Entramado empresarial
La suntuosa y profunda horquilla de empresas en un mundo cada vez más globalizado, amparada bajo dos premisas fundamentales -la diversificación de riesgos y la expansión- ha desarrollado, en su incesante búsqueda por el crecimiento empresarial, unas conexiones “interempresas” tremendamente complejas y perfectamente ostentosas, susceptibles de exhibir un poder, en el buen sentido de la palabra, potente y voluminoso al insertar sus raíces en diversos países y orquestar manguerazos de empleo por doquier.
En la tesitura económica actual, donde la transparencia ha de ser total y absoluta, afloran las “cuentas anuales consolidadas”, concretamente dicho fenómeno se materializó en Norteamérica para más tarde extenderse a Europa a través del Reino Unido.
Con respecto al continente y contenido de estas “cuentas”, no son más que los estados financieros de un grupo de empresas de dominio, es decir, en aquellos grupos en los que una sociedad jurídicamente independiente del resto ejerza, efectiva o potencialmente, cierto grado de control sobre una o varias empresas, tendrá que presentar unas cuentas anuales comunes como si el conjunto se tratase de una sola corporación, cumpliendo como es lógico, unos requisitos previamente establecidos por la normativa vigente que le incumba en el momento y lugar en el que se encuentre el domicilio social de la sociedad dominante o matriz.
En lógica consecuencia, huelga decir que en función del control que la sociedad dominante ejerza sobre el resto de empresas, éstas se clasificaran en sociedades dependientes o filiales, multigrupo, o asociadas, sin olvidar las entidades de propósito especial, es decir, aquellas que se constituyen con un objeto previamente estipulado, delimitado y concreto.
La encomiable función que ostentan los estados financieros obligatorios, es dotar, al usuario, tanto interno como externo, de una información relevante, veraz, completa, homogénea y clara en un discurrir de peripecias mediáticas, permanente y continuo, que tantas ampollas levanta principalmente en los colectivos más intervencionistas, que sin lugar a dudas, se posicionan en contra del centro neurálgico que permite este proceso supranacional, la globalización.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 3º de Finanzas y Contabilidad-

