¿Sinceridad o cinismo gatopardista?
Otegui aún debe trabajar para que ETA entregue las armas y se ponga a disposición de la Justicia
¿Estamos asistiendo a un antes y un después en la realidad política y social del País Vasco u Otegui es un simple cínico gatopardista? Esta es la pregunta que nos hacemos millones de españoles al leer las manifestaciones del líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, en el libro escrito en prisión ‘El tiempo de las luces’, según adelantaba Gara en su edición de ayer. “Si en mi condición de portavoz he añadido un ápice de dolor, sufrimiento o humillación a las familias de las víctimas de las acciones armadas de ETA, quiero pedirles desde aquí mis más sinceras disculpas, acompañadas de un lo siento de corazón”. ¿Al margen del arrepentimiento personal, cuál es la trascendencia política de todo esto?
Un amigo muy ingenioso y al que escucho con gran atención y admiración ilustra clara e impecablemente la situación del País Vasco a través de un reflexivo paralelismo. El movimiento de liberación vasco está inmerso en el proceso que en cocina se conoce como deconstrucción, me dijo ayer. Quedé sorprendida por la comparación y el empleo de un término que identifica el estilo culinario de Ferrán Adriá. Opté por escuchar y dejar que continuara, nunca sabes por dónde va a salir, pero sí tenía la certeza de que, cuando acabara su speech, habría logrado hacerme pensar en ello. Y continuó, el proceso consiste en identificar todos los ingredientes de un plato y presentarlos de forma diferente a las ya conocidas. Los ingredientes son los mismos, obtienes el mismo plato pero con nuevas texturas, formas, etc. El cambio está en su forma física más que en su fondo químico. Eso es lo que está sucediendo en el País Vasco. Se ha reinterpretado la violencia y se ha añadido un condimento nuevo a la realidad de los presos (el arrepentimiento), ¿pero sucederá como con el famoso plato de Adriá y su deconstrucción de la tortilla y tendremos una tortilla de patatas diferente pero tortilla al fin y al cabo? Esa reflexión me llevó a ‘El Gatopardo’ de Lampedusa, “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie (…) para que todo siga como está. Tal cual, en el fondo”.
Ojalá no sea así, pero la desconfianza en Otegui es inevitable, más recordando que en su último juicio eludió condenar a ETA. Si el arrepentimiento es sincero, facta non verba. Que lo demuestre cumpliendo con una responsabilidad que persiste y que aún debe a las familias de las víctimas de la banda terrorista, trabajar denodadamente para que ETA entregue las armas y se ponga a disposición de la Justicia, acabando definitivamente con esta locura sangrienta que llevamos a espaldas desde hace 50 años.
-Mercedes Zaragüeta-
