EL EJIDO.- XXXVIII Pregón de fiestas en honor a San Isidro Labrador
Muy dignas autoridades.
Vecinos de El Ejido.
Queridos amigos. Buenas noches y bienvenidos.
No se puede escoger mejor sitio para pregonar las fiestas en honor a nuestro Santo Patrón, que este majestuoso escenario que proporciona la Plaza Mayor, corazón y epicentro de nuestro pueblo, o ¿debería decir de nuestra ciudad? Porque El Ejido, fue una prospera ciudad en el pasado, hace casi 2000 años, cuando los romanos la llamaron “Murgi”. Hoy sigue siendo prospera, porque el nombre de El Ejido, es conocido en todos los rincones de Europa y en medio mundo, gracias a lo de siempre, es decir, al esfuerzo permanente y constante de sus gentes. Esforzados hasta el límite, a fin de obtener los hermosos frutos que esta generosa tierra ofrece cuando es tratada con cariño y esmero.
Podría decir que estoy aquí por invitación de nuestro querido alcalde D. Francisco Góngora Cara, lo cual es cierto, y por lo que le quedo muy agradecido por el detalle. Pero eso no sería del todo cierto. Estoy también aquí esta noche, porque San Isidro Labrador está tan adentro de nosotros, tan arraigado en nuestra fe cristiana, que en circunstancias como esta, a pesar del miedo a decir alguna inconveniencia, no se le puede decir “no”.
Cuando fui trasladado por mi trabajo como director del Banco de Andalucía, allá por el año 1975, traje conmigo a mi familia, por entonces formada por mi esposa María Isabel y mis hijos José Manuel y Mari Trini de 7 y 4 años respectivamente. Al año siguiente vino al mundo mi tercer hijo, Francisco Javier, otro ejidense fruto de esta generosa tierra.
Desde el primer día que nos acogisteis, nos sentimos como una familia más, de esas de toda la vida, porque mis queridos amigos y vecinos, esa es otra de las identidades propias de El Ejido, ¡aquí nadie es un extraño! A lo largo de todos estos años, he visto crecer a nuestro pueblo, social y económicamente, con la agricultura siempre como base del empuje emprendedor de los ejidenses, otra de sus identidades.
Con ese crecimiento llegaron muchas familias, personas a las que conocí de una manera muy directa en sus propios hogares y en sus trabajos bajo sus invernaderos, desde la Cuesta de los Alacranes en el Canalillo, hasta San Agustín, en el otro extremo del municipio. Con ellos compartí vivencias muy difíciles de olvidar, todo en el entorno del duro trabajo en el campo.
En mis recuerdos se hacen hoy presentes, aquellas asociaciones de padres a las que pertenecí, y las asociaciones vecinales con las que crecí como persona, donde pude comprobar como el tejido asociativo ejidense era, y es, más tupido y fuerte. Un recuerdo muy especial tengo en mi corazón al rememorar mi paso por la coral, bajo aquella docta y disciplinada batuta de una ejidense de casta, que nos dejó hace poco tiempo; me refiero a nuestra querida y añorada Lolita Callejón, a quien Dios tenga en su santa presencia. ¡Que buenos momentos he compartido con tantas personas! Que buenos recuerdos me trae ese tiempo pasado, pero a la vez, tan presente.
Yo soy hombre de fe, la misma que recibí de mis mayores; la misma que he transmitido a mis hijos; la misma que estos transmiten a los suyos, mis nietos. Digo esto, porque me sigue dando un vuelco el corazón cuando veo procesionar a nuestro Santo Patrón. Esa procesión a la que con tanto fervor se acercan los ejidenses para acompañar la sagrada imagen del protector de los agricultores. Madres, padres, abuelos, abuelas, cogidos de la mano a los más pequeños. Alumbrando el camino con unas velas encendidas. Pies descalzos por alguna promesa. Y algunos dejando escapar unas lagrimas, por el recuerdo de los ausentes. Estos gestos amigos míos, me hablan de fe.
A San Isidro, no le pedimos que nos solucione los `problemas, ni siquiera que nos arregle la vida. Eso es cosa de cada uno de nosotros. Pero confiamos plenamente en el. Es en ese momento intimo cuando le agradecemos su intercesión, porque que los nuestros están bien, porque la cosecha ha sido buena, y si ha sido regular, seguro que la próxima será mejor. A San Isidro le agradecemos que no haya motivos grandes para quejarse de la vida. Pero también, es verdad, que desde hace más de un siglo, al menos que así nos conste, los ejidenses cuando se han encontrado desamparados ante alguna situación, cuando no han visto que existia salida alguna; han vuelto su mirada hacia la venerada imagen y le han hablado desde lo más profundo de sus almas…¡San Isidro bendito, ayúdame!… un ruego lleno de fe al que le acompaña el cumplimiento de alguna promesa.
Ejidenses, que mis palabras en este pregón, sirvan como chispa que prenda la mecha de la memoria de cuantos me escucháis. Que el cariño a este pueblo y el orgullo de ser de El Ejido, sea vuestra bandera. Es verdad que faltan cosas por hacer, los tiempos están siendo duros, pero todo pasará. Sois hijos de un territorio que está muy bien ordenado y dotado de modernas infraestructuras. Sois hijos de pioneros tenaces que nunca arrojaron la toalla por mal que fuesen las cosas. No cejéis en ese empeño. Tened optimismo y confianza, pues esto es fundamental para sentiros bien. Tenemos la obligación de ser felices y repartir felicidad, desde el más pequeño al más grande, desde el más joven al más viejo.
Vecinos de El Ejido, amigos todos, salid a las calles y llenadlas de alegría. Perpetuad en cada rincón vuestro entusiasmo. Proclamad en cada esquina que la fiesta ha llegado. Pero hacedlo con mesura, con prudencia, que es como mejor se divierte la gente de bien.
Aquí. Hoy. Ahora. Desde este balcón de la Casa Consistorial, pido a San Isidro Labrador, patrón de de la ciudad de El Ejido, que nos traiga paz, que nos traiga progreso y que nos traiga prosperidad.
Ejidense……gritad conmigo.
¡Viva San Isidro Labrador! ¡Viva El Ejido!
Muchas gracias por vuestra atención. JOSÉ DÍAZ COMPANY
