¡Santiago y cierra, España! La patria peligra
Hay momentos en los que, las circunstancias que le rodean a uno, empiezan a tomar los tonos oscuros del peligro, adoptan la imagen de algo que nos recuerda experiencias de otros tiempos o, incluso, desagradables vivencias que se nos aparecen en nuestra mente como un “deja vu” que nos hace presentir la posibilidad de que se vuelvan a reproducir, quizá en un entorno distinto, pero con las mismas características tenebrosas, angustiosas y agobiantes como las recordamos. Sin duda, a medida que nos acercamos a la fecha en la que una parte de los catalanes, aquellos que han adoptado por desafiar al Estado de Derecho y anuncian que, pese a lo que pese, van a seguir en su intento de desestabilizar la nación, de jugar con la paz de todos los españoles y de introducir, en la convivencia de todos los ciudadanos, la semilla de la discordia, la cicuta del odio y el germen de la ruptura sin ni siquiera tomar en cuenta los peligros que les acechan en su carrera alocada hacia el precipicio del aislamiento, el derrumbe la convivencia de siglos y el error garrafal de apreciación que les hace estimar que, separados, les van a ir mejor las cosas que formando parte de la nación española.
Sin embargo, en estos últimos días parece que ha entrado en juego un nuevo factor que, hasta ahora, se percibía como mera sospecha pero que, desde hace unos días, se ha confirmado por la persona más autorizada para corroborarlo, el señor Pablo Iglesias, de Podemos. La declaración de que los comunistas bolivarianos han decidido apostar, ahora ya sin remilgos, por defender la soberanía de los catalanes y el hecho de que, la señora Carmena, alcaldesa de Madrid, haya cedido un local para que, grupos de afines al proceso separatista catalán, pudieran celebrar sus reuniones propagandísticas; nos hace prever que, Podemos, ha decidido tomar parte activa en la campaña a favor de referendo catalán “por el derecho a decidir” o, lo que es lo mismo, han adoptado por adherirse a la celebración de un acto que ha sido declarado ilícito y anticonstitucional por el TC, que ha apercibido a aquellos que intenten seguir promoviendo la consulta o poniendo los medios para que ésta se pueda celebrar, de que están situándose en el terreno de la ilegalidad y deberán atenerse a sus consecuencias.
En todo caso, si la actitud de los separatistas catalanes, encabezados por la CUP y por los líderes de ERC, señor Oriol Junqueras y del PDEcat, señor Puigdemont ya era clara y definida; ahora ya sabemos que, al desafío en contra del Estado de Derecho, se les ha unido el grupo de los comunistas bolivarianos, amigos del dictador Maduro, sumándose a la actitud que parece que ha acabado de adoptar la franquicia de Podemos, En Comú, dirigida por la alcaldesa de Barcelona, señora Ada Colau, que ha decidido que, sin comprometerse demasiado, pero dando facilidades para que se celebre la consulta, ha conseguido situarse dentro del grupo de los que desafían la autoridad del Estado español, con la evidente intención de sacar tajada de cara a las posibles elecciones que estarán obligados a convocar los nacionalista si, como todos esperamos, el Gobierno de la nación pone los medios suficientes para que esta intentona del 1ª de octubre fracase.
Pero, sin duda, este cambio de escenario respeto al desafío catalán, este apoyo explícito de los comunistas españoles a la postura separatista catalana, comporta una nueva perspectiva a tener en cuenta, ya que a la temida rebelión de los catalanes se le adhiere el apoyo de los comunistas españoles, un grupo que, en las últimas elecciones legislativas, obtuvo cerca de 5 millones de votos y una importante participación de escaños en el Congreso de Diputados. Creo que es el momento en que, los ciudadanos de a pie, nos replanteemos la situación y dirijamos nuestra atención al resto de partidos, presuntamente constitucionalistas, para asegurarnos de que, en un momento determinado, ante la amenaza de que separatistas y comunistas formen causa común en su enfrentamiento al Estado, tendremos el apoyo sin fisuras de todos ellos para enfrentarse, con los medios necesarios, no proporcionados, como el señor Rajoy se empeña en repetir cada vez que se le pregunta ante la reacción del Estado a las amenazas separatistas, sino los precisos para dar el golpe definitivo a esta amenaza.
