La ETA, perdón, la EPA
Los datos son terroríficos: en dos millones de hogares todos sus componentes se encuentran en paro.
Los titulares de la EPA no son nada agradables, pero son ciertos según los expertos que ponen frialdad a los problemas de millones de españoles, de los cuales más de seis millones de ellos andan de lunes a domingo mirando al sol con los brazos cruzados y sin atisbar la más mínima esperanza de lunes a domingo.
Y qué cambio puede existir en un país de emigración que se ha quedado sin el maldito o bendito ladrillo y donde parece imposible cambiar el sistema de productividad. Como los ineptos políticos siguen en la cuerda floja de recortar, los pocos ciudadanos que tienen algún perraje ahorran lo que pueden, no existe consumo alegre, la pasta no se mueve y la ruina sigue su camino imparable entre promesas imposibles de cumplir y gastos inútiles que, por su duplicidad, no cesan por doquier.
Los datos son terroríficos: en dos millones de hogares todos sus componentes se encuentran en paro, se levantan por la mañana -no importa la hora-, se miran unos a otros, se vuelven a mirar y trocean, sin prisas, las últimas migajas de algún que otro ahorrillo mientras, no les queda otro remedio, confían en Montoro, Guindos, Rubalcababa, Cayo o Rajoy, que ya es confiar.
Y este sistema se rompe en dos partes: una muy amplia en número de personas, los pobres y otra muy reducida en sus componentes, los ricos. Pues los hay en este país de injusticias que van de bar en bar buscando el café más barato, ya saben, son aquellos que han aprendido el valor de diez míseros céntimos, y otros, los menos, que alardean de unas cabriolas de churros con chocolate negro, que son la envidia de los primeros y que un día, no sé en que momento, asaltarán no ya el Congreso de los Diputados, sino las mismísimas terrazas para compartir el “pan nuestro de cada día”, que es lo que Dios, oh Dios, manda.
O esto se rompe en dos partes o todo es una mentira que nos tiene atolondrados, y es que no es posible que unos pocos alardeen de embolsarse miles de euros mensuales a través de una legalidad que ellos mismos legislan, y que el personal que conforma la ruina vote y vote una y otra vez al sistema que los lleva a la miseria, sistema que, por obsoleto, habrá que cambiarlo por las buenas o las malas.
Mejor por las buenas, digo yo.
-José García Pérez-
