Fracaso de investidura de Sánchez, ¿alegraría en el PSOE?
Basta que uno coja en sus manos un periódico cualquiera, ponga en marcha un TV o escuche una radio donde se de información sobre la política de España, las ocurrencias de quienes se ocupan de gestionar nuestros intereses (¿O se limitan a gestionar los suyos?) o sobre las declaraciones de los personajes de este sainete barriobajero del que, el maestro Carlos Arniches, se hubiera sentido avergonzado; en el que se ha convertido la elección de un nuevo presidente para nuestro gobierno; para que le coja un soponcio, se quede obnubilado, se sienta abandonado y experimente aquella desagradable sensación de quien se siente atrapado en unas arenas movedizas, sin asidero alguno al que agarrarse y sintiendo que, bajo sus pies, las arenas van abriéndose para tragárselo lentamente, pero de forma inexorable, sin poder hacer nada para evitarlo.
Mientras el tiempo discurre y todas aquellas premoniciones que nos asaltaron cuando observamos, angustiados, los resultados de las pasadas legislativas; como si hubieran sido predichas por una pitonisa malvada con ganas de torturarnos, se van materializando a medida que el país cae en el desgobierno y los que ya se han atribuido la victoria, aunque fueran los derrotados en los comicios, han decidido conseguir, a través de los hechos consumados, lo que las urnas les negaron. Sin embargo, en todo este intríngulis político, en esta situación descontrolada en la que se encuentra España, en la que algunos, como los independentistas y los que mandan en algunas autonomías, aprovechan para poner en práctica, por su cuenta y sin esperar a comprobar si lo que tratan de imponer a los ciudadanos es legal o no, tienen competencia para hacerlo o carecen de ella, es provechoso para el pueblo o, simplemente, se trata de un capricho o una improvisación de aquellos recién llegados al mando, para contentar a los que les han sido fieles o para darles trabajo, en el más puro espíritu clientelista, a familiares y amigos con los que se sienten obligados.
Sin embargo, en toda esta situación anómala en la que nos encontramos, aparece un personaje que, como en su tiempo lo fue el señor Rodríguez Zapatero, sobresale sobre el resto de líderes de los distintos partidos, por su ambición, su falta de límites morales y éticos, por su impasibilidad a la hora de mentir con descaro, por su facilidad para, cuando le conviene, prescindir de amigos y pactar con enemigos y por su tozudez y poca ductilidad a la hora de velar por los intereses de España y del pueblo español; que no duda en sacrificar, con tal de alcanzar su obsesión de presidir el gobierno de nuestra nación; los intereses de la nación aunque, para ello, tenga que vender su alma al Diablo, en este caso bajo la figura del señor Pablo Iglesias y su corte bolivariana. Su proverbial rechazo por el PP y su personal inquina hacia la figura de Mariano Rajoy, lo han convertido en un peligro para España, para los españoles y para el futuro de nuestras relaciones con el resto de la UE; si llegara, como es posible que lo intente, a pactar con aquellos que están dispuestos a convertirnos en uno más de los satélites del marxismo bolivariano.
En un último intento para salvar su aventura en pos de la investidura, ahora busca atraer, a la vez, a dos partidos que se vienen rechazando como polos del mismo signo. Hablamos de Podemos y Ciudadanos que, aunque tienen programado un encuentro para el Jueves, es evidente que no pierden ocasión de atacarse mutuamente. Ha de producirse un milagro para que, de esta reunión, aunque Sánchez diga que no se van a levantar si no hay un acuerdo, pudiera salir un pacto, ya no de apoyo explícito a la investidura de Pedro Sánchez, sino incluso, uno en el que o Podemos o Ciudadanos se comprometieran a abstenerse en el momento de la votación, para permitir la mayoría que precisa el candidato, para ser elegido. Aún en el hipotético caso de que saliera elegido, es obvio que todas las reformas que tienen in mente los tres partidos que se van a reunir, sin el apoyo del PP, poco podrían hacer para proponer cambios en la Constitución, para no decir que, en realidad, sin el apoyo de los populares les sería imposible avanzar en este terreno, como reconoció el propio Albert Rivera de Ciudadanos. El gobierno resultante de un posible pacto con la extrema izquierda comunista de Podemos, tendría una vida tan exigua como la del tiempo que tardara en enfrentarse a la CE, ya por no cumplir con sus normas europeas, sino incluso en el caso de pretender cambios o prebendas en el pago de los compromisos económicos contraídos con el resto de naciones de la UE.
