Hundimiento o cambios
Siempre estamos al borde, al filo, de un sino trágico, unamuniano; querámoslo o no, es el detalle añadido que ahonda en las PENURIAS. Algunos con más de un pie cayendo y otros tan campantes, eso también lo tenemos bien comprobado. A poca atención que prestemos, nos responderá la constatación de los muchos sectores vitales afectados por la agudización de ese sentido trágico aludido. Más allá de algunos nombres propios asociados al desguace de las diferentes riquezas sociales; brillan por su ausencia los razonamientos y prácticas implicados en la obtención de las mejores condiciones para todos.
La enfermedad y la muerte son protagonistas principales e inevitables; pero compiten con denuedo las dificultades económicas, las deficiencias en las enseñanzas escolares o en el aprendizaje universitario, el olvido de la moral o el derrotero anómalo de las gestiones públicas. La esperada contrapartida satisfactoria, aliviadora, permanece oculta o bien no la queremos apreciar. Como no disponemos de soluciones mágicas, amoldamos las DECISIONES al criterio cambiante del que tengamos mejor concepto en un momento determinado.
Sin embargo, la rebelión contra el exceso de normas, contra las imposiciones conceptuales o incluso contra la opresión de las mayorías, forman parte del sano juicio de las pequeñas agrupaciones y de los sujetos particulares. Siempre con el riesgo de una excesiva ESPONTANEIDAD sin filtros, que estimo como predominante en los ambientes actuales. Destruidos los referentes y reducidos los horizontes a los gustos e intereses individuales; el presentismo ofrece una aparente satisfacción inicial, cada uno actúa según su comodidad y valoraciones.
Quizá sea verdad que ante los gustos de cada cual, poca discusión cabe; es una de esas cualidades intransferibles, de rasgos muy peculiares, de la que abdicamos malamente y por razones de fuerza mayor. Dirigidos por esas ideas estéticas, de carácter exclusivamente personal, ya no solemos cuidar de estéticas con mejores aspiraciones. Es un fallo que nos ha calado hasta en las mínimas actividades, validamos cualquier ocurrencia. Eugenio Trías insistía en la recuperación de los rasgos UNIVERSALES puestos de manifiesto por las mejores estéticas, aquellos en los que asienta el auténtico arte de la vida. Por el contrario, el egoísmo acérrimo, en cuanto alcanza cotas de poder, es como una trituradora en cuyo beneficio no para mientes, destruye lo que no sirve a su dirección. El rumbo de la convivencia continuará teñido de negros presagios, progresamos sin la valoración de los cambios necesarios.
Y luego, cosa curiosa, nos conformamos con una lectura superficial, una transparencia limitada a lo que está en la superficie, a lo que nos quieren mostrar. Cómo vamos a lograr la COMPRENSIÓN de las cosas, conceptos o sucesos, si apenas contemplamos reflejos deformados de los mismas. En una muestra corriente, arraiga la costumbre de dar por completado el aprendizaje con una simple visita a Internet, allí lo dice y obviamos que allí están mezclados de manera indiscriminada los contenidos. ¿Basta con eso? El engreímiento y la velocidad impiden las reflexiones, como si la asimilación y comprensión de los saberes técnicos o culturales no exigieran otros planteamientos y dedicación.
Desdeñamos con demasiada frecuencia, yo diría que casi siempre, lo que pasa desapercibido por detrás de lo apreciado a primera vista. En esa RECÁMARA recala de todo, abusos sobre los trabajadores para conseguir precios tirados, la degradación de las costumbres tapadas por las liberadas acciones individuales o el descuido de los bienes públicos de todo tipo en manos desprovistas de consideraciones éticas (De la auténtica Ética se entiende). El contenido de dicha recámara adquiere dimensiones enormes y al final perdemos el control sobre sus repercusiones. ¡Quién sabe lo que fuimos almacenando allí!
Con la inmediatez de las noticias, recibimos los impactos desde cualquier rincón de la geografía. Qué mejor información que la de haber presenciado en directo el evento puesto en cuestión o escuchado a los intervinientes en una polémica. Nos vemos al lado de la noticia, uno considera su papel de TESTIGO directo como indiscutible. También en estas maneras entrevemos el desliz de interpretar los acontecimientos desde su lado superficial, apenas hemos visto u oído, sin entrar en las múltiples razones implicadas en los hechos. Unos testigos venidos a menos, precisamente por la escasa penetración en los fundamentos de lo acaecido; es decir, sin responsabilidades y con las menores implicaciones posibles.
También mitificamos ciertas manifestaciones, centrados en alguna de sus características aisladas, pero obviamos otras circunstancias simultáneas de mayor prestancia. Al mencionar la transparencia en los asuntos de gestión pública, uno pensaría en el conocimiento de los recovecos de las actuaciones; para apariencias, ya tenemos suficiente con las mostradas. Por ello sorprende el conformismo ante ciertas IMÁGENES equívocas,
La imagen es la gran reveladora de la realidad. ¡Quiá! Oculta muchas explicaciones y detiene la marcha de otras indagaciones; sobre todo si está respaldada por una bandera o determinadas siglas. Eso lo conocen bien los manipuladores y con una foto adecuada aplacan inquietudes, aunque no detienen malas artes subyacentes. Muestran declaraciones de hacienda, indumentarias o prácticas halagüeñas, fotos en compañías favorecedoras; pero permanecen muy alejados de la revelación de los entramados en activo. El razonamiento discursivo y aclaratorio, no aparece.
Otro clamoroso contraste prolifera en los ámbitos de las modernas relaciones. Anhelamos la creatividad oportuna con visos de solución para los dislates del presente, es un comentario generalizado. Aunque, tampoco es evidente la búsqueda de esas realidades. Lejos de la promoción de dichas actitudes, observamos conductas adocenadas, con poca cocina cerebral, seguidores de mensajes simplones, y sobre todo, REPETITIVOS y ANÓNIMOS. No es que se desconozca, pero parece no importar, que sean arrastrados por quienes sí maquinan desde las sombras y para quienes las masas de seguidores son en realidad meros instrumentos. Fundamos criterios con aires de novedosos y nos dejamos llevar por normativas enemigas de la participación activa en la gestión del evento. ¿Optamos por nuevas oscuridades? ¿Será el miedo a la libertad?
El hundimiento acaba con la dignidad de las personas por varias vías degenerativas. Iniciado por la desatención de las necesidades físicas y biológicas; continuado por las inmoralidades destructoras del respeto y alimentadoras de los abusos; y favorecido por la dislocación social, en ausencia de una buena orientación general. El cambio precisa de la inteligencia que convierta a cada persona en algo más que un simple operario al servicio de las tramas perniciosas; que sirva para dar sentido al progreso tecnológico. La rutina simplista y aliada de la pasividad, exige una enérgica respuesta encaminada al retorno de las mejores CUALIDADES, ese es el cambio requerido.
