Lo que ya no dice la campaña, probablemente por decoro, es que del mismo modo que debemos evitar que nuestros hijos, sobrinos o nietos corran innecesarios peligros por buscar un dulce, tampoco está de más advertir sobre el inquietante efecto que la lluvia de caramelos causa entre algunos adultos, que a causa del chubasco de golosinas que lanzan magos y pajes se convierten en furiosos acaparadores de caramelos sin freno ni tasa. Todos hemos visto impagables escenas de papás y mamás que se desprenden de todo vestigio de dignidad para cazar caramelos por todos los medios a su alcance, sirviéndose de artefactos domésticos como paraguas de uso parabólico o bolsas de gran tamaño capaces de almacenar suficientes chucherías como para hacer felices a tres promociones seguidas de odontólogos. Por eso digo que no está mal que, además de advertir a las criaturas de los peligros que supone saltarse las vallas o meterse entre el cortejo para rebuscar caramelos por el suelo, también se recuerde a los padres que se trata de una cabalgata de reyes y no del Gales-Escocia en el torneo Seis Naciones. De todos modos, no olvidemos que hay siete toneladas de caramelos dispuestas para el reparto. Así que haya tranquilidad, que hay caramelos para todos.
-José Fernández-