Lo que sucede en el PSOE es que, aunque no se atreven a decírselo, aunque tenga dentro de la dirección de su partido muchos barones que discrepan profundamente de la deriva hacia la izquierda y abandono del centro izquierda en el que estaba posicionado el partido; conocedores del apoyo de las bases que votan al PSOE, que muestran un odio fanático y un repudio total a todo lo que venga de la derecha aunque, gracias a ella, no han tenido que soportar lo que hubiera sido fatal para España si se hubiera llegado a solicitar un rescate de Bruselas; hasta ahora no se han atrevido a poner objeciones a los planes de Sánchez aunque, eso sí, le pusieron líneas rojas en pactar con los separatistas catalanes o acceder a su consulta popular por el “derecho a decidir”.
Tenemos el profundo convencimiento de que, muchos de estos barones, aunque no lo digan públicamente (algunos ya se lo vienen recriminando desde tertulias radiofónicos y otros foros políticos), en realidad sentirían un gran alivio si fracasara en su intento de formar gobierno y se llegara a la situación de que el Rey tuviera que admitir que no había quien tuviera posibilidades de ser investido en las circunstancias actuales, lo que nos llevaría, directamente, a unas nuevas elecciones legislativas que, con toda probabilidad, se convocarían para el 26 de Junio de este año. Claro que, un último fracaso de P. Sánchez en la negociación que ahora está promocionando, con toda seguridad, produciría en el próximo Congreso del PSOE, un severo correctivo para su actual secretario general y, el más que posible relevo en el cargo, que podría recaer, es una posibilidad, en la propia Susana Díaz de la comunidad andaluza.
Es evidente que todo lo que se pueda anticipar de unos futuros comicios sería muy aventurado. No creemos que, en todo caso, se pudiera producir una situación más diabólica y complicada que la que dejaron los resultados de las elecciones del diciembre del 2015. El paso de más de 100 días sin que se haya podido llegar a acuerdos de gobernabilidad; sin que las posiciones hayan experimentado la menor variación y sin que las posturas y las absurdas obsesiones de crear barreras rojas para excluir de cualquier negociación al PP, que fue el partido más votado, con mayor número de escaños (123) y muy distanciado del resto de formaciones que, como fue el caso del PSOE, apenas llegó a los 90 escaños, Podemos 68 y Ciudadanos 40; a pesar de los intentos de Sánchez de asumir un protagonismo del que se debió apear cuando no consiguió los apoyos precisos para acudir a la investidura y después de su derrota espectacular en su intento en el Parlamento de la nación, del que salió desairado y, como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando.
En todo caso no hay duda de que esta experiencia debiera de haber servido de aviso a todos aquellos que votaron sin tener en cuenta las posibles consecuencias de su voto; aquellos que lo hicieron dejándose engañar por las voces de sirenas de unos chicos, aparentemente “encantadores” y llenos de “buenas intenciones” que cuando se han quitado la piel de cordero con la que se cubrían, han demostrado ser quinta columnistas, a sueldo de una nación dominada por un dictador, en la que la democracia brilla por su ausencia y los opositores siguen en las cárceles mientras, el TS y el Ejército, apoyan sin disimulo alguno a quien los mantiene con la boca cerrada a fuerza de prebendas y gabelas.
No es bueno que tengamos que recurrir otra vez a las urnas; no lo es que España no haya sido capaz de recobrar la sensatez y, los españoles, no hayan apostado por la prudencia y el sentido común y, tampoco, que esta nueva experiencia, si es que acudimos a unas nuevas elecciones, le cueste al Erario público otros 150 millones de euros, para cubrir toda la parafernalia que lleva consigo unas nuevas elecciones. Pero se darán por bien convocadas si, con ellas, se consigue que la situación se aclare, el pueblo haya tenido tiempo de razonar y pensar lo que es que más le conviene al país y a cada español, prescindiendo de antipatías y simpatías personales y teniendo en cuenta que no estamos solos en el mundo, que dependemos de otros países y de una comunidad a la que pertenecemos, a la que nos debemos y con la que estamos obligados a colaborar, acatar sus normas y cumplir con nuestros compromisos, so pena que de ser expulsados de ella o de tener que recular, como hizo Grecia, para evitar dejar de percibir sus ayudas y tener el apoyo del BCE, BEI y del FMI. Lo demás no son más que salvas y cuentos de la lechera.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como discurre el tiempo mientras los que debieran ser ejemplo de sensatez y patriotismo se dedican a jugar a sortearse el cargo de presidente del gobierno español, como si se tratase de un juego donde el premio se le diera al que más suerte tiene y no al más capacitado para tirar de nuestra nación hacia el objetivo de llevarla a la recuperación del bienestar que algunos, juntamente con la crisis, ayudaron a que perdiéramos.
-Miguel Massanet-
