Circos y enanos
La publicación de las memorias de Aznar coincide con los 12 meses de Rajoy en la Mocloa.
Ese dicho o frase hecha con tan poco ingenio como mala uva, muy del gusto de peperos y acólitos, poco o nada favorecido por la izquierda (por aquello de lo “políticamente correcto”) que nos dice que tal o cual fulano fue a poner un circo y “le crecieron los enanos” -para indicar la mala suerte o lo difícil que se lo están poniendo- viene pintiparado a lo que le ocurre a Rajoy con su “amigo” y mentor, José María Aznar.
A pocos se les ha escapado el peculiar lenguaje corporal que se gastan cada vez que coinciden en algún acto público. El apocado Mariano (porque en el fondo es uno de esos tímidos que combaten su complejo a base de que otros los hagan importantes) se siente casi tan incómodo con las palmaditas en la espalda que le dedica su antiguo jefe, como le ocurría a Zapatero cada vez que Bush lo saludaba brevemente tras una cumbre para, a continuación, darle la espalda y dejarlo solo, fané y descangayado.
Se dice que el crimen perfecto consiste en escribir unas memorias y dejar el encargo a tus herederos de que las publiquen cuando hayas muerto. Es una idea atrayente: nadie podrá reprocharte nada directamente y tampoco podrán querellarse contigo. Y tú sonreirás desde el más allá contemplando cómo se crean mentideros y corrillos para comentar tus verdaderas opiniones sobre hechos y personajes. La impunidad está garantizada; el delito, de haberlo, habrá prescrito por deceso.
Pero para que funcione es necesario hacer gala de una gran paciencia. Hay que dejar que la “ley de vida” siga su curso y al reloj biológico se le acabe la cuerda o la pila no recargable.
Y uno tiene la impresión, tras la lectura del extracto del primer volumen de “Memorias” de José María Aznar, que a este se le va acabando la paciencia y no se resigna a ser sólo un “referente glorioso” dentro de su partido, y de que a fuerza de contar su verdad busca no sólo justificar por qué designó a Mariano Rajoy como sucesor y, por lo tanto, candidato a sucederle en la Presidencia del Gobierno, sino alejarse del que fue su valido, acaso por considerarlo a día de hoy un profundo error. Un error que, por razones lógicas, jamás admitiría en público.
Parece que, como a San Pablo, Dios se le apareció de improviso para hacerle ver lo importante de su misión en esta vida. No quiero parecer irreverente, pero es que hasta las figuras, los figurantes y los figurones de la cosa pública deberían tener cierto pudor a la hora de hablar de sus relaciones con la divinidad. Aznar parece que se supo elegido por Dios después de haber salido casi indemne del atentado que ETA perpetró contra él antes de ser Presidente. Esa suerte de confesión pública no sólo denota su poco disimulado narcisismo, sino que además exhala un tufillo mesiánico que pone los pelos de punta. Y lo preocupante es que las revelaciones del “brujo de la tribu” pueden impresionar a más de uno. Aznar ha gozado siempre del botafumeiro de los suyos y pocos le podrán negar su contribución al rescate de una España machacada por el paro y la corrupción, que fue el legado del último gobierno de Felipe González, pero tampoco conviene olvidar la desastrosa política internacional que llevó a cabo durante su segundo mandato, en el cual no tuvo reparos en aliarse con personajes tan poco recomendables como Gerge Bush II y Tony Blair en la absurda, mentirosa y letal “defensa de Occidente” que se firmo en las Azores.
No sabemos si esta misma “inspiración divina” justifica que finalmente eligiera de la terna formada por Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja y Mariano Rajoy, a quien hoy ocupa la Presidencia del Gobierno; o si fue una reacción despechada ante la primera negativa de Rato –candidato in pectore del entonces Presidente, que más tarde aceptaría la propuesta- la razón que justificó que Rajoy fuera elegido. También podría ser que la elección de una eminencia gris le dejara una portilla abierta en el futuro…
Comoquiera que fuere, da la impresión de que José María Aznar no renuncia a tener un protagonismo que se ha hecho más y más evidente durante los últimos meses.
La publicación del primer volumen de sus memorias –cuya presentación tendrá lugar el 26 de noviembre y que casi coincide con el primer año de Rajoy al frente del Gobierno- no hace sino contribuir a esa idea. Y si es una táctica, algo que forma parte de una agenda oculta, esta contemplaría un estudiado alejamiento de Rajoy; de alguien con quien no solía citarse para cenar porque –según afirma en las memorias- no era un amigo cercano.
-Luis del Palacio-
