Fiebre para el dolor
Una bajada continuada en el precio de los bienes de consumo se conoce como deflación. En este sentido, no tenemos deflación pero si existe un riesgo real de que los precios bajen de forma prolongada en el tiempo, deprimiendo el consumo.
Cuando los precios bajan, el consumidor decide dejar de consumir hoy para hacerlo mañana, generando así una espiral deflacionista que provoca resultados nefastos para la estabilidad del país. Además, el interés real de la deuda se incrementa, dificultando aún más el saneamiento de las finanzas públicas.
En la legislatura anterior nos encontramos, durante un tiempo, en una situación aparentemente análoga o extrapolable. Sin embargo, no es así.
Cuando el consumo se deprime, por ejemplo por disminuir la renta disponible de los demandantes, la curva de demanda agregada se desplaza hacia la izquierda, instando a los oferentes a disminuir el precio de sus productos. Esto activa una espiral que deprime aún más el consumo actual, dilapida empleo y, por tanto, disminuye la renta del consumidor que demandará aún menos. El crecimiento de España era negativo.
Ahora no ocurre eso. El crecimiento y el resto de indicadores a nivel macroeconómico son positivos. Esto se traduce en que los precios bajan porque las empresas tienen margen para llevar a cabo esta práctica. El precio de los bienes está formado por tres estratos; el coste total de producir, las tasas e impuestos y el margen de beneficio. Si las empresas son más competitivas, pueden bajar el precio de sus productos con cargo al primer estrato: el coste total de producir. La curva de oferta se desplaza a la derecha y aumenta el consumo.
Son dos situaciones diferentes. La primera provocada por el desempleo y, la segunda, por el aumento de competitividad en el aparato empresarial. No obstante, considero que no debemos descuidar este indicador, manteniendo siempre los precios en niveles positivos.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Economista financiero-
@josecallejon91

