Magos y demonios
Las cosas han evolucionado a extremos llamativos, por eso no valen los dibujos antiguos para el reflejo de la actualidad.
Estimo las directrices papales sobre la inexistencia de aquellos diablos de horca y cola, el terror de graves ilustraciones y sermones, tentadores y motivadores de cuitas sin par. Veremos, si no cambian las orientaciones, pero de momento creeré en su ausencia. Lo cual no será obstáculo para que analicemos su existencia al filo de la tragedia en que vivimos.
Si me acompañan en la observación, apreciarán una visión recalcitrante,. Situados al cabo de la calle, recapacitamos y, al menos yo, no paré de ver DEMONIOS. No con las figuras de las descripciones antiguas, eso he de reconocerles, pero de su abundancia, no creo necesaria la discusión. ¡Son tan aparatosos! Al fin, el rabo, la horca o la caldera hirviente, no constituían su principal característica, y desde luego, tampoco eran las peores.
Las cosas han evolucionado a extremos llamativos, por eso no valen los dibujos antiguos para el reflejo de la actualidad. Ahora, avasallan las presencias virtuales, sólo visuales, que no están realmente con nosotros, pero son manejadas por gentes ocultas; y vaya si estas son reales, las descubrimos después, cuando las tropelías y entuertos ya no tienen remedio. Destacan los TERGIVERSADORES de palabras, por esa desfachatez con que propagan sandeces a base de ritmos halagüeños. Oímos de progresos, que transmiten actuaciones destructivas; comunidades, como tapaderas de abusos por parte de unos pocos mentores; arte o artistas, apegados a simplismos deformes; democaracias, sin asomo de transparencia o convivencias y consensos de un único participante. ¿Hasta dónde alcanzará la capacidad demoníaca de tantos poderes solapados? Vean, lo de solapado, puede ser otro engaño.
Hay una serie de figuras ponzoñosas, pero chocantes; son aquellos increyentes agresivos, a los que no bastan sus puntos de vista, atienden menos a su reflexión y siempre están al acecho del desprestigio ajeno. Adoptan un barniz cenizo, centrado en el rechazo despectivo de la osadía de quienes creen en algo. Es curioso, saben mucho de las creencias y muy poco de sus proclamas, no salen del intento de desprestigiar. Unidos a los INDIFERENTES, son multitud. Estos últimos, son intervinientes cómodos, ni aplauden ni condenan; transmiten una especie de mal de ojo. Los hechos meritorios les pillaron sin arranque. Mientras, por el contrario, son cómplices de insidias, terrorismos y corrupciones. No pusieron obstáculos a la maldad. Ambos colaboran en una perfidia de malos augurios.
El hechizo de ciertas presencias o actuaciones, echa mano de rasgos naturales y de otros que no lo parecen, o serán abiertamente sobrenaturales. Las referencias anteriores describen algunos usos mal intencionados de esos encantamientos. Mas, no olvidemos el empleo benevolente del buen arte apegado a ciertas sugestiones mágicas. Pongo un ejemplo. ¿Hacía algún daño la presencia del BURRITO, o la mula, en los belenes montados por el mundo? ¿No habíamos quedado que el lenguaje de la tradición era alegórico, como una especie de contacto de la Naturaleza con el nacimiento del Mesías? También son ganas de modificar el lenguaje simbólico, de un plumazo eliminamos a dicho protagonista del belén. Por una vez que veía un animal entrañable, cansado de ver burrotes de dos patas, me quitan el burrito del Nacimiento.
