Lastrando-pauperizando
Tras la adquisición de ciertos activos fijos o no corrientes (aquellos que permanecen en la empresa más de un ejercicio económico para generar tesorería mediante su uso y no, a través de su venta), hemos de plantearnos las necesidades financieras que sufragarán el activo corriente de índole operativa, para evitar quebrantos o roturas de stock, bajo la premisa de que una rúbrica líquida excesiva provoca costes abultados, al permanecer ociosa y, por lo tanto, será susceptible de sufrir un coste de oportunidad.
Para medir la cantidad de recursos que demanda el ciclo de explotación (proceso de inmovilización de tesorería en existencias, para transformarlas, venderlas y, posteriormente, retomar el control financiero inicial) hemos de analizar el periodo medio de maduración, esto es, la duración media del ciclo de explotación, o lo que es lo mismo, el lapso de tiempo que transcurre desde que se invierte una unidad, hasta que se recupera.
Dicho de otro modo, necesitamos dinero para garantizar el funcionamiento de la empresa y asegurar, que la demanda está cubierta, sin invertir demasiado dinero en el almacenamiento y la conservación del stock de seguridad.
Lo que intento canalizar, es algo claramente delimitado y enormemente relevante para cualquier empresa que pretenda establecer un equilibrio financiero. El aplazamiento en los pagos de clientes suponen dilatar el periodo medio de maduración, es decir, el dinero invertido tardará más en rebotar hacia la parte original. Además, vender a crédito significa incrementos en la morosidad, pero normalmente estas partidas, vienen definidas por el sector y la competencia existente.
No obstante, la administración pública, hace un papel muy importante en este asunto, ya que solo son pagadas, en el plazo estipulado, el ocho por cien de la facturación, hallándose el plazo medio de cobro por encima de 150 días para autónomos, el segmento más sensible, a pesar, de las exigencias de la ley de morosidad y la directiva europea, que establecen un plazo máximo de 30 días.
Este desatino revierte, sin lugar a dudas, en problemas copiosos y ostentosos, ya que minora las rotaciones de la empresa, y conlleva una demanda de recursos financieros adicionales de corto y largo plazo, que se obtendrán en el mercado financiero. Quiero apuntar, que me parece una falta de responsabilidad por parte de la administración de magnitudes desmesuradas, ya que ésta, debería velar y facilitar el afloramiento empresarial, en lugar de lastrar y entorpecer el proceso natural de crecimiento de las empresas, financiándose así, a un coste cero, y provocando, que los prestamistas (empresas) tengan que acudir a firmas de factoring para descontar las facturas, soportando importantes descuentos en las mismas con cargo a su cuenta de resultados.
Este proceso, aunque carece de inquina, se repite de forma sistemática por la administración, de modo que empuja al pequeño y mediano comercio a una situación artificial de vulnerabilidad y reducida competitividad en el marco europeo.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 3º de Finanzas y Contabilidad-
