Gasto y endeudamiento
- Este hipotético escenario es configurado por dos bienes, idénticos. Se sabe además que existen dos monedas, por tanto, cada bien vale una unidad monetaria. Mañana, los políticos monetarios, bueno…esta noche se van de guateque y, mañana, sumidos en la más absoluta euforia, deciden duplicar la masa monetaria para estimular las bolsas y optimizar el clima habido y por haber. Mañana, pues, tendremos que pagar el doble (dos monedas) para adquirir ese bien, el cual satisface nuestras necesidades. El dinero, por tanto, vale menos, concretamente, una unidad monetaria vale medio bien.
¡Ha subido el IPC! El dinero se ha visto incrementado pero la cantidad ofertada de bienes se ha mantenido constante y, por consiguiente, necesitamos más monedas para mantener el consumo que veníamos devengando. Hoy es un buen día para mí. Ayer te pedí prestados 1.000 euros, a un interés efectivo del 2%, el cual no quedó indexado al IPC, sin embargo, la inflación se ha incrementado en un 4% (por adaptarla a la España actual), es decir, que “recibo” dinero, poder adquisitivo, como consecuencia del compromiso de pago adquirido, ya que estoy disfrutando de un interés negativo, por debajo de la inflación. Por contra, tú has sido sancionado y castigado, ¿por qué? Por ahorrar e invertir, ¿te parece poco?
La inflación, como hemos podido comprobar en el ilustrativo ejemplo que adjunto, es nefasta para el prestamista, ya que el rédito real que percibe se ve mermado como consecuencia de ese incontrolado y descontrolado incremento de precios. En el lado opuesto se halla el prestatario, quien sale enormemente beneficiado de esta sofisticada ingeniería financiera, por el ínfimo coste que artificialmente le ha sido otorgado al dinero.
Por ir terminando, el dinero refleja la confianza en un momento y lugar determinado, la cual se mide a través del precio del mismo o tipo de interés. Si manipulamos arbitrariamente su precio, distorsionamos el mercado, fomentando un eterno y desbocado endeudamiento que alimenta burbujas emanadas de sectores perfectamente ineficientes y que revierten, en una inexorable desmotivación producida en el ahorrador, que verá como las permanentes subidas de precios diluyen sus ahorros.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 4º de Finanzas y Contabilidad-
@josecallejon91


