Transparentes lecciones de opacidad
Hay mucha gente bienintencionada y feliz que está convencida de que el futuro puede moldearse a base de esmarfón y tableta. Enhorabuena a los premiados, pues no soy digno de amargarles la existencia. Pero para seguir con la dieta de glucosa emocional, nada mejor que un caramelo como el que acaba de confitar el gobierno bipartito de la Junta (PSOE-IU) en forma de anteproyecto de Ley de Transparencia que, viniendo de quien viene, suena tan riguroso como una conferencia de Ana Rosa Quintana en un simposio sobre Novela Moderna y Derechos de Autor. Y no faltarán aplausos y altas dosis de autosatisfacción para acoger este proyecto legal, pero sólo desde la candidez más primaveral puede otorgarse credibilidad a una iniciativa cuya profundidad se mide más hacia fuera que hacia dentro. Es decir: dime de lo que legislas y te diré hasta dónde estás pringado. Y es que no se trata de crear medidas para esclarecer o acabar con la ocultación de determinadas jugarretas administrativas (que ya existen) sino de aparentar “tolerancia cero” con la opacidad en la gestión de los recursos públicos y envolverla en el brillante papel del discurso políticamente correcto. Es decir, el viejo truco de hacer como que se hace. Así que a otro perro con ese hueso. En realidad, para lo único que va a servir este proyecto es para legitimar a un montón de afiliados o simpatizantes de los partidos de gobierno para que manden correos electrónicos a los ayuntamientos y diputaciones que no gobiernan preguntando por las cuestiones más peregrinas, para que la falta de respuestas convenientes convierta a alcaldes y presidentes de diputación en sospechosos de cualquier oscurantismo. Aportaré un dato que soporta esto que digo: la misma Junta de Andalucía que impulsa esta milonga no provincializa sus presupuestos y acumula ya cerca de 700 preguntas sin responder a la oposición parlamentaria. Lo ideal para venir a dar lecciones de transparencia.

-José Fernández-
