Un hogar para el solitario
Una sociedad digitalizada y adicta a las drogas legales e ilegales necesita vivir en familia para encontrar sentido a la vida.
“Los jóvenes están muy solos, aislados en su habitación, relacionándose con otros por Internet, que es un amigo ficticio. Hablan a través de una nube con personas que están en China, ante las cuales no pueden ponerse a llorar ni quedar para ir al cine. Las redes sociales fomentan el estrés y el aislamiento personal”, afirma el siquiatra José Giner. “La vida es una cosa traumática y efímera, que tiene valor por si misma. Si lo que mueve a la sociedad es el dinero, las personas se alejan de este sentido. Se debe aprender a refugiarse en uno mismo y mantener relaciones intensas con amigos de carne y huesos, no virtuales”, dice el también siquiatra Julio Vallejo. Ambos especialistas en trastornos mentales aseguran que las amistades virtuales no son la solución de los problemas síquicos que padecen millones de personas debido a la soledad en que se encuentran y que también pretenden combatir con fármacos legalmente recetados y drogas prohibidas. Se alzan voces reclamando la legalización de la marihuana. Si se consigue, se pondrá fin a las mafias que se enriquecen con su distribución clandestina, pero que no pondrá fin a la soledad en que se encuentran sus consumidores. La maría pasaría a engrosar la lista de drogas legales que se pueden adquirir sin que sus consumidores se conviertan en delincuentes.
La soledad no puede combatirse con relaciones virtuales, ni con productos químicos naturales o artificiales. La experiencia muestra que no son el remedio para este problema del alma. Louise Hawkley, doctora en Psicología y en Neurociencias Sociales acierta cuando toca la raíz de la soledad, a pesar de que no proporciona el remedio: “La felicidad surge de las relaciones sociales ricas”. ¿En que consisten las relaciones sociales ricas? ¿Se puede alcanzar este nivel de perfección? Puedo afirmar sin temor a equivocarme que dicha perfección es inalcanzable para el hombre imperfecto. Para alcanzar relaciones sociales ricas se debería amar al prójimo como a uno mismo y que el otro correspondiese de la misma manera. ¿Se puede obtener este elevado nivel de amor mutuo? Puedo asegurar sin miedo de equivocarme que esta meta es inalcanzable para el hombre imperfecto. Se debería amar de la misma manera como Dios nos ama, esto, hoy por hoy está a miles de años luz. La evidencia diaria es que nos perjudicamos mutuamente con actitudes que atentan contra nuestra salud física y emocional.
“Dios hace habitar en familia a los desamparados” (Salmo 68:6). Es una manera poética de decir que en Dios el solitario jamás se encuentra solo, siempre está acompañado, aunque físicamente esté solo el Dios omnipotente está a su lado a cualquier hora del día o de la noche. Ello significa que en cualquier momento, sea en el ajetreo diario o en las vigilias nocturnas, cuando la mente no cesa de rumiar, Dios está a nuestro lado y nos escucha en nuestras angustias y miedos y nos hace habitar en familia.
El verdadero problema de la soledad, la que produce trastornos síquicos no es la ausencia de compañía humana, sino del vivir aislado de Dios, esto es lo que produce la soledad traumática que requiere la intervención del médico que no puede curar porque no es una enfermedad de la mente sino del alma.
Teniendo a Dios como Compañero, el alma jamás se siente sola, siempre está acompañada de un amigo con quien se puede conversar y que está siempre atento para escuchar nuestros desengaños, angustias, frustraciones. Dios no está afectado por los humores humanos que rompen el encanto de una persona. Siempre es el mismo, con el oído continuamente dispuesto a escuchar a los que se le acercan en busca de consuelo.
Habiendo hecho las paces con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, siempre estamos en familia, en una familia harmónica que ama, que hace que todos sus miembros se sientan a gusto, porque es receptivo a nuestros clamores. Jamás nos dice una palabra que desentone. En Jesús se encuentra este Dios que nos es tan necesario. Buscarlo con fervor y constancia es requisito imprescindible. El buscador tiene la promesa de encontrarlo: “Quien me busca me encuentra” dice Jesús. Su promesa es fiel. Siempre cumple lo que promete. Yo soy el camino que conduce al Padre, dice Jesús. Jesús hace que el solitario viva en familia que hace ligera la carga abrumadora que por el hecho de estar en este mundo caído nos es obligado llevarla. Yo, Jesús, os haré descansar
-Octavi Pereña-
