¿Democracia? ¡Qué tiempos aquellos!
Cuando yo era aun un zagalico habían cosas que no entendía demasiado. Los libros que nuestros padres podían comprar para nuestros estudios eran muy limitados dadas las circuntancias de aquellos años. Aun recuerdo aquella Enciclopedia de Dalmau Carles Plá cargada de materias para lo que era entonces el Bachiller Elemental y, un reducido en contenido Diccionario Larousse que daba pocas explicaciones sobre las palabras de la Lengua. Así que un día me adentré en él tratando de ampliar mis conocimientos, deteniéndome curiosamente en la palabra “Democracia” y, sinceramente, entonces no comprendía su significado y me sentía confuso. Pasaron algunos años y ya empezaba a leer algunos Diarios de la Prensa de entonces, en los que destacaban noticias de los Países del Este de Europa que estaban sometidos a la dictadura soviética que imponía el comunismo, la miseria de sus pueblos, represión y persecución. Así que no entendía por qué los llamaban países democráticos. Mi confusión seguía intacta, máxime cuando yo siempre fuí libre, muy libre en nuestra dictadura llamada así por los resabiados. Nadie me persiguió ni encarceló porque respetaba las leyes y defendía los valores que me enseñaron.
Hoy en España, existe la Democracia. ¡Aleluya para unos cuántos que abandonaron una libertad de la que hoy carecen! Muchos son los que asumen con nostalgia aquel respeto a las cosas bien hechas, al rigor y a la responsabilidad del Pueblo para con la España de aquella mal llamada “Dictadura. Hoy la Democracia nos ha llevado (dicen) a la libertad. Pero, otra cosa es la “Partidocracia” que nos gobierna desde hace muchos años. Otra cosa es la desgracia desencadenada a más de la mitad de los españoles que viven bajo mínimos, en roce con la miseria y sin proyecto de futuro estable. Una España en la que la Justicia no lo es tanto para los pobres. Una España donde los saqueadores engordan las bolsas y los bolsillos burlándose impunemente con sus enredos y mentiras. La España en la que todo se confunde en nombre de esa libertad sin rigor ni vergüenza. Hay quien prefiere, añora, extraña aquella etapa pasada donde la honradez política y del Pueblo cotizaban en Bolsa.
-Gaspar González Silva-
