Y seguiremos con las preguntas
Si fuéramos racionales, comprenderíamos unas cosas mejor que otras y trazaríamos proyectos en consonancia con lo comprendido. Descubriríamos la existencia del vecino y de los habitantes de países exóticos o de los sufridores en los páramos. La razón testificaría de la realidad de los misterios y las dudas, metidos en una serie de conexiones inestables que no cesan, más bien se multiplican. Sin embargo, la convicción racional parece distanciada de una gran parte de los procedimientos emprendidos, si no de la mayoría. Las incongruencias nos apabullan.
A las pruebas me remito, es una frase que pende de un hilo con las fibras falseadas. Quién la pronuncie, qué pretenda y, sobre todo, qué sea lo que realmente sabrá; son ideas decisivas hablando de pruebas y confirmaciones. Lo compendiaré en un haiku para la ocasión:
Al fin seguros,
Prueba ratificada.
La duda acierta.
Con las interrogaciones y las conexiones, la duda es una de las tres hermanas principales que perfilan la existencia. Hay más hermanas y hermanos, desde luego, y qué piezas.
Mientras tanto, ¿Nos adherimos a cualquier tipo de educación? Tal parece. Multiplicadas las fuentes informativas, resulta complicada la elección de las mejores. ¿Nos molestamos en investigarlas? Tampoco ayuda la vertiginosa evolución de los conocimientos. Llegamos con facilidad a la dramática confusión de la velocidad con los fundamentos. ¿Anularemos los criterios valorativos? ¿Todo da igual? Al deshacer las brújulas orientativas, en realidad quedamos al pairo, despreciamos el rumbo propio y quedamos expuestos al capricho de las tormentosas ventoleras.
Siendo la educación una ocupación de gran prestigio, su importancia es crucial para las buenas andanzas humanas; por tal motivo, disgusta en mayor medida el verla carcomida por múltiples agentes nocivos infiltrados en sus mecanismos. Utilizada, que no servida, por los políticos carentes de mejores mentalidades, ¿No interrumpiremos dicha degradación continuada? ¿Entretendremos los aprendizajes en el comodón destierro del esfuerzo? Esfuerzos y orientación son impulsos irrenunciables si aspiramos a metas confortables. La exigencia puesta en el empeño será decisiva. ¿Optaremos por el destape de las mejores cualidades como tarea primordial? ¿Continuaremos ceñidos a la horma bien establecida? Lo resumo así:
La sed aumenta,
Y el agua nos desborda.
Ansiosa crianza.
Cuando uno siente la necesidad de una aclaración, vamos, en cada instante; notamos la curiosa relación inversa entre la importancia de las preguntas y la afluencia de las respuestas. A más necesidad, nos quedamos en blanco con mayor frecuencia. Los interrogantes INSUSTANCIALES promueven contestaciones abrumadoras, bien por su cantidad o por su diversidad, aunque aportan escasas convicciones, dado que contribuyen al bullicio y…poco más.
Las preguntas serias exigen otro FUNDAMENTO, están basadas en argumentos y reflexiones; en consonancia, la contestación recurrirá al peso de los conocimientos ratificados o quedará sin respuesta la inquietud inicial. En el tercer círculo, el de las dudas apasionantes, las que esquivan las aproximaciones, MISTERIOSAS al fin; a las aparentes respuestas, les brotan de manera indefinida sucesivas preguntas, nos convencen del principio de incertidumbre. Sobre todo estas últimas, ocupan las secciones relevantes de las áreas existenciales. La vida, la muerte, la convivencia o la educación, el cosmos, el odio o el amor, entre otras muchas; muestran numerosos ejemplos de tal clasificación y en cada instante.
¿Escucharemos nuestra llamada natural? No conviene olvidar los dos componentes, animal y racional. ¿Dirigida a la colaboración? ¿Promotora de conductas aisladas? ¿Seremos entes reales o meras elucubraciones? Y sobre todo, como nos consideremos nosotros mismos. Abiertos a posibles interpretaciones, una certeza sí que asoma en el horizonte; la DISPERSIÓN contribuye muy poco a la solución de las cuestiones. ¿A qué será debido? Por de pronto, por que no evita las numerosas conexiones subyacentes, que todo lo relacionan, lo queramos o no.
La presentación de las actuaciones por separado no es una solución real. Lo vemos en el cierre de empresas (Fagor, Televisión valenciana, entre las últimas), reúne factores explícitos, relativos a las malas gestiones, que son evidentes; junto a otros causantes implícitos menos aireados en la práctica cotidiana, de sus trabajadores, impericias, excesos, corrupciones complejas, ausencia de crítica consistente, mentiras u ocultamientos perversos. La tendencia natural alienta la coherencia con buenos razonamientos y respeto general; si bien, los comportamientos nos retrotraen a la pregunta. ¿Será otra y menos optimista, la manida tendencia natural?.
¿Todavía habrá alguien extrañado por la mención del demonio? ¿No lo percibimos en sus variadas representaciones y a diario? Observen alguno de los gurús habituales en la llamativa panorámica actual. Sea banquero, periodista, principesco, político o un simple sinvergüenza dicharachero. El demonio tiene que estar detrás de las enormes INCOHERENCIAS propaladas por los citados protagonistas y por una razón concreta, están muy distanciados de la realidad de la gente. Por eso sorprende la elevada cuota de aplauso con la que son recibidos semejantes actuantes. ¿La razón no alcanza para dicho combate? ¿No dispondrá de otras cualidades como ayudantes? Quieren marcarnos (Y nos dejamos) cada uno de los pasos para cada menester, no están bien vistas las versiones particulares. Las compras debidas, las comidas anunciadas, las diversiones oportunas, y no paran ahí, delimitan cuales sean las opiniones correctas. Si será así, que hasta la felicidad debería amoldarse a los perfiles establecidos. No es broma, no. En Venezuela está en funcionamiento el ministerio para la organización de la felicidad. ¿Nos ratificamos en que existen las presencias diabólicas? La indignidad de tantas renuncias sólo conduce a la rebelión de la DIGNIDAD auténtica, pero no sé si estaremos dispuestos a llevarla a cabo. ¿Para cuando el momento? Es cierto, que para la necedad, cualquier ministerio sirve.
La interpelación existencial es general. Varían sin embargo las disposiciones individuales para afrontarla. ¿Estaremos ante simples BANALIDADES? ¿A quién interesan? Quizá nos satisfaga la práctica escueta con las gotas de hedonismo al uso. La cultura en sus diversas facetas aportaba unos buenos recursos, que dilapidamos con maneras groseras. Para el mejor entendimiento posible, la desarticulación cultural, incluido el concepto de progreso, ha supuesto un golpe desolador. Da la impresión de que estamos felices remando contra los fundamentos de la persona.
-Rafael Pérez Ortolá-
