Suicidios y crisis
Un oleaje de suicidios nos está sacudiendo que intensifica todavía más la grave crisis económica que se extiende como una mancha de petróleo.
En Italia ha nacido el movimiento denominado Viudas blancas constituido por las esposas y familiares de personas mayoritariamente empresarios que se han suicidado debido a la crisis económica que sacude Europa. Organizaron en Bolonia la primera manifestación nacional para denunciar la gravedad del problema. Escogieron Bolonia porque el 28 de marzo de 2012 se produjo el caso más espectacular. Giuseppe Campaniello operario autónomo que estaba en deuda con Hacienda se prendió fuego al estilo bonzo delante de una oficina del fisco . Campaniello murió pocos días después debido a las graves quemaduras que sufrió. Goethe considera el suicidio “como una debilidad del hombre porque indudablemente es más fácil morir que soportar una vida llena de amarguras”. Para muchos la vida es un absurdo que no merece la pena vivir. Se dan suicidios debido a la crisis pero también ocurren suicidios porque la vida no merece la pena vivirla.
El libro de Eclesiastés empieza así: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” (1:2,3). Si lo que da sentido a la vida es el dinero y las cosas que se pueden adquirir con él, es natural que la vida sea una vanidad que no merece la pena vivirla.
En Grecia la tasa de suicidios se ha incrementado en un 40%. En España no existen datos al respecto. Últimamente los suicidios se repiten con demasiada frecuencia. Cayo Lara, coordinador federal de IU quiere preguntar al Gobierno presidido por Mariano Rajoy como está la situación de los suicidios en España. Es de la opinión que se produce un incremento debido a “la desintegración social que se está produciendo en España y a la desesperación”. Un indicador de que la cosa no funciona bien en España es de que “en el año pasado se gastaron mil millones de euros en fármacos para aliviar la angustia y el estrés. La crisis no solamente puede acabar con nuestro trabajo”Amenaza nuestra salud…y a nuestra vida”, asegura Carlos Manuel Sánchez . El siquiatra Michael Debout dice que se “debería organizar un dispositivo de apoyo psicológico enfocado a los parados. La sociedad les demostraría que todavía cuentan. Un parado es un suicida porque socialmente está muerto”.
La situación de crisis en que vivimos crea mucho desasosiego entre la ciudadanía, especialmente entre los parados que no ven a corto plazo la solución de su problema. Se manifiesta una acusada falta de paz mental que es el resultado del conflicto existente entre dos voluntades: la de Dios y la nuestra. La crisis actual la atribuimos a los malos gobernantes, a los políticos corruptos que se multiplican como las setas, a los banqueros sin escrúpulos que no ha asesorado correctamente a sus clientes a la hora de contratar una hipoteca. En un sentido es así, pero no lo es todo. La otra cara de la moneda es que Dios utiliza las circunstancias creadas por nosotros para conseguir unos efectos concretos. Pretende que reconozcamos nuestro pecado, nos arrepintamos y nos volvamos hacia Él para someternos a su voluntad. El Padrenuestro enseña que se haga la voluntad de Dios en el cielo y en la tierra. El hombre no quiere someterse a la voluntad divina. El resultado de esta rebeldía es el estrés, la depresión, los diversos trastornos mentales que hacen incrementar el consumo de fármacos y como que estos síntomas de mal funcionamiento mental no desaparecen, el conflicto existente entre la voluntad divina y la humana, en los casos graves se pretende solucionar-lo con el suicidio. En los leves prosiguiendo intoxicarse con la química que no resuelve el problema del alma. Todo lo contrario, lo agrava.
El profeta Isaías describe de esta manera el estado de ánimo que se da en el corazón de quien está enemistado con Dios: “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan lodo y cieno. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (57:20,21). ¿Se puede describir mejor el tsunami existente en el corazón de una persona que da la espalda a Dios? Pienso que no. El exagerado consumo de antidepresivos, ansiolíticos y otros pone en evidencia lo enferma que está el alma del hombre actual. La trágica situación no tiene porque seguir dándose: “Porque así dijo el Alto y sublime, el que habita la eternidad y cuyo Nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (v.15). Humildad pide el Señor para curar los corazones que son como mares en tempestad que arrojan lodo y cieno. Humildad para reconocer la rebeldía contra al Señor que conduce al desespero.
La asistencia psiquiátrica necesaria puede que no llegue a tiempo porque lo impide la larga lista de espera. No se puede resistir la extrema situación emocional. Se opta por el suicidio, un final rápido pero evitable. Para acceder a la consulta del Siquiatra divino no se necesita pedir hora. La puerta de su consultorio está abierta día y noche durante los 365 días del año. Sólo se precisa presentare en la consulta con el requisito de reconocerse espiritualmente enfermo. Se saldrá de ella lleno de gozo porque Jesús, el Médico del alma le habrá curado su pecado que es el impedimento para que haya relación íntima con Dios. El alma se ha convertido en una balsa de aceite.
-Octavi Pereña-