La respuesta proporcionada hubiera sido posible en el caso de que, los nacionalistas catalanes, hubieran presentado alternativas a su órdago soberanista, que hubieran aportado algo de sentido común a este enfrentamiento y hubieran permitido que el Gobierno hubiera podido transigir en temas que no hubieran afectado a la soberanía nacional y no hubieran significado concesiones en detrimento del resto de autonomías del Estado español. Ahora ya no caben paños calientes porque, si se intenta solucionar el contencioso existente entre España y Cataluña, con absurdas negociaciones, con cesiones que les permitan salvar la cara a los dirigentes de la revuelta; lo que sucederá que, simplemente, se tratará de pan para hoy y hambre para mañana; porque lo único que se conseguiría sería aplazar el problema hasta que los separatistas se volvieran a considerar lo suficientemente fuertes para volver a intentarlo.
El problema es que, con la colaboración de los comunistas en este enfrentamiento a la Constitución española, el tema no tiene otro recorrido que el que está siguiendo el señor Maduro en Venezuela, que se ha cargado la Constitución para sustituirla por un remedo hecho en beneficio de lo que a él le interesa y en contra de cualquier procedimiento democrático, tratándose de un totalitarismo al estilo del soviético. Sea como sea como queramos mirarlo, nos estamos enfrentando a una situación que requiere tomarse en serio, de una vez, lo que se está tramando en nuestro país; algo que, por otra parte, no tiene ningún misterio. Un golpe de Estado que sólo está a la espera de que el PSOE del señor P. Sánchez decida entrar en este triunvirato para, como ya ha dejado claro Puigdemont, al referirse a las consecuencias de la consulta que el propone, cuando ha advertido que: con consulta o sin ella su gente parece dispuesta a no conformarse y entonces el problema se trasladará a las calles. Lo dicho, es necesario que el Estado se tome en serio la responsabilidad que le compete en la solución de este asunto y ya sabemos que victorias pírricas, tímidos arreglos o tolerancias excesivas no conducen, en el caso que nos ocupa, a otra cosa que ha retrasar la solución del problema que, como es evidente conociendo a los separatistas catalanes, no van a cejar en su empeño si no se toman las medidas adecuadas y contundentes para asegurarse de que esto no vaya a volver a ocurrir.
El peligro ahora está en que, ya no se trate simplemente de Cataluña y esta epidemia se extienda a otras autonomías que, siguiendo su ejemplo y con la ayuda de los comunistas expertos en explotar cualquier motivo de queja del pueblo contra el Estado, vayan a empezar a crear problemas en toda la nación, lo que ya son palabras mayores y, en este caso, no estamos seguros de que la simple actuación de este gobierno que tenemos, se pudiera hacer frente a una situación como la que acabamos de describir. No es que seamos alarmistas, sino que empleamos el sentido común para sacar consecuencias de lo que, los hechos que vamos contemplando, parecen indicar. Y España, señores, es demasiado importante y los españoles nos jugamos tanto, que resulta una temeridad dejar de advertir lo que, a algunos, nos parece bastante evidente, aunque no seamos más que simples ciudadanos de a pie que llevamos meses sufriendo viendo el evidente deterioro de nuestro país.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos que lo que apenas hace unos años se trataba de las reivindicaciones de no más de un 15% o un 20% de la población catalana, ahora ronda el 50% y, por añadidura, parece que cada día que pasa, sin que el Gobierno tome medidas para evitarlo, son más los que empiezan a sentir que, un apoyo a los secesionistas, puede resultarles beneficioso para sus planes de convertir España en uno de los paraísos comunistas, al estilo de los del Cono Sur americano. No es conveniente que se olvide tomar las precauciones posibles.
-Miguel Massanet-
