Manifiestamente despótico
Un adecuado marco institucional es aquel capaz de fraguar una firme defensa de la propiedad privada, así como, impulsar, una mejora plausible de los contratos en materia de libertad. Dicho lo cual, es evidente que la opulenta amalgama normativa que nos abraza y estrangula, coaccionando la actividad empresarial en todas sus formas, se halla emplazada en el lado opuesto de los axiomas irrevocables que apuntalan el crecimiento económico y, por ende, el progreso tanto individual como colectivo.
El acaudalado empresario, Sheldon Adelson, se despedía de esta tierra el pasado viernes, día 13 de Diciembre y, con él, una copiosa inversión de varias decenas de millardos que repercutiría, como es lógico, en una acusada creación de puestos de trabajo. Adiós amigo, adiós.
¿La causa? Esa profunda incertidumbre institucional que desprende la marca España. Un mal endémico de la socialdemocracia que provoca una profunda mordida en nuestro aparato productivo, arrebatando elefantiásicas inversiones y oportunidades laborales por doquier. Pero no solo sienten pavor las mastodónticas firmas potenciales por un inminente cambio normativo, sino que también son víctimas de este túnel de luces y sombras, más sombra que luces, las humildes empresas o, en su defecto, el humilde emprendedor, término que carece de vil y altivas connotaciones, en el diccionario de la calle, claro. Véase las reiteradas remodelaciones que desgranó la ley antitabaco y el impacto grávido de reticencia que ocasionó en las inversiones por haber.
Quizá haya quien no entiende lo que sigue; todo proyecto necesita un plan de negocio basado en estimaciones. Aquí, verbigracia, se aplica la popular prima de riesgo, así si nos percatamos de posibles cambios normativos que puedan empujar a nuestras estimaciones de flujos, imputaremos una prima de riesgo superior, ya que la probabilidad de desviación, de dichos flujos, será una realidad.
Voy a ser muy sincero, aún no he leído las exigencias de Eurovegas, pero confió en el Gobierno. Confío en que las peticiones eran absurdas y descabezadas. Y como los tiburones no tienen cuello, miremos al futuro.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 4º de Finanzas y Contabilidad-
@josecallejon91
