La Octava del Corpus Christi, el Misterio de la fe
El Papa León XIV custodio de la fe católica, el hombre que reza diariamente por la Iglesia universal, por la paz, señaló en la víspera del Corpus Christi, cual es el camino hacia Cristo en estos momentos históricos en los que se pretende arrinconar a Dios al ámbito privado por considerar, que las creencias religiosas pertenecen a tiempos pretéritos con los discursos e ideologías que cada día nos invitan a vivir como si Dios no existiese, haciendo resonar las palabras de Nietzsche, quien escribió: «Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado».
Pero no es así, nunca se había presenciado una sinfonía musical con los compases del silencio tan perfecta, más de medio millón de personas permanecieran en absoluto silencio exterior e interior, el desierto de la madrugada de un Viernes Santo se hizo presente en plena calle de Madrid para testimoniar el verdadero amor a Dios y al prójimo, adorando en comunión eucarística a Jesús Sacramento, prueba máxima del amor de Jesús a las mujeres y hombres que llegó tras su pasión y muerte “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”, hasta el sacrificio en la cruz, perpetuándose en la Eucaristía: “Haced esto en memoria mía, hasta que vuelva”.
En la vigila del Cuerpo de Cristo presidida por el Santo Padre, León XIV, ante miles de personas presentes en el acto y otros muchos millones, millones de personas que se unieron vía televisiva o radiofónica, se puso de manifiesto, al calor del corazón eucarístico de Jesús, el seguir extendiendo la realidad espiritual que simboliza la unión de todos los fieles, los cuales constituimos una comunión comunitaria con la Iglesia Católica con todos los cristianos en la presencia eucarística, que nos invita a profundizar y saborear en lo hondo del corazón la maravillosa riqueza del misterio de la Eucaristía, el “Misterio de nuestra fe”.
El Obispo de Roma, León XIV, expresó, según mi humilde entender, en su diálogo ante el Señor la Vida y la Esperanza, Jesús Sacramentado, que la Eucaristía es fuente y cumbre de toda evangelización, siendo el único medio espiritual para encontrar a diario la fuerza y el impulso para nuestra vida cristiana, para nuestra acción misionera y para toda forma de testimonio cristiano en medio de la sociedad de nuestro tiempo.
La calle se ha convertido en estos días pasados con el Santo Padre, León XIV, en Madrid, Barcelona y Tenerife, en un gran templo a cielo abierto con la presencia real del misterio de la Eucaristía, de hondas raíces en la fe del pueblo español, de nuestras Hermandades y Cofradías, de todo el pueblo de Dios, que en la solemnidad litúrgica del Corpus Christi y, días posteriores, la calle se hizo oración y silencio al Señor Sacramentado, que va más allá de una consideración piadosa, convirtiéndose alzando la mirada en una realidad espiritual para alcanzar la plenitud de la vida.
Este sábado, festividad litúrgica del Inmaculado Corazón de María y de San Antonio de Padua, cuya imagen sagrada franciscana tan fervorosa ha salido en procesión de alabanza desde las iglesias parroquiales de San Agustín – Barrio de Alfareros-, San Antonio de Padua – Ciudad Jardín- y desde Santa María Magdalena – Los Molinos-.
También, desde la Santa y Apostólica Iglesia Catedral de la Encarnación se llevó a cabo la Octava del Corpus Christi, autorizada por el cabildo de canónigos y con la cooperación de la Sacramental Cofradía del Prendimiento, llevando entre las manos amorosas del capitular y Vicario General, Rvdo. Ignacio López Román, la Custodia con el Santísimo Sacramento del Altar bajo palio, recorriendo el cortejo procesional el casco histórico, acompañado de cofrades y fieles, y visitando los Sagrarios situados en los monasterios y conventos de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos; las concepcionistas Puras; las franciscanas Clarisas; las Esclavas del Santísimo y las Madres de María Inmaculada.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez
