Debo, luego existo
Una empresa es una sucesión de proyectos de inversión y financiación diluidos en el tiempo, cuyo objetivo básico y fundamental es obtener un rédito superior al coste efectivo de los recursos demandados y, por lo cual, para constituir una empresa se requieren fondos, se necesita dinero, que obtendremos como sigue; o te buscas un socio o te vas al banco.
Hay teorías que analizan, indagan y profundizan en buscar cuál es la mejor alternativa, es decir, ¿busco un socio o pido un préstamo? Ahora bien, nosotros no nos vamos a centrar en ese aspecto tan concreto (aunque no deja de ser menos importante), sino en la situación posterior.
En principio, un nuevo socio asume un riesgo mayor al asumido por el acreedor, es decir, aquel quien te deja dinero y, por consiguiente, exigirá una rentabilidad superior, ya que a mayor riesgo mayor rentabilidad.
Pero entonces….¿pido dinero prestado? Depende. Si tu deuda es muy elevada, la probabilidad de que incurras en suspensión de pagos por no poder hacer frente a los mismos en un momento puntual se dispara.
En definitiva, es más atractivo pedir dinero prestado que ampliar capital, es decir, que financiarte con recursos propios, hasta un cierto punto de inflexión, a partir del cual será más interesante ampliar capital, o lo que es lo mismo, buscar nuevos socios, para que el mercado no perciba un exceso de riesgo, máxime, en una situación como la actual.
Quiero rescatar una transcendental cita de una eminencia en economía, el señor Weston, quien mencionó en el año 1966, haciendo referencia al colapso vivido en 1920-21 y a la importante crisis por excelencia de 1929-33.
“Se explica la profunda aversión de muchos especialistas en finanzas al endeudamiento y la preponderancia atribuida a los criterios de liquidez y solvencia”
Haciendo un sencillo símil, podemos apreciar como la actual situación no difiere tanto de sus crisis predecesoras y del miedo que ha resultado de tan estrepitosos fracasos consecutivos, al endeudamiento, el cual considero una constante vital presente en cualquier empresa.
Y como en cualquier epístola, aquí os dejo su moraleja, la cual, ha de servir para digerir en última instancia el texto, con el objeto de comprender que deber dinero, no necesariamente es terrible, nefasto, paupérrimo y todos los adjetivos despectivos que componen el suntuoso arcoíris de la Real Academia Española, sino que, por contra, en ocasiones es tremendamente necesario y va de la mano de unos resultados favorables o positivos;
Si la empresa debe dinero, es porque sigue viva.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 3º de Finanzas y Contabilidad-
