Transparencia oportunista
En esto de tener las cosas claras, también emerge con descaro la ley de las AMBIGÜEDADES, que es dueña de la relatividad referida a la mayor parte de los aspectos vitales. Por ejemplo, habrá mayor claridad que la percepción de los hondos misterios de los que dependemos. Hay detalles apreciables sólo a media luz; el exceso de iluminación en espacios abiertos les hace pasar desapercibidos. La buena sensibilidad requiere de una atención adecuada, un acercamiento, a los matices y cualidades; descubre formas ocultas o evidencias no detectadas previamente.
Pongamos el caso de Urdangarín y la Infanta. Cada cual examine como los veía hace unos años y como los percibe en la actualidad. Repasemos también quienes iban detrás con el dinero público. Es posible que hubiera deslumbramiento ante su presencia, engañados, sorprendidos y despechados. ¿Cómo han evolucionado dichas impresiones?. Los conocimientos sobre ellos han cambiado, pero la variación de las APRECIACIONES continuará. Desde los interesados a sus familias, desde los círculos deportivos a los monárquicos, desde el público cuyo dinero estaba metido en dichos asuntos; los criterios valorativos aportan diferencias. Según el momento y en cada trapicheo, las opiniones vertidas diferirán. Habrá datos y enfoques aclaratorios, alejados de la uniformidad y con predominios concretos.
Es decir, la OPORTUNIDAD de las implicaciones personales es un punto de confluencias decisivo. Las ideas merodean, maduran y llegan a su oportuna manifestación cuando ya están sazonadas. Las condiciones óptimas serían un magnífico contenido para su pertinente aparición. Sin embargo, muchas son las maneras de concretar las oportunidades en cada caso concreto. Para dar satisfacción a unos intereses personales. Para dar un salto adelante para el logro de algún beneficio comunitario. La oportunidad desgraciada desencadenante de actos delictivos. O bien, a diario, la posibilidad para el ejercicio de las libertades individuales. El sujeto protagonista será en cada momento quien modele las diversas actuaciones.
Con disfraces de relumbrón o disimulados entre el barullo ambiental, encuentran buen acomodo las posturas de tinte NEGATIVISTA. Que si descreídos, pesimistas o encandilados con la actitud de negarlo todo. Sobrepasan las ideas de los escépticos, no permanecen en la duda, niegan cualquier fundamento ajeno aparecido en el entorno. Con esa pose petulante dan el pego, su firmeza adopta una fachada injustificada. En los partidos políticos, sindicatos, tertulias y otras variadas actividades, constituyen la expresión de los cenizos de turno, sin apenas aportaciones, pero obcecados a la contra. Representan una mascarada cuya trastienda vacía convendría revelar lo antes posible, para asimilar sus proclamas con conocimiento de causa.
En el otro extremo del planeta social, las andanzas cogen aires cargados de ilusión participativa, que les confiere un talante entusiasta. Su afán de búsqueda es incesante. Generan un protagonismo natural debido a su activismo. Enarbolan el estandarte de la CREATIVIDAD, todo un sector crucial en las agrupaciones humanas. Las primeras impresiones positivas, con indudables aportaciones de valor; presentan también excesos peligrosos al menor descuido. Por su mismo dinamismo, los disparates apuntan alto, hacia riesgos de alcances imprevistos.
Uno de los peores es su colocación al margen del resto de la gente, con abusos y perversidades de tristes recuerdos y de lamentable actualidad. No tendríamos más que repasar los aspectos destructivos surgidos desde los descubrimientos científicos. Los apaños en forma de complicados contubernios políticos y empresariales. O los enredos teorizantes de claros matices enturbiadores, endiosados y fanáticos. La responsabilidad es un don relegado por las movidas pergeñadas a su alrededor. ¿Existió la responsabilidad? Queda disimulada entre las alharacas de los actuantes; allí se perdieron las nociones equilibradas, al propio son de las novedades.
Entre los extremos mencionados bullen sensaciones emanadas de conexiones complejas, alternan similitudes reiteradas con divergencias minuciosas. Constituyen el término medio de la opinión general. De las OPINIONES indeterminadas, si apreciamos mejor sus versiones. En cada ejemplo, las actitudes son ejercidas a base de intensidades irregulares, al ritmo de cada personalidad ejecutante. Los fundamentos son acogidos o desdeñados por los mismos sujetos y según las circunstancias. En el terreno de las intenciones, no sólo varían, sino que pertenecen al ámbito de lo inaccesible. Quedando la adaptación a los requerimientos de cada asunto como una entelequia, de difícil precisión, incluso para los mismos afectados.
En un exceso de candidez, solicitamos la transparencia como si, de por sí, ella fuera la solución de los problemas. El conocimiento de las cosas siempre presenta carencias, nunca informa de todos los matices. Todavía abarca en menor grado la complejidad de las actitudes. Al menos, las revelaciones ILUSTRATIVAS, aquellas que nos comunican las realidades culturales, incrementan el bagaje a disposición de los ciudadanos. Otra cosa será si estas aportaciones son siempre pertinentes. La balanza de las mediciones está un tanto descentrada en estas venturas. Aparecen mezclados conceptos y cualidades controvertidos. La misma inteligencia de una persona, traerá consecuencias discordantes según sea su orientación, detrás de que objetivos vaya. No siempre conducirá a buenos logros la acumulación de contenidos.
El circo mediático colaboró con los diferentes manipuladores de las funciones públicas; es todo un clásico de la alta picaresca. Muchos chistes surgieron a sus expensas. Un gran campeonato (Fútbol, Tenis) o la difusión de escándalos; sirven de tapadera a conductas impresentables. Por que es un hecho, la divulgación simultánea de numerosas y resonantes noticias, ejerce a modo de transparencias OBTURADORAS. No damos abasto. La mínima percepción ordenada es imposible y ni pensamos en el discernimiento de las conveniencias o las impertinencias. El abuso de los comunicados indeseados los transforma en dificultades y perjuicios que nos acogotan. Los utilizan a tope en las propagandas, nos invaden las grandes empresas, los políticos y las informaciones tendenciosas.
Al final, llegamos a la disyuntiva de los provechos; parece lógico que los particulares y los conjuntos comunitarios pretendan la obtención de las soluciones con mejores horizontes. Es una ambición sana en la prosecución del auténtico progreso. El APROVECHAMIENTO de cuantos medios dispongamos sería la conclusión razonable. Sin embargo, las perspectivas son heterogéneas y eso complica las relaciones. Estamos ante unas posibilidades abiertas a la colaboración de todo el mundo. Es la tarea inacabada por excelencia.
Las variables acechan. Queda mucho campo libre para el aprovechamiento de las circunstancias. Es una competitividad natural. Menos tolerantes debiéramos mostrarnos con los gestores de asuntos públicos, cuando de manera OPORTUNISTA, sólo muestran, perversamente, informaciones sectarias; con el ánimo encendido hacia el perjuicio ajeno y los beneficios propios. Es una tergiversación peligrosa.
-Rafael Pérez Ortolá-
