Hipertrofiada losa tributaria…¿soportarla o repercutirla?
Desde tiempos inmemoriales, estado y pueblo, mantienen una íntima relación que estriba en enormes flujos de dinero y/o servicios, más o menos recíprocos, en forma de maliciosos tributos (impuestos, tasas, precios públicos y contribuciones), hacia la administración pública y, desde ella, el absurdamente populista gasto público, bastión básico y fundamental del tan conocido y aclamado, por el humilde pueblo, estado del bienestar.
Es preciso comenzar por el inicio, pues. ¿Qué es un tributo? Meramente es una prestación pecuniaria (hogaño se desembolsa en dinero líquido) exigida por las diversas administraciones públicas en función de su potestad, haciendo uso del legítimo poder que ampara una norma con rango de ley, pero sin olvidar su carácter coactivo. Además, la Constitución Española recoge que debemos tributar al fisco en función de nuestra capacidad en el artículo 31.
Cabe apuntar que los hay de un surtido de lo más variopinto, componiendo de este modo un amplio abanico de diversos sabores y colores, así pues nos encontramos con impuestos directos e indirectos, o con aquellos cuyo tipo impositivo responde a un modelo progresivo, regresivo o proporcional, así como los que gravan prácticamente todos los ámbitos de la vida misma y, por consiguiente, atañen tanto a personas físicas como a personas jurídicas. Esta última congregación puede descomponerse en tres relevantes rúbricas, los que sancionan a la renta, como el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) o el Impuesto de Sociedades (IS), los que recaen sobre la riqueza, el Impuesto s/ riqueza, verbigracia, y aquellos que azotan al tan lastimado consumo, en el cual se hallan el Impuesto s/ ventas, el Impuesto sobre Valor Añadido (IVA) o los impuestos especiales, entre otros.
Dicho lo cual estamos en unas condiciones total y absolutamente favorables para abordar y comprender el mensaje que deseo transmitir a partir del presente texto, ¿Quién soporta verdaderamente el incremento de la presión fiscal en las empresas? A priori podemos pensar, aplicando el menos común de los sentidos, el sentido común, que todo depende de la capacidad de la misma, es decir, si la empresa en cuestión cuenta con un abultado margen de beneficios no tendrá ningún problema en absorber y soportar esa pesada losa, mientras gana en competitividad ya que no todas las empresas del sector se encontraran en esta situación óptima, pero como no todo lo que brilla es oro, hay que apuntar ciertos matices trascendentales como son los que expongo a continuación.
La traslación del impuesto puede llegar a ser ínfima o integra en función de dos parámetros tremendamente importantes, la elasticidad del producto y cuan de imprescindible resulte a los ojos del usuario final en relación a su escala de preferencias.
En primer término, la elasticidad del producto hace referencia, lisa y llanamente, a la sensibilidad del bien, es decir, a la variación que se produce al incrementar o disminuir su precio, lo cual viene de la mano del número de bienes sustitutivos que posea. Para que quede enormemente claro, si el precio de un aparato electrónico baja muy poco, la cantidad de gente que demanda dicho producto se incrementa más que proporcionalmente a la bajada del precio, es un claro ejemplo de producto elástico.
Por otro lado, nos encontramos con un clásico ejemplo, la sal, la cual carece de productos sustitutivos, y a pesar de un incremento apreciable en su precio, en términos relativos, la seguiremos consumiendo.
En segundo término, nos encontramos con todos aquellos productos que cubren una necesidad fisiológica, los cuales son fundamentales para vivir, verbigracia, los alimentos son un bien de primera necesidad.
Para concluir, me despido con un dicho popular;
“Si hay algo seguro en esta vida es que vamos a morir y, hasta ese día, vamos a estar pagando impuestos”
OJO; que no digo que sean, por definición y en su justa medida, tremendamente rudos, enormemente peligrosos y perfectamente prescindibles, de hecho, el actual equipo de gobierno viene realizando una tarea exquisita en cuanto a política fiscal se refiere, ya que es preciso y necesario, minorar el déficit público, a través de un incremento de los ingresos y un descenso de los gastos.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 3º de Finanzas y Contabilidad-
