¿Será posible acabar con 30 años de régimen socialista andaluz?
Hace unos días en un debate televisivo una representante socialista me echaba en cara que calificara a los treinta años de Gobierno socialista en la Junta de Andalucía de régimen. Lo hice a conciencia, y no soy el único que piensa así, y además no hace falta irse a los márgenes de la política para escuchar esa misma opinión: basta con bajar a la calle en cualquier ciudad andaluza y toda la gente, incluida la que hasta hace bien poco seguía votando al PSOE, opina lo mismo. En este país el calificativo régimen tiene unas connotaciones muy negativas porque hemos vivido cuarenta años de un régimen totalitario, pero lo cierto es que ahora vivimos en un régimen democrático, y sigue siendo un régimen. Pero es cierto, también, que cuando nos dirigimos a este larguísimo periodo de gobernanza socialista en Andalucía como régimen le otorgamos ese carácter peyorativo que tiene el término en el sentido de concentración de poder y cierto autoritarismo a manos de un solo partido.
Y, ciertamente, eso ha sido así durante todo este tiempo. Es más, Andalucía es, hoy por hoy, la única región de España que no ha vivido la alternancia política desde que se instauró la democracia, y lleva tanto tiempo gobernada por el PSOE como lo estuvo España bajo el régimen de Franco. Es cierto que con una particularidad: cada cuatro años eran los propios andaluces los que decidían seguir así. Eso es, sin duda, lo que le otorga al hecho de que el PSOE lleve más de treinta años en el poder en Andalucía legitimidad democrática, pero una vez dicho eso viene la segunda parte, es decir, preguntarse porqué ocurre eso y que es lo que hace que en aquella región, siendo como es la más pobre y la más atrasada de España, las cosas nunca cambien, y la respuesta se llama clientelismo. “¡Eso es mentira!”, dicen los socialistas cuando se esgrime este argumento, pero lo cierto es que ese clientelismo existe y que en Andalucía se da como en ninguna otra parte
¿Cómo ha hecho el PSOE para conseguirlo? Fácil, ha creado durante todo este tiempo una administración paralela, de tal manera que entre funcionarios y empleados de empresas y organismos dependientes de la Junta, no hay un andaluz que no tenga un familiar dependiendo del erario público. Si a eso sumamos los que viven pensionados por el PER, resulta que prácticamente no hay familia andaluza en la que no entre dinero directamente de la Junta de Andalucía, y como al final los ciudadanos, aunque parezca lo contrario, somos muy conservadores a la hora de emitir nuestro voto, era muy difícil que nadie se arriesgara a perder esas prebendas votando a otro partido político.
Eso ha funcionado bien hasta ahora, porque lo cierto es que esa dinámica se ha roto por dos motivos: el primero la crisis económica, en la medida que azota a Andalucía de una manera inmisericorde situándola en el primer puesto del ranking del paro y la recesión, y como al final en el voto también somos egoístas –lógico, por otra parte-, entre nuestro puesto de trabajo y el del familiar que depende de la Junta, optamos por lo primero, y eso es lo que hace que el clientelismo haga aguas. Y, el segundo, la corrupción, y es que mientras las cosas iban más o menos bien, los andaluces miraron para otro lado aún sabiendo que la corrupción se había institucionalizado, pero cuando las cosas van como van, es el momento de pasarles factura a los que han robado, sobre todo cuando resulta que lo que han robado es el pan de mucha gente, el alimento de muchas familias. Eso, me parece a mi, los andaluces no se lo van a perdonar al PSOE.
¿Llega la hora del cambio? Es posible, las encuestas dicen que sí. También es verdad que no es la primera vez que el PP obtiene tan buenos resultados en las encuestas, y por eso Javier Arenas se muestra prudente y cauteloso. Además, al PSOE han venido a ayudarle los sindicatos con la convocatoria de huelga general, y es difícil saber que efecto puede tener esto en el electorado. Con todo, la impresión generalizada es que va a ser muy difícil que el PSOE remonte, y que el PP se acerca más que nunca al Gobierno de la Junta. Y ojala sea así.
Miren, ya no es una cuestión de partidos políticos, sino de salud democrática. El PSOE no puede seguir gestionando el desastre en el que se ha convertido aquella región en todos los sentidos. Hace falta aire fresco, alternancia en el poder para limpiar los poros de una sociedad que durante demasiado tiempo ha visto cercenada su capacidad de desarrollo y de crecimiento por un gobierno que ha preferido apostar por la permanencia en el poder antes que por el progreso de su comunidad. Dentro de semana y media sabremos si los andaluces han despertado de este mal sueño, si han decidido reincorporarse a la vivencia democrática del resto del país o si, por el contrario, prefieren seguir viviendo cabizbajos.
-Federico Quevedo-
