El Papa un ejemplo para políticos
Mientras en la política nuestra de cada día a pesar de las demandas del personal y de algunos medios de comunicación los políticos, desde el puesto de Ministra al de Secretario de Organización pasando por politicastros de tres al cuarto, se aferran como lapas a la poltrona, de repente, sin avisar y sin que nadie se lo haya pedido un Jefe de Estado dice que toma sus cosas y se marcha, y eso que quien esto anuncia, el Papa de Roma y Jefe del Vaticano, ha sido elegido por el Supremo, Espíritu Santo mediante, y no por las urnas. La noticia llegaba este lunes de un frío Febrero y hacía cambiar los titulares de toda la prensa y los encabezamientos de los telediarios del mediodía. No siempre un Papa anuncia su renuncia a la silla de San Pedro.
Estábamos acostumbrados a que los Papas murieran en su cama, incluso a que alguno de ellos, como Juan Pablo I, muriera en extrañas circunstancias a los pocos días de haber ceñido la tiara papal en su cabeza, pero desde hace siglos ningún Papa había renunciado al papado mientras ejercía de jefe de la Iglesia. Incluso se habló de esta posibilidad cuando el polaco Juan Pablo II muy enfermo ya al final de su papado se aferró al sillón sin hacer servir el canon 323 del Código Canónico que él mismo había reformado y que es la norma que ha permitido al actual Papa presentar su renuncia.
Una renuncia que el mismo Benedicto XVI ha dicho que es debida a no encontrarse con fuerzas para seguir adelante con su labor al frente del Vaticano. Es posible que esté harto de su trabajo, es posible que le pese demasiado estar al frente de una institución en la que ha tenido que lidiar con infinidad de acusaciones, muchas probadas, de abusos sexuales a niños por parte de sus sacerdotes y también es posible que las luchas internas en los pasillos del Vaticano le hayan llevado al agotamiento, y también es posible que la gota que ha derramado el vaso de su paciencia haya sido, sencillamente, la traición perpetrada por su mayordomo a quien consideraba como su persona de confianza. Nunca sabremos la verdad lo único cierto es que en estos momentos ya hay un buen puñado de cardenales haciendo apuestas y negociando quién será el sucesor de este Papa que el próximo día 28 dirá adiós a Roma para acabar sus días en un convento de clausura en Castelgandolfo, residencia veraniega de los detentadores del sillón de San Pedro.
Y mientras todo esto pasa en el Vaticano por estos andurriales seguimos igual, en España el verbo dimitir parece que ha sido expurgado del diccionario y ningún político tiene la valentía de conjugarlo en primera persona del indicativo. Por un lado tenemos una ministra de Sanidad que se ha encolado al sillón, eso si con la ayuda de Rajoy que pone su mano en el fuego por ella, y que no sabe si estaba o no casada cuando a su casa llegaban infinidad de regalos ofrecidos por la rama corrupta “Gürtel”. Y por otro lado cada día aumenta el número de los inscritos en el partido de los “imputados”, concretamente en el Parlament valenciano ya son la tercera fuerza política, todos ellos adscritos a la nómina de la muchachada de la gaviota. Pero todos siguen vivitos y coleando sin dejar el escaño y pasando cada final de mes por el banco a cobrar su nómina o por la sede del partido a recoger el correspondiente sobre.
La mujer del César no sólo debe ser honrada sino parecerlo. Una parte del gremio político ha olvidado este refrán y se cogen como un clavo ardiendo a la interpretación de que imputado no es lo mismo que condenado olvidando que cuando un juez imputa es por haber encontrado indicios razonables de comisión de delito. Considero que cualquier político imputado debería dimitir, al menos de manera temporal, de todos sus cargos institucionales y también de partido, y luego si se le declara inocente volver a su puesto si es preciso con alfombra roja y atabales y trompetas para su regreso.
Pero una vez el juez les imputa no deben seguir ni un minuto más en su puesto, es un insulto a la democracia, a los votantes y a su partido el que se aferren a la poltrona. El grave problema de la política en España es que una gran mayoría de los políticos no tienen otro oficio que el de sentarse en el escaño y obedecer a la hora de las votaciones las ordenes del dirigente correspondiente. Que quede claro que también hay políticos que se ganan el sueldo día a día, pero de estos, de los honrados, no se suele hablar para nada, al fin y al cabo están haciendo el trabajo para el que fueron elegidos.
Ya vemos que en el Vaticano y aunque sea en latín saben renunciar al cargo, aunque éste provenga de la inspiración de un palomo llamado Espíritu Santo, pero en las áreas terrenales los elegidos por los votantes no tienen esa voluntad y se aferran al “defenderlo y no enmendarlo” de tan rancio abolengo castellano. Los políticos corruptos deberían tomar ejemplo del gesto papal y dejar su sitio libre para otro más honrado aunque mucho me temo que los corruptos de misa y comunión diaria, que los hay y muchos, creen que con acudir al confesionario y declarar sus pecados al día siguiente pueden seguir cogiendo sobres y aumentado su cuenta corriente a costa de los impuestos de los españoles.
-Rafa Esteve-Casanova-
