Gigantes y Cabezudos de Almería
Este lunes, 17 de agosto, a las 20:00 horas, me acerqué a la plaza Vieja para asistir al acto institucional del Ayuntamiento de Almería, en el que se presentaba el libro realizado por la profesora y miembro del Instituto de Estudios Almerienses, María Dolores Durán Díaz, con el título “Gigantes y Cabezudos. Historia y Tradición en Almería” con la estimable ayuda del cofrade y rociero Miguel Ángel López Jerez.
Un acto de gran carga emocional al recordar, como sí hubiese sido recientemente, la primera vez que tuve conciencia y se me quedó grabado en los sentires de la extraña memoria, los gigantes y cabezudos que pasaron por la calle Cádiz, finales de los años 60 del siglo pasado, que estaba sin asfaltar, camino al barrio del Quemadero y a esperar su regreso por esta misma calle y Antonio Vico en su recogida. Los cabezudos representativos de figuras legendarias de nuestra historia, animales o alegóricas imágenes, que llevando pellejos o botijas de vejigas urinarias infladas para dar golpecitos en las piernas y traseros, unas veces fuerte y otras menos, que nos hacía correr y reírnos de la ilusión que nos producía esta situación.
El acto presidido por la Alcaldesa María del Mar Vázquez Agüero y las concejalas delegadas de Fiestas Mayores, Eloísa Cabrera Carmona, y de Igualdad, Paola Laynez, con la presencia de Manuel López Jerez, presidente de la Asociación Cultural de Gigantes y Cabezudos de Almería que se creó en el año 2015 con el objeto de perpetuar y seguir fomentado en la capital almeriense esta tradición a pie de calle, que este año cumple su 124 años desde que comenzaron su andadura festiva institucional. Fue emotivo la exhortación realizada por Manuel López Jerez, reconociendo a quienes han sido y son impulsores de esta costumbre tan arraigada en la vida cultural de Almería, así como, del apoyo sin fisuras en la gobernanza y gestión pública de la alcaldesa María del Mar Vázquez.
A pesar del elevado calor, sentí alegría al adentrarme en la plaza de la Constitución, sede la Casa Consistorial, y ver desde la lejanía con el Monumento de los Coloraos, los Gigantes bellamente vestidos y arropados en todo el entorno de esta coqueta plaza Vieja por cientos de personas y familias, muchas de ellas con niños y niñas pequeñas, que no quitaban sus brillantes ojos de presenciar en la cercanía doce personajes de leyenda en movimiento de nuestra Historia como los Reyes Católicos, Don Quijote y Dulcinea y dos figuras que representan la indumentaria tradicional almeriense, que comienza a recuperarse, cada vez más, esta seña de identidad.
Esos años finales de los 60 del siglo pasado, esperábamos la llegada de estos días de la Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Mar con cierta ansiedad en su llegada para poder disfrutar, entre otras cosas, con ver los Gigantes y Cabezudos, cuyos vecinos éramos avisados de su llegada por el sonido de los cohetes en una hora algo más temprana que la actual. Junto a los Gigantes y Cabezudos acompañados de empleados públicos municipales con el uniforme municipal pendientes de que todo discurriera y transcurriera con normalidad, cerrando el cortejo la Banda Municipal de Música interpretando pasodobles y los Gigantes al compás del sonido musical haciendo las delicias de grandes y pequeños. Ahora realiza la puesta musical en los pasacalles una extraordinaria charanga que hace las delicias de cuantos contemplamos el espectáculo cultural con gran esfuerzo de sus porteadores.
También, esperábamos el poder verlos, no solo en las dianas floreadas de días seguidos o alternos o no, por diversos barrios de Almería, especialmente, en el casco histórico con la Almedina, Pescadería o La Chanca, sino también en la cabalgata anunciadora de la feria como en la Batalla de Flores, dos momentos siempre muy atractivos y de gran afluencia de gentes llegadas de todas las latitudes de la provincia de Almería y de turistas que se encontraban durante esos días transitando por nuestras playas bañadas por el mar Mediterráneo.
Fueron mías tías maternas, Rafaela, María y Francisca Martínez Oña, con las que conocí de pequeño esta bella tradición y, posteriormente, algo más talludito la mantuve yendo cuando podía a verlos y de esta forma, subsiguientemente, lo hice con mis dos hijas y ahora, en estos últimos años, con mis nietos, porque es como alargar esos momentos de la lejana y a la vez cercana inocencia de la niñez, que no volverá en la misma dimensión idealista pero que se hace presente en las generaciones que continuarán, a buen seguro, con este sentir de gran colorido teatral y musical, con el apoyo de la ciudadanía, los investigadores culturales, la Asociación y el Ayuntamiento de Almería.
En fin, ánimo y adelante con esta tradición tan nuestra, tan española y almeriense, y a visitarlos durante estos días en el Palacio de los Marqueses de Cabra. Saludos cordiales y calurosos.
Rafael Leopoldo Aguilera Martínez Oña