Con el BUEY junto al pesebre y cerca del niño Dios recién nacido, sucede lo mismo que con el burrito. Son elementos entrañables. Contribuyen a la atmósfera de calidez natural y reflejan por contraste la enorme frialdad que los humanos no corregimos. La historia relata las miserias acumuladas en aquellas épocas, pero no será necesaria para la percepción de las penurias actuales; si quieren, diferentes, pero también crueles y no siempre inevitables. Continuan los misiles macabros, las hambrunas y la crudeza de los abandonos sociales. Las embestidas proceden de gente desmesurada y tenebrosa (Aunque vistan de etiqueta). Por eso no viene mal el remanso de los animales, como señal al menos. Al prescindir de las figuras, corremos el riesgo de quedarnos a la intemperie, en la aridez de extensas planicies deshumanizadas. Por que la creatividad con buenas alternativas, tampoco reluce.
En cuanto a los MAGOS y REYES, o viceversa, sé poco, esa es la verdad, no llego a esa penetración en las indagaciones; pero sueño con ellos a menudo, por que si no… ¿Estará prohibido soñar? Hacia alguna estrella tendremos que dirigir la mirada, los mostradores y los servicios electrónicos muestran sus carencias. Aquella humildad, de abrir los ojos hacia nuevos horizontes y actuar en consecuencia, nos vendría de perlas. Por otra parte, la ilusión infantil, de adultos o de jubilados, es algo de lo que nos sobra poco; la precisamos, venga del cosmos, del corazón o de otras esencias. Disfrutemos, y si es posible, aprendamos algo, de la aureola de tales señores; de ellos no escuchamos relatos de intemperancias, maldades, ni corrupciones. Conductas coherente no más, con sus buenas intenciones. Aunque tratáramos de fantasías, quizá acordemos sobre su oportuna colaboración para abrir las mentalidades a mejores causas. Necesitamos magos buenos, esa es la cuestión.
Ya sé que las preferencias recorren otros aires, eso está a la vista. Más parecen una plaga de estorninos, sucios, ruidosos, estridentes y parlanchines; las bondades, si las hubiera, permanecen escondidas, fuera de los ambientes generados. Echen una breve mirada a los cuatro puntos cardinales de nuestros entornos, u otras zonas si lo prefieren; observaremos plagas similares y no son precisamente de estorninos. Cuando los días de los misterios no acabaron, no debemos confundir el sentido de las palabras, la inocencia es distinta de la ignorancia, la ilusión difiere de la idiotez, y la insidia corre por libre. Sin embargo, todo hierve en el caldero de la CONFUSIÓN. Ahí dentro es complicada la distinción de los conceptos y no acompaña la controversia de las intenciones. La salida del caldero tampoco es posible. ¿Entonces? Vuelvo a la magia sugerente de los Reyes Magos, desde los interiores propios surge la potencia para aclarar las ideas y no dejarnos embaucar. La limitación no impide la implicación personal. ¿Serán cuentos de Navidad? .
La curiosa parafernalia ruidosa y llena de adornos, consumista e irreflexiva, criticona e indolente, nos desliza sobre los toboganes del sinsentido; traduce visiones de una escapatoria insustancial. Ni escapamos ni enderezamos entuertos. MIENTRAS TANTO, la ilusión, la belleza, el amor, la armonía y las mismas leyes de la Naturaleza, permanecen en el escaparate sin pretendientes de fuste. Mientras las discusiones y las polémicas arrecian, mientras rugen los desalmados y actuan los desaprensivos; despreciamos el uso de la razón y los sentimientos para una mejor elección de las cualidades convenientes. ¿Desde cuando la materia es sólo sustancia inerte y los tecnicismos el único componente válido para los humanos?.
La dirección del cariño y las posibles ayudas circulan hacia delante, con la mirada elevada y la PREDISPOSICIÓN íntima de ofrecer lo mejor de uno mismo. Las consideraciones retrospectivas originan lamentaciones y añoranzas sin aplicaciones en positivo. Si nos enfrascamos en frases y contextos, alusiones y diferentes perspectivas, no llegaremos a levar anclas. La transformación del caos en armonía lleva consigo la luz primera de las buenas estrellas, pero el ánimo limpio para un seguimiento digno y reconfortante.
-Rafael Pérez Ortolá-
